domingo, 31 de mayo de 2015

El ojo de Horus. Otra de mis historias.

PALABRAS SUBRAYADAS: RECUERDA ESTAS PALABRAS
PALABRAS RODEADAS: EL MOMENTO PORQUE LAS TENÍAS QUE RECORDAR
Para entender esta historia primero hemos de ir a donde comenzó todo: 1º de primaria.

 Introducción
Esto empieza cuando yo aún vivía en Frederick, Maryland. (Ahora vivo en Miami) Cuando iba a segundo de primaria.
 Una mañana lluviosa, al sonar la campana del recreo, la señorita Mary, en el único colegio de Frederick, miró por la ventana y dijo:
-Niños deshaced la fila, aún llueve ¡A jugar con los juguetes!
-¡¡¡Bien!!!- gritaron todos, rompiendo la fila, y corriendo hacia los juguetes de clase.
Yo, en cambio, esperé, porque si no me aplastarían.
 Pero vi algo, algo que me sirvió de mucha utilidad, algo que era lo más importante en ese momento: vi polvo caer del techo, pero no polvo normal, un polvo muy fino, que no me hizo estornudar.
 Fui a jugar con mis amigos, cuando por la puerta, entraron dos hombres que iban vestidos con trajes negros:
-Aparta niña que tenemos prisa-dijo uno de los hombres-.Will y George Benson, los hermanos, venid con nosotros.
-No se preocupe señora, volveremos en seguida.- dijo el otro dirigiéndose a la profesora, y soltó una carcajada.
Sospeché de ellos, y me decidí a seguirlos discretamente.
-Profesora, ¿puedo ir al baño?- El típico truco de ir al baño; así hacía pensar a la profesora que era ingenua. No, yo no era tan tonta. El médico, durante las revisiones decía que tenía un cerebro enorme, y que no era como los demás niños de primero. Esas pruebas las ocultaban mis padres al colegio, porque querían que tuviera una vida normal: nada de adelantar cursos.
-Vale, pero no tardes mucho.-respondió dulcemente la señorita Mary.
Seguidamente, corrí detrás de ellos. Se dirigían al recreo.
 Estaban en un ángulo del recreo, del que la clase no los divisaba. Debajo del porche.
-Tenéis que recordad estas palaras: Ojo de Horus- dijo uno de los hombres.
-¿Por qué?-preguntó Will, siempre había sido muy atrevido.
-Mira niño, aquí solo te podemos decir lo que te podemos decir- le respondió el hombre que me había hablado antes.
-Somos de la W.V.M y Will, tú eres de categoría 5, un Lorium. George, y tú eres de categoría 3, un Roberbe.-respondió el otro hombre inmediatamente.
-¿Qué significa W.V.M?- preguntó Will.                                                                      
-Somos la War Versus Monsters (guerra contra monstruos). Y si aceptáis a venir con nosotros, os daremos armas chulas y viviréis en Nueva York. ¿Aceptáis?
-¡Que pasada! ¡Claro que sí!-chillaron los dos mirándose.
-Pero, ¿qué significa Lorium y Roberbe?-preguntó Will dejando a George sin poder hablar.
-Significa que tenéis una mente más desarrollada. En la oficina os lo explicarán todo.-respondió el más educado.
La lluvia empezaba a caer con más fuerza en sus cabellos. El soldado que me empujó, tuvo que chillar para decirles esta advertencia:
-Pero todos vuestros amigos, familiares y conocidos se olvidaran de vosotros. ¿Estáis seguros?
Will y George se miraron con sonrisa maliciosa, y dijeron aun sonriendo:
-¡Más que listos!
-¡Tenemos que irnos, hay que borrar la memoria a mucha gente, coger vuestras cosas, y derechitos a Estados Unidos!-chilló el otro hombre.
-Habrá que borrar la memoria a todas las personas con las que hayáis hablado. Primero vayamos a vuestra clase a recoger vuestras cosas, y borrar la memoria a todos vuestros compañeros. Hay que andarse con cuidado, si una sola persona cuenta vuestra existencia a alguien, lo recordará al instante.
Al oír la palabra “existencia”, me estaba yendo; aunque por suerte pude acabar de oír el final de la conversación.
 Al llegar a clase me puse detrás de la puerta.
-¿Qué haces Juliette?- me preguntó la señorita Jane.
Los hombres entraron a continuación con dos pistolas de metal en las manos, y la señorita Jane chilló.
 Dejaron la puerta abierta tapándome nadie se percató de que yo estaba allí.
-¡Contra la pared!-chilló el hombre que me empujó.
El otro hombre preguntó a Will y George:
-¿Están todos?
Ellos miraron detenidamente. Para mí es una suerte no haber coincidido mucho con ellos, porque a continuación dijeron a la vez:
-Sí.-respondieron a secas.
También era una suerte para mí ser el número veintidós, porque es el último número de clase, y nadie se acordaba de él.
-Bien.-dijo el guardia que me empujó; parecía contento.
Empezó a disparar cómo un maniático su pesada arma de metal; yo cerré los ojos.  Se oían fuertes disparos, miré por la ventanita de cristal que tenía la puerta, (aún abierta) pero ni el mismísimo director que pasaba por allí se percató; siguió andando tan tranquilamente. Al clavar sus fríos ojos sobre nuestra clase, pasó directamente; cómo si no estuviéramos.
-¿Están muertos?-preguntó Will, intentaba ocultar su miedo; sin resultado.
-No, tenemos media hora para recoger vuestras cosas y pirarnos de aquí- respondió el guardia con la metralleta en la mano.
-Les hemos dormido y cuando despierten no recordarán ni que hemos venido, ni que vosotros existís.-les respondió el otro guardia
-Mola- dijeron los dos alargando la “o”.
-Dejaros de chácharas, y recoged vuestras cosas.-les riñó el guardia más maleducado (el que me empujó).
Cogieron los pupitres de Will y George, sus sillas, sus pinturas, sus dibujos del corcho, borraron sus nombres de la lista… Borraron todo.
 Cuando se fueron con las cosas de George y Will, nadie les veía. Y lo último que oí de ellos ese día fue:
-¿Por qué no nos ven?- preguntó George sin dejar responder a los guardias.
-Nadie nos ve porque, aunque no os hayáis dado cuenta habéis inhalado un gas de desaparición mientras recogíais. Y nosotros tampoco podemos ver a nadie.-respondió el otro hombre.
 Aunque seguro que eres listo te lo diré. ¡Yo también he inhalado el gas! Aprovechando que no me veían, en el ordenador busqué en internet:
Google
W.V.M

     Sin resultados                                                                         
Parecía que habían borrado todas las pruebas sobre la empresa. No tenían muchas ganas de que yo mirara algo sobre ella.
-Creo que ya está todo.-afirmó uno de los dos hombres (no sé cuál, porque no los veía).
Oí unos pasos que se alejaban, entonces vi como la profesora se iba despertando, cerré la página y me coloqué al lado de mi amiga Utah.

-¿Qué ha pasado?-preguntó la señorita Jane.  Ninguno se acordaba de nada, ninguno menos yo. Yo era especial.

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