martes, 14 de julio de 2015

El ojo de Horus XII

Capítulo 11  Como dice la canción “no hay dos sin tres.”
Hemos decido ir todos juntos a la sala de ocio, pero les digo que vayan yendo.
-Id yendo vosotros, tengo que ir al lavabo.-se meten los cinco riendo en el ascensor. Supongo que Rose habrá dicho alguna tontería.
  Salgo de los lavabos corriendo, pero un chico me detiene. Jason.
-Mira Juliette…
-Quieres pedirme perdón por lo mal que te has portado conmigo, porque tienes miedo de que te queme la habitación o algo peor. Lo siento, disculpas no aceptadas. Que lo sepas, no me meto con cobardes.-no le he leído la mente, porque tengo miedo de lo que pueda encontrar.
-Puedes leerme la mente y comprobar que no es verdad lo que dices –para un momento para que le lea la mente, pero no me apetece-. Quiero pedirte perdón, pero no porque te tenga miedo.
-No te lo crees ni tú. Si me disculpas, tengo que irme.-voy a rodearle, pero se me pone delante.
-No quieres irte, si quisieras irte, ya te habrías ido. Quieres escucharme –no, la verdad, pero me pica la curiosidad de saber lo que me va a decir-. Vamos a un sitio más privado.
-De eso nada. Quiero que todo el mundo este mirando por si acaso quieres matarme o algo parecido.
-¿Matarte? ¡No! Escúchame. Dentro de unas semanas hay un baile.
-Lo sé-le corto-. No iré contigo, porque sé que me harás quedar en ridículo de un modo u otro.
-No te haré quedar en ridículo –suspira-. Quiero que me perdones por todas las estupideces que te he dicho. Si preguntas a mis amigos te dirán que nunca he hecho esto. Nunca le he pedido a nadie perdón de corazón.
-Entonces pretendes que te crea.-respondo.
-Estoy haciendo lo posible por hacerlo rápido. Lo siento, ¿vale? Ya lo he dicho…-vuelve a suspirar-. ¿Quieres ir conmigo al baile?
-Después de lo que me has hecho. ¿Te crees que puedes ligar con la gente y luego invitarles a bailar?
-Creo que es así como se hace. Lo hace todo el mundo.-me contesta.
-Siento no ser como todo el mundo.-le rodeo y esta vez no opone resistencia.
-¡Juliette!-solo giro la cabeza-. Piénsatelo, por favor.
-De acuerdo.-añado a regañadientes y me dirijo al ascensor.
   Mis amigos me esperan delante del ascensor
-¿Por qué has tardado tanto?-me pregunta Anna.
-No creo que tardes diez minutos en hacer pis.-continua Rose con la misma cara de enfado que Anna, pero más en broma.
-El estúpido de Jason me ha empezado a retener.-contesto.
-¿Qué te ha dicho?-Jessica, no quieras saberlo.
-Tonterías como que quería pedirme perdón, que si quería ir con él al baile…
-No te entra en la cabeza que a lo mejor es majo. Puede que solo intentara atraer tu atención para que le escucharas.-me dice Will.
-A mí no me va esa clase de gente.
-¿Qué clase de gente?-pregunta George.
-La clase de gente que quiere atraer tu atención y te molesta continuamente. Seguramente John solo dice que soy guapa para que me una a su bando y Jason para hacerse el interesante y atraer mi atención. Creedme, esa clase de gente, te enamora primero y luego te deja tirado como un pañuelo.-digo.
-¿Te ha pasado alguna vez?-vuelve otra vez George a preguntar.
-No, pero leo mucho. He leído un par de libros en los que una chica se enamora de esa clase de personas y luego se van partiéndoles el corazón-miro al suelo-. A veces me meto demasiado en la piel de las personas de mis libros y siento su dolor.
Se forma un pequeño silencio.
-¿A dónde vamos?-pregunta Jessica.
-A un lugar donde podamos hacer algo juntos.-responde Anna.
-¿Qué os parece… una pista de baile?-propone Rose.
-¡Sí!-asentimos todos.
Nos metemos en una sala que pone baile. Estamos solos, supongo que la gente normal no quiere bailar después de comer. Pero nosotros no somos gente normal. Hay un aparato de música y yo voy a elegir canción. Elijo la de Uptown Funk, el mejor tema que encuentro.
Empezamos a bailar y a bailar hasta que acaba la canción.
-¡Dejadme elegir canción, por favor!-pide Rose. Tengo miedo de lo que pueda elegir.
De repente suena una canción. No es tan loca como pensaba que sería. Bang Bang.

Han sido unas dos horas esto de bailar, ya estamos agotados. Aún nos queda una hora de tiempo libre (es como si fuera media hora, porque tenemos que ir a coger sitio a clase), pero no sabemos qué hacer. Nada de movernos mucho, estamos muy cansados.  ¿Qué podemos hacer?
-¿Se os ocurre algo?-pregunta Anna.
Jessica sigue sonriendo a pesar de todo el cansancio que lleva dentro.
-Podemos… No sé.-dice.
-¿Jugar a…?-George deja la frase en el aire.
-¿Algo?-Will vuelve a dejar la frase en el aire como su hermano.
Seguimos en la habitación del baile. Hay un sofá y yo me dejo caer sobre él.
-¿Hay piscina?-pregunto.
-¿Quieres meterte en la piscina?-Will parece desconcertado.
-No. ¿Pero hay piscina?-insisto.
-Sí, claro que sí…-responde George.
-Guiadme.-les ordeno.
La piscina está en una de las habitaciones de esta planta.
-¿Para qué quieres la piscina si no te vas a bañar?-pregunta George.
-Para esto.-aprovecho a que está en frente de la piscina y le empujo. Cuando está en el agua todos nos reímos.
-No tiene gracia.-no lo dice enfadado, pero no está riéndose.
-Claro que sí.-respondo. Entonces, Will me empuja.
El agua me cala la ropa, el pelo… ¿Cómo me seco ahora? Da igual. Me empiezo a reír y digo:
-Tendría más gracia con una de las locuras de Rose.
-De acuerdo.-empuja a George, Anna y a Jessica. A todos a la vez. ¿Cómo? No preguntéis, yo tampoco lo he visto muy bien.
-Serás…-Jessica le agarra del tobillo a Rose y Anna se le une.
-Tonta.-Anna acaba la frase de Jessica (lo dice de broma). Will, George y yo también le agarramos la pierna y tiramos de ella hacia el agua. Al final cae y nos partimos de risa. Nos empezamos a salpicar con el agua.

Ha sido una media hora divertidísima. Está en el Top 10 de mis recuerdos más divertidos.
Al llegar a clase, todos nos miran extrañados. Estamos calados de pies a cabeza.
-Tíos, ¿qué habéis hecho?-preguntan un par de chicos que están sentados en primera fila.
-No preguntéis.-les suelta Will. Nada más decirlo, todos nos reímos.
El estúpido de Jason entra en la sala y nos mira atónito.
-¿Qué…?-pregunta mirándome solamente a mí.
-Si hubieras entrado cinco segundos antes, habrías oído “no preguntéis”.-contesto. Estamos en la última fila de la clase y Jason se me acerca. Apoya sus manos en mi pupitre y me mira directamente a los ojos.
-¿Qué habéis hecho?-repite su pregunta.
-Solo hemos ido a la piscina y nos hemos caído por accidente.-Anna está al lado mío y suelta una risita.
-“Por accidente”. Espera, no me acuerdo quién había empezado por “accidente” toda la movida de caernos al agua.-ríe.
-¿Quieres callar?-le espeto-. Mira, solo nos hemos divertido un poco. Además, ¿a ti qué te importa lo que yo haga?
-Me importa más de lo que crees –no sé cómo, pero me levanto. ¡Yo no quiero! Seguramente Jason será un Blogur. Hay diez en el mundo, pues yo conozco a la mitad-. Soy un Blogur, como habrás podido notar –consigue que dé la vuelta a la mesa y me coloca delante de él-. Me importa más de lo que crees.-sus labios se juntan con los míos, pero para cuando voy a apartarle, se mete en mi cabeza, porque ya no quiero hacerlo.
Pasan tres segundos, y consigo apartarle.
-¿¡Qué haces!?-miro a mi alrededor y veo a toda la clase mirándonos. Ya ha llegado mucha gente, de hecho, creo que están todos-. ¿¡Por qué haces eso!?-salgo de la clase y me voy directa al baño.
¡Será…! ¡Quiero matarle! Debería haberle leído la mente antes del beso, ¿pero de qué me habría servido? Aún no sé controlar la mente. No puedo llorar. Soy más fuerte que eso. Si me avergüenzan, me enfado, pero no lloro.
Golpeo el lavabo. Idiota. Se cree que puede ir besando gente por ahí.
-Juliette…-esa es Jessica. Me giro y veo a las tres mirándome con pena.
-Tranquila, ya ves que es un cretino. No necesitas más pruebas.-me tranquiliza Anna.
-Ya, pero no quiero pruebas. Quiero que se aleje de mí.-respondo.
-Cariño, ¿si podemos pedimos un juicio, vale?-Jessica y Anna miran a Rose negando con la cabeza-. Lo dejamos para otro día.
Se me caen un par de lágrimas, justo lo que quería evitar.
-Es que solo quiero volver a casa. A un mundo en el que no le gustaba a nadie. Que creían que era una rarita con solo tres amigas. Que a nadie le gustaba –hago memoria-. O eso creía… Creía que no le gustaba a nadie, pero le gustaba a un chico. Mi mundo de sueños no existe ya. Todo se desmoronó cuando vine aquí. Ahora resulta que les gusto a dos chicos…-me siento sobre la tapa de un váter.
-Tres.-dice Rose con voz queda. Jessica y Anna la miran con cara de enfado.
-¿Qué?
-Nos han contado que le gustas a otro chico, pero no sabemos quién, creo que Rose no ha elegido buen momento para contártelo.-Anna la mira con enfado otra vez.
-Quiero volver al mundo en que solo estábamos nosotras cuatro. Pero ese mundo ya no existe.-suelto un par de lágrimas más y miro al suelo. Nunca sollozo, nunca he sollozado en mi vida excepto de pequeña. No sollozo, pero me gustaría sollozar como cuando tenía tres años y lanzarme a los brazos de mi madre.
-Julie, tranquila –me sonríe-. Ese mundo aún no está perdido. Juntas, podemos hacerlo volver a vivir.-me da la mano y mis otras amigas la ponen junto a la suya.
-¡Por un mundo nuestro!-grita Rose.

-¡Por un mundo nuestro!-exclamamos todas.

Mi futuro libro XX

Como hoy es mi cumple (bieeeeeeeeen) os reservo el final del libro.
Para un libro especial, un día especial.

Capítulo 20   La lágrima
Por la noche, Evan y Linda fueron al castillo cogidos de la mano. Habían estado hablando de muchas cosas. Evan le había contado que la había querido desde que la vio, y Linda le soltó todos los secretos que guardaba ella y su amuleto.
En el comedor real había una gran mesa donde se sentaba la gente. Linda le dijo a Evan que se sentara y ella se acercó a Kyle que estaba sentado al lado de su padre.
 -Kyle no sé cómo deciros esto, pero….-Kyle la interrumpió.
 -Lo entiendo. Evan es vuestro hombre, ya encontraré otra chica por ahí. No me importa.
Aunque él sabía que no era verdad, no encontraría otra chica así. Era imposible encontrar otra Linda. Él sí que había sentido la chispita en ese beso, y él sabía, que solo ocurría una vez en la vida, y que, fuera a donde fuera, siempre la recordaría. Linda, la chica le cambió su corazón.
 -¿En serio? Muchísimas gracias, Kyle.-le abrazó y corrió a sentarse al lado de Evan y Beatrice. Mister Hayes se puso en pie y mandó callar. 
 -¡Silencio, silencio!-comprobó que todo el mundo estaba en silencio y continuó-. Bueno, estamos en un día de celebración. Aunque también de pérdida. Lo siento mucho por todos los valientes que perecieron -se oyó el llanto de una mujer-. Pero pensad que lucharon por su patria, fueron hombres buenos y justos. Brindo por ellos. ¡Por los valientes caballeros!-todos alzaron su copa, repitieron su frase y brindaron.
 -Cuando se agradece a alguien algo aquí, se hace brindando. Primero el rey dice por qué da las gracias, luego dice si es él, ella, ellos o ellas y al final, grita el nombre de la persona o de las personas.-aclaró a las chicas Evan susurrando.
 -He de darle las gracias a Linda, princesa de Roldania, que confió en todos los honorables caballeros y libró a nuestro pueblo de los bandidos. Brindo por ella. ¡Por Linda!-todos alzaron su copa, repitieron su frase y brindaron.
 -También quiero dar las gracias a Evan, Beatrice y otra vez a Linda, porque han hecho de mi hijo Kyle un hombre de provecho. Brindo por ellos. ¡Por los amigos de Kyle!-todos alzaron su copa, repitieron su frase y brindaron.
 -Bien, ¡que empiece la fiesta! Podéis escuchar música, bailarla, escuchar al bufón... y para los más pequeños, tenemos un teatro de un caballero muy bueno que salva una princesa de las temibles garras de un dragón, ¡una nueva creación de Roger Stewart, el célebre creador de historietas! ¡A divertirse! -la música empezó a sonar y la gente salió a bailar.
Linda tenía pensado que quería hacer. Lo había pensado desde que el rey lo había mencionado. Quería bailar. Bailar con Evan, como la noche en la que habían estado juntos. Todo fue perfecto aquella noche; la luz de la luna en las pupilas del chico, su fantástica forma de bailar, su traje tan hermoso… Todo fue perfecto.
 -Evan, ¿salís a bailar?-le preguntó Linda con una gran sonrisa en la cara.
 -¿Cómo negarse a Linda, princesa de Roldania?- Linda se rió. Luego, Evan le cogió la mano y juntos salieron a la pista de baile.
Comenzaron bailando en un lado del escenario, la gente se quedó cautivada con la sutileza con la que se movían, como se miraban tiernamente, como iban al unísono… Al final les fueron metiendo más hacia el centro, más hacia el centro. Hasta que al final, se quedaron en medio. Como en la fiesta de las hadas. Todas las parejas formaban un círculo a su alrededor y todas las miradas se desviaban hacia ellos. “¿Quién es ese chico tan mugriento, y por qué baila con la princesa?” Preguntaba la gente entre sí. “Creo que es el escudero del príncipe Kyle, ¿por qué no bailan los príncipes juntos y no la princesa con ese sucio escudero?” Aunque Linda no oía a la gente, seguían murmurando sobre ella, pero no le importaba, porque jamás entenderían lo que sentía el uno respecto al otro, nadie podría cambiarlo nunca.
 -Espero que no sea uno de mis sueños, porque he tenido muchos parecidos a este.- susurró el escudero a Linda.
 -Te aseguro que no es un sueño, porque si no, no sentirías esto.-Linda se acercó para besarle, pero justo entonces se abrió la puerta del comedor.
La música cesó, la gente ya no bailaba, comía o reía.
 -¡Está ahí!-chilló un guardia-. ¡La princesa está ahí!
Linda reconoció el escudo del uniforme. Roldania. Le habían encontrado. No era posible, era demasiado pronto, ni siquiera se había instalado en ningún lugar. Justo cuando su vida comenzaba a tener sentido, tenían que destrozársela. Pero no iba a permitirlo.
Sin pensarlo dos veces, divisó una puerta y corrió hacia ella. Subió por unas escaleras, recorrió un estrecho pasillo, volvió a subir escaleras, otra vez pasillo… Siempre el mismo patrón.  Al final llegó a lo alto de una torre. La caída era de veinte metros. No sobreviviría. Los guardias subieron con ella a la azotea.
Todo ocurrió muy rápido: los guardias capturaron a Linda, claro que esta se defendió, pero eran demasiado fuertes y no se pudo soltar. Al final vio que no podía hacer nada. Mientras la arrastraban, soltó una lágrima que lo dijo todo; decía que era el fin, que su aventura se acababa ahí, que Evan se acababa ahí, que Beatrice se acababa ahí, que Kyle se acababa ahí, que la magia se acababa ahí. Sin embargo, su rostro no mostraba tristeza, todo lo contrario, estaba inexpresivo, mirando al horizonte.
Cuando estuvieron en el comedor Linda seguía con la misma cara, incluso cuando su padre la abrazó.
 -¿Por qué os escapasteis?-preguntó Ron.
Linda no respondió.
 -¿Por qué os escapasteis?-repitió.
Tampoco respondió.
 -¡Contestad!-insistió el rey.
Linda se quedó con la misma cara. El hombre preocupado, la agitó, le preguntó qué le pasaba… Intentó de todo. Pero entonces Evan se acercó al gobernante y le preguntó si podía intentarlo. No se lo negó, así que probó.
 -Linda, ¿me oyes? Soy yo, Evan. -Evan. Esa palabra pareció despertar un interés en ella. Le abrazó y rompió a llorar sin importarle que toda la sala les estuviera mirando.
 -¡Es el fin, Evan! ¡Me han encontrado, nos separarán! ¡Volveré al castillo! ¡No puedo volver! -sollozó la muchacha.
El rey la vio ahí, llorando. Estaba abrazada a un escudero que parecía importarle más que él mismo. Intentó pensar como Anastasia. “¿Qué habría hecho ella?” Primero pensó en sus opciones; dejarla irse con ese muchacho y buscar otra que reinara o encerrarla en el castillo y que le odiara el resto de su vida. Luego cuál era la más conveniente, cosa que no tenía clara. Que se fuera para siempre y que le siguiera apreciando, o, que le detestara por siempre jamás y probablemente más intentos de escapar. Al final tomó una decisión.
   Pensó que debía dejar a Linda volar, literalmente. Ya había cumplido los dieciocho y seguro que cualquier muchacha que encontrara querría gobernar Roldania.
 -Linda, ¿podéis acercaros un momento?-preguntó tímido Ron. Linda se secó las lágrimas, abrazó a Evan y se acercó a su padre.
 -Ya tenéis dieciocho años, sois mayor de edad y podéis decidir por vos misma.
 -Esperad, ¿ya tengo dieciocho años?-preguntó Linda extrañada.
 -¡Por supuesto! Los cumplisteis hace poco, mientras estabais fuera de casa.
Linda lo recordó; ¡había pasado su cumpleaños y no se había dado cuenta! Entonces recordó el día que los había cumplido. Fue el día en que mató a su ángel de la guarda, pero también fue la noche en la que bailó con Evan. Una noche mágica.
 -Tengo dieciocho años…-susurró para sí.
 -Bueno, tenéis dieciocho años, así que sois capaz de elegir vuestro destino, y veo que está bastante claro lo que deseáis -suspiró-. Podéis iros a vivir aventuras.
Tanta era la alegría, que Linda no cabía en sí. ¡Su padre le dejaba cumplir su deseo, vivir aventuras! Lloró de alegría. Primero corrió hacia Evan y le abrazó mientras seguía llorando. Después se acercó a Beatrice y a Kyle. Por último, se relajó más y fue caminando hacia Ron.
 -Papá, muchas gracias.-le dijo.
Le soltó un fuerte abrazo y toda la sala exclamó “¡Bieen!”. Cuando acabó el abrazó el rey se acercó a Evan.
 -Cuídala chico, no sé por qué te ha escogido, pero será por una buena causa. Linda es una chica muy especial y necesita a alguien como tú. Cuídala, hijo-le repitió. Acto seguido le abrazó-. ¡Qué continúe la fiesta!-todos gritaron y siguieron con la fiesta.
Kyle hablaba con las doncellas, Beatrice dibujaba la escena, Ron comía y bebía junto a Mister Hayes (donde encontró a una sirvienta muy inteligente que decidió llevarse a Roldania), Peter hacia unos trucos de magia para los niños… Todos se divertían. ¡Espera! Casi me olvido los dos enamorados que bailaban en la pista de baile como si no hubiera un mañana…


Epílogo
A la mañana siguiente el rey Ron y la futura reina Rose Roberts (no se iban a casar, pero cuando el rey muriera ella sería reina), iban a partir hacia Roldania cuando a Linda le picó la curiosidad y se acercó corriendo hacia ellos seguida de Evan.
 -Padre, ¿cómo supisteis que estaba en este castillo?-preguntó sin más.
 -Fuimos caminando por muchos lugares peligrosos preguntando a la gente si os habían visto, lo que nos llevó a un precioso bosque donde nos perdimos, pero por casualidad encontramos a una mujer con unos preciosos ojos azul zafiro que se tapaba con una mano el costado. Juraría que estaba herida de gravedad, pero no pregunté nada porque tenía prisa. Me preguntó quién era yo y le respondí suponiendo que no era ninguna amenaza. Pareció sonreír y me dijo que estabais aquí.-contestó el rey.
 -No es posible…-dijo Linda.
 -Debió de saber que si os encontraba vuestro padre os llevaría a palacio y no la volveríais a molestar-le respondió Evan a Linda-. Sobrevivió y escapó sin que nos diéramos cuenta.
Llegó Beatrice que había oído todo desde lejos y le preguntó a la princesa:
 -¿Qué vas a hacer con ella? ¿Vas a perseguirla hasta al fin matarla?-Linda pensó durante un momento.
 -No, ya sé que voy a vivir más aventuras y estoy segura de que me cruzaré con ella, pero no merece la pena estar toda tu vida pensando en la venganza. Si alguna vez la vuelvo a ver, puede… Pero hoy, no.-dijo orgullosa.
 -¡Bien dicho!-dijeron sus amigos.
 -Veo que ya habéis madurado bastante, hija mía. Estoy más tranquilo. Cambiando de tema, prometedme que me visitaréis a menudo.-dijo el rey abrazando a su hija.
 -Lo prometo.-respondió.
El carruaje del rey partió y los amigos se quedaron mirándolo hasta que lo perdieron de vista.
 -Ahora, ¿qué hacemos?-preguntó Beatrice.
 -Ya sabéis lo que quiero yo.-respondió la otra muchacha.
 -Yo iré con vos.-añadió Evan.
 -A mí me gustaría ir con vosotros.-objetó Beatrice tímidamente.
Kyle llegó en ese momento.
 -¡Chicos! ¿Os vais a ir de aventuras ya?
 -Sí, ¿queréis venir?-le preguntó Linda.
 -No, mi vida está aquí, en el castillo. Que os lo paséis muy bien.-dijo Kyle.
 -Ahora que lo pienso, ¿cuál es el conjuro del amuleto? ¿Para qué quería el rey el amuleto? Me rondan en la cabeza mil preguntas sobre este amuleto…-preguntó Beatrice.
-No sé responder a ninguna, pero estoy segura de que, a lo largo de nuestro viaje, se responderán por arte de magia…-respondió Linda.
Después, cogieron un poco de comida para el viaje. Los cuatro amigos se abrazaron y se despidieron del príncipe. Acto seguido, salieron corriendo del castillo.

Linda llevaba su bolsa de siempre, Beatrice llevaba otra alforja con su cuaderno y Evan llevaba otra alforja, pero esta vez no tenía tanto equipaje, porque ahora todo lo que necesitaba iría con él siempre. Linda iría con él siempre.

2º Book tag El book tag de las frases

Hoy es mi cumpleeeeeeeeeee. Por eso os traigo algo especial: un Book tag. Happy Birthay to meeeeeeeee!


BOOK TAG DE LAS FRASES: En el siguiente book tag vamos a buscar palabras en tus 10 libros favoritos. Consiste en que te dan unas páginas y líneas y tienes que elegir una palabra de cada. Al final, tenemos que escribir un pequeño texto que contenga esas palabras.

Página 10, línea 11.


 MAL







Página 23, línea 4.


ODIO







Página 38, línea 2.

ESTRELLA







Página 24, línea 20.

HERIDA







Página 51, línea 15.


MAÑANA







Página 66, línea 6.

OSCURIDAD







Página 77, línea 7.

MAGIA







Página 86, línea 16.


PODER







Página 69, línea 9.

OJOS







Página 100, línea 1.


CAMINO








Bien, este es el texto que ha salido:

No podía evitarlo, el mal le corroía poco a poco. El poder le hacía perder la cabeza. No tardaría en dejar de ser quién siempre había sido. Echaba la vista atrás y solo se veía a sí mismo escogiendo el camino que le llevaría al odio y a la perdición... Había forjado una herida que no se podía cerrar.
   
   En la penumbra de la noche, contempló la oscuridad absoluta que le recordaba a sí mismo. Pero una pequeña luz en la penumbra le inundaba la cara. Miro hacia el cielo, de donde provenía la luz y vio una sola estrella que brillaba con fuerza. Sus ojos perdieron 
la tristeza que los había embargado hace un momento, y se cambiaron por esperanza.

-Es magia...-murmuro-. Aún queda esperanza -mostró una amplia sonrisa y añadió para sí-. He de descansar, mañana será un gran día.

Se levanto del bordillo de la acera y volvió al edificio mientras sonreía. 

Aquella estrella le había hecho sonreír, cosa que no hacía desde hacía mucho tiempo.



Bueno, esto ha sido todo. Se despide, Cleo.

lunes, 13 de julio de 2015

Goodreads

Goodreads es una red social

Link: https://www.goodreads.com/

Aquí, puedes marcar los libros que has leído, los que estas leyendo y los que quieres leer. También
puedes valorarlos, comentarlos, crear grupos de discusiones, hacer amigos...
 
Hay un reto que consiste en leer unos libros al año; tú marcas el número de libros que te propones leer en un año y te va contando cuantos te faltan.

CUIDADO: No están todos los libros del mundo, así que si en el reto os marcáis (por ejemplo) cien, mirad antes si están en la página (porque yo he leído en este años más libros de los que pone la página, pero ahí no están).

Si queréis contactar conmigo a través de la página, soy Sari14.

Un saludo de Cleo.

viernes, 10 de julio de 2015

El ojo de Horus XI

Capítulo 10 Un día demasiado normal…
Me despierto con el despertador y lo tiro al suelo. Este sigue sonando y no puedo hacer otra cosa más que levantarme y apagarlo. Menos mal que ayer me duché por la mañana, porque si no ahora mismo olería fatal. No tengo tiempo para ducharme si quiero prepararme e investigar con el ordenador.
   He acabado de vestirme, peinarme y asearme en diez minutos. Un tiempo récord. Me siento a la mesa del ordenador y busco en internet todo lo que puedo sobre John.
Hay que ver lo pesado que es, llevo cinco minutos investigando, y he visto que ha cambiado su estado de Facebook a “Enamorado de una chica muy especial”. No sé cómo me he metido en la página web sin cuenta, pero el caso es que he podido entrar. A parte de eso, también he encontrado que ha colgado en todas sus redes sociales (que ya son bastantes) fotos de él con cara de enamorado y con un bocadillo diciendo: “Por fin sé dónde está mi amorcito, después de años perdida…” o alguna ñoñería del estilo.  Aun así, siento que es una actuación para hacerme más vulnerable o algo así. No tengo nada claro.
   Ya son las ocho y veinticinco, me he pasado todo el rato buscando más información sobre John, pero no he encontrado puntos débiles, solo que está perdidamente enamorado de mí. Ojalá pudiera pegarle ahora mismo. Lo siento, a veces soy un poco agresiva. Decido volver a bajar sola, porque tengo mucha hambre.
   En la cafetería, elijo lo mismo que ayer, pero al buscar a alguno de mis amigos, veo que no están. Prefiero sentarme sola que con el grupo de los “pegamentos cobardes”, por así decirlo. Llamo así a todos los que el primer día vinieron hacia mí en avalancha y que luego me tenían miedo.
  Ya han pasado diez minutos, pero ya estamos los seis en el comedor. Yo he acabado mi desayuno, pero quiero esperarles. Aún nos quedan veinticinco minutos para la clase de matemáticas.
-¿Ahora que nos toca?-pregunta Anna.
-Matemáticas, o como prefiero llamarle, Mates.-respondo.
-Aún nos faltan veinticinco minutos.-añade Jessica.
-Nosotros dos también vamos a esa clase. Tenemos los mismos horarios, pero como tenemos más misiones, solemos no cumplir el horario.-dice Will.
-¿Alguien más quiere irse de compras? Tenemos mucha ropa en el armario, pero añoro los probadores y las cajas registradoras…-Rose cambia de tema. Parece aburrida hablando de los horarios.
Todos nos reímos, pero no a carcajadas, sino más bien, una risa forzada. Hace gracia la broma de Rose, pero creo que ninguno estamos para bromas. Yo, al menos, no.
Entonces George rompe el silencio que estábamos formando.
-Creo que deberíamos ir yendo a clase. La mayoría de las personas tienen nuestro horario de clases, y si queremos coger seis sitios, será mejor que vayamos ya.
Todos asentimos y nos dirigimos a clase.

Ya ha pasado la clase de mates. Ha sido muy aburrida. Nos han explicado cosas que ya sabíamos, pero que estábamos repasando. En la clase solo hay gente de mi edad, por lo cual, está Jason, cosa mala, pero también está Dorothy, cosa buena.
Dorothy es muy maja. Nada más llegar, no cabíamos y se ha cambiado de sitio porque nos sentáramos los seis juntos. Al final, se ha sentado delante de mí, y en toda la clase, solo he visto sus cabellos rojizos revoloteando. Me cae bien, ella parece no tenerme miedo, no como los demás cobardes de la agencia. Aunque, claro, soy una bomba que si estalla… Creo que a la chica le gusta el peligro.
   Ahora estamos en el ascensor los seis y otros tres estudiantes más. No los he visto desde que hemos llegado, si no, los recordaría. Son dos chicos y una chica. Somos unos cien alumnos con poderes en esta sede. No somos muchos, pero esta es la quinta con más gente de todo el mundo, por no decir, la más grande de plantas y tamaño con diferencia. Lo siento, he leído un poco de los libros de historia y lo estoy recordando.
Las puertas se abren de repente. Sin decir nada, nos dirigimos a coger la comida. Hoy no se apartan los de la fila, pero los cocineros sirven rápido y las personas avanzan rápido también. He sido la primera en acabar, así que voy a una mesa cualquiera, no muy centrada con los “pegamentos cobardes”, que, por cierto, me miran raro.

La comida ha sido muy divertida, no estaba de humor, pero Rose ha empezado a hacer tonterías y al final, hemos tenido que reírnos y unirnos a ella. He ido al baño una vez, y todas las papeleras estaban llenas de garbanzos escupidos. Ahora vamos a la clase de poderes, en la que estaré sola.
Ojalá viniera alguien más, me da mucha vergüenza ser la única. Solo me preguntarán a mí, solo haré yo los deberes (aunque no mandan deberes, nos lo han dicho en clase)…

Ya he hecho la clase de poderes y la de lengua, no quería aburriros. Por cierto, ¡sé leer la mente! En una hora, la profesora me ha dicho que solo haré las cosas si las deseo de verdad y bla, bla, bla… Lo de abrir las puertas y controlar la mente lo dejaremos para la siguiente clase. En la siguiente clase, también intentarán enseñarme a controlar lo de los fenómenos naturales. Solo me salen si me enfado, antes, casi incendio la clase porque he intentado regar una planta, me he puesto nerviosa y he quemado un poco le mesa. En clase de lengua me he juntado con mis amigos, pero ha sido muy aburrida, mejor no dar detalles.
Ahora estoy en el gimnasio esperando al profesor junto a todos los demás chicos. Solo somos veinte de mi edad, somos bastante gente. Solo hay tres niños de siete años.
De repente, noto un cosquilleo en la nuca. Siempre que alguien me mira, siento un cosquilleo en la nuca. Me doy la vuelta y encuentro al estúpido de Jason mirándome. Durante unos segundos me quedo mirándole para ver si aparta la vista. No la aparta. Decido leerle la mente. “Es guapísima.” Me sonrojo y me doy la vuelta. Tengo miedo de que el chico no sea tan horrible como pienso.
-¡Buenos días!-nos saluda el entrenador-. Soy el entrenador Michel Morgan, pero siempre tendréis que llamarme entrenador Morgan, tengáis el poder que tengáis.-lanza su mirada hacia mí y yo dejo de mirarle.
-Disculpe ¿entrenador Michel y entrenador Michel Morgan no es casi lo mismo? Solo en una se dice el apellido y en el otro no.- ¿Por qué tienes que causar mala impresión, Rose? Exactamente, esa es Rose.
-¿Una listilla, eh? Que sepa señorita…-deja la frase en el aire para que Rose responda con su apellido, pero ella no puede contestar con lo que le piden a no ser que sea para que cuente como nota.
-Rose Lee. Pero debe llamarme Rose, si no, le pondré un cero.-toda la clase se ríe, pero el entrenador no parece muy contento.
-¡Señorita Lee, póngase a hacer 100 flexiones, ya!-Rose, a regañadientes, se pone a hacer abdominales.
-¡He dicho flexiones, no abdominales!-le chilla. Rose murmura algo entre dientes que no consigo oír, y eso que estoy al lado suyo, bueno, debajo-al lado mío-. De acuerdo, vais a aprender boxeo. Poneros en parejas mixtas. ¡Mixtas!-no sé por qué, pero creo que lo de mixtas le gusta a este hombre. Voy a leerle la mente. Sí, mixtas, le gusta mixtas. Ojalá supiera controlar la mente…
Veo a Jason a lo lejos tratando de acercarse hacia mí escabulléndose entre la gente. Pero alguien me lo tapa. Un chico rubio que tiene los ojos azules. George.
-¿Quieres ponerte conmigo?-me pregunta.
-Claro –respondo-. ¿Por qué no?
-Juliette. ¿Te pones conmigo?-ese es Will.
-Lo siento, voy con George.-le respondo.
Will se dirige a Jessica y a Anna.
-Siento habérselo pedido primero a Juliette, pero la conozco más por la misión.-dejo de escucharles hablar y miro por detrás del hombro de George.
Jason ha visto lo que le he dicho a Will y se ha ido. Se acerca a Jessica que no tiene pareja y ella acepta.
El entrenador nos dice que cojamos guantes que hay en una bolsa y vamos lanzados. Por suerte, George y yo salimos de los primeros. El entrenador nos enseña unos golpes de boxeo y los realizamos.

Esta clase es muy divertida. Teníamos que pegar a los guantes del otro, pero antes, George ha dicho “Espera un momento, que me tengo que rascar”, no le he oído, y sin querer, le he pegado en la cara. Poco después nos estábamos riendo. En otra ocasión, George me ha pegado un golpe tan fuerte que me caído. He empezado a reírme en el suelo, y George me ha pedido perdón un millón de veces, pero luego, también se ha reído. Nos estábamos riendo tranquilamente, cuando he notado un cosquilleo en la nuca.
Ahora estamos sentados en una mesa del comedor contándonos unos a otros nuestras anécdotas.
-¡Qué suerte habéis tenido! Me he pegado media hora haciendo flexiones, para luego boxear con el entrenador.-se queja Rose.
-No haber abierto la boca. Te lo advertí, te dije que no te pasaras con los profesores.-me meto una cucharada de sopa a la boca.
-Me lo dijiste hace cuatro meses, cuando empezó en curso.-me responde enfurruñada.
-Te lo dije, con eso me basta.-levanto las manos en señal de “Aunque fuera hace cuatro meses, te lo dije”.
-Por cierto, ¿qué habéis hecho en clase de poderes? Nosotros hemos aprendido a abrir puertas.-dice George.
-Yo lo de siempre, abrir cajas fuertes, puertas…-responde su hermano.
-Nosotras hemos estado aprendiendo a hacer fuego, pero a nadie de toda la clase le ha salido en toda la hora.-dice Anna.
-¿Qué has hecho tú, Juliette?-pregunta Jessica.
-La profesora me ha dado una charla de media hora, he aprendido a leer la mente y he quemado mi mesa.-digo sin entusiasmo.
-¿¡Tanto habéis hecho!?-exclama Anna.
-Que sepas que mi mesa y que la de la profesora tienen las esquinas quemadas.-repito.
-A mí me gustaría tener tantos poderes…-suspira Will.
-Sí, mola mucho que la gente se aleje cuando entras en una habitación.-revuelvo la sopa triste.
-¡Me da igual! ¡Solo quiero tener algún poder más! ¿Crees que es divertido abrir puertas todo el día?-replica
-¿No me suena haber oído en alguna película, que un poder conlleva una gran responsabilidad? Creedme, parece guay, pero no mola.-giro mi bandeja para comerme las alitas de pollo.
-Spiderman.-dice de repente George.
-¿Qué?-exclama Jessica.
-Un gran poder conlleva una gran responsabilidad –recita-. Es de Spiderman.
-¡Qué susto! Por un momento he pensado que estabas loco.-exclama la loca de Rose.
Todos nos empezamos a reír, pero noto un cosquilleo en la nuca que me hace detenerme. Otra vez está mirándome ese cretino…
-Juliette, ¿qué te pasa? De repente te has dejado de reír.-me pregunta Will.
-Nada, nada...

Me extraña que este día este siendo tan normal… Claro, a parte del cosquilleo en la nuca.

Mi futuro libro XIX

Capítulo 19   ¡Seréis tonto!
Amor. Eso era lo que Kyle sentía en ese momento. Linda también sentía amor, pero estaba un poco decepcionada. El beso no había sido tan mágico como pensaba. ¿Sería que en realidad no amaba a Kyle y se estaba engañando? ¿O es que no existe la magia del amor? Linda tenía sus dudas, y le daba miedo averiguar cuál era cierta.  
La guerra había acabado y Beatrice y Linda buscaban a Evan. Habían sobrevivido treinta guardias y ningún bandido. O eso creían…
Linda vio un rostro conocido, pero no tenía expresión alguna y estaba tendido en el suelo.
Evan.
La princesa corrió hacia él y empezó a llorar y sollozar. Entonces Beatrice cogió la nota en el suelo que estaba manchada de sangre.
 -Aquí pone Para Linda.-dijo Beatrice intentando retener las lágrimas.
Querida Linda:
No busquéis al culpable de mi muerte, soy yo. Le dije a un hombre que me matara.
No podía vivir sin vos. Vos sois lo único que me importa en esta vida. Además, ahora nuestros caminos se separarán, aunque no muera, vos iréis a vivir aventuras y yo, tendré que quedarme aquí.
Sé que jamás podré competir contra Kyle, y lo entiendo.
Ni vos ni Kyle me habéis hecho elegir esta opinión. He sido yo. No os sintáis culpables.
Nunca me querréis, pero yo a vos siempre os quise.
El abrazo y el beso que nunca me daréis, Evan.
Linda recordó todos los momentos que se habían ayudado o divertido juntos; en el puente con la lluvia torrencial, en las cascadas cuando caían, en el baile de las hadas… Siempre había pensado que Kyle era el amor de su vida, pero en ese momento cambió. Se enamoró de Evan.
No se sabe que se tiene un tesoro hasta que se pierde” dijo para sí. Recordó lo que Jack le había dicho en el lago, o más bien, en la ciénaga. Antes le habría parecido una locura decir eso, o si quiera pensarlo, pero lo dijo.
  -Quiero a Evan-susurró. Nadie la oyó-. Y nunca se lo he dicho. Nunca le he dicho que le amo, pero que estaba ciega.-soltó una lágrima.
 -¡Aun respira!-oyó gritar a Beatrice.
Linda se dio la vuelta y gritó:
 -¡Que alguien nos ayude! ¡Evan aun respira!
Kyle oyó eso desde la puerta del castillo y corrió hacia las chicas.
 -¿Cómo que aún respira?-preguntó Kyle. Miró hacia el suelo y sollozó. Él y otro guardia lo llevaron ante el médico.
El doctor lo observó y dijo:
 -Tenemos pocas probabilidades de que sobreviva, pero no perdáis las esperanzas.
Linda se fue corriendo de allí. No sabía a donde iba solo quería huir de allí. Cruzó la puerta del castillo y el puente levadizo. Corrió. Corrió. Y corrió. Estaba muy alejada del castillo y dejó caer sus rodillas sobre el campo verde y luego se tiró.
 -Yo te quería,
Pero no lo sabía.
Yo te amaba,
Pero no lo recordaba.
Ahora me dejas aquí tirada,
Derramando lágrimas sobre mi almohada.
Nunca dejéis escapar nada,
Porque no volverá,                   
No irá un hada,
Ni os lo concederá.
Y yo escribo esta poesía.
Para enseñaros el dolor,
Que es perder a alguien,
Y sin que lo sepas sea tu amor.
Esa poesía se la acababa de inventar ella sobre la marcha, y eso que nunca había escrito ninguna, ni le habían enseñado a hacerlas. El dolor se la había inventado. El dolor y el amor de Linda se la habían inventado. Se puso boca arriba y bajo el sol que se escaparía dentro de unas cinco horas, repetía esa poesía una y otra vez.
   Pasaron muchas horas. Los campos ya no eran verdes sino amarillos, naranjas y rosas. Entonces, oyó algo.
 -¡Linda!-era Beatrice que iba corriendo con lágrimas en los ojos.
 -No ha sobrevivido a la operación ¿Verdad? Mejor no me lo respondáis.
 -Preguntádselo vos misma.-Beatrice se fue y Evan apareció corriendo hacia Linda. Beatrice se fue. Linda se puso de pie y corrió hacia él.
-¡Seréis tonto!-chilló mientras le abrazaba- Sois tonto, tonto, tonto. Si me querías, podías decírmelo, no te hacía falta pedirle a nadie que te matara.
 -Estoy muerto. En realidad esto es un sueño.-le dijo.
 -¿Qué?-preguntó Linda mientras le temblaban las piernas.
 -¡Que no, hombre! –respondió riéndose el escudero.
 -Seréis tonto-susurró.
 -Os he traído la carta que hicimos en el bosque, no sabía que, bueno, me queríais… Quiero que la leáis.
Linda cogió la carta y leyó todas las cosas que ponía sobre ella. Soltó una lágrima.

Agarró su cabeza con delicadeza y se acercó a ella. Suavemente, le besó. Sintió una chispita. Era el beso perfecto. El momento perfecto. La pareja perfecta.

martes, 7 de julio de 2015

El ojo de Horus X

Capítulo 9 Un día de locos
Me despierto en una habitación fría. No sé qué hora es ni dónde estoy, pero calculo que habrá pasado una media hora desde que me dormí y que estaré en la misma casa. Al menos tengo una buena noticia: Will y George están conmigo. Desmayados, pero conmigo. Si esto fuera un reality show, a los espectadores les gustaría que me lanzara a abrazarles, como una tonta enamorada. Pero no es un reality. Me acerco a ellos y les tomo el pulso. El de los dos es normal.
Abren la puerta.
-¿Qué haces, princesita?-¿En Nueva York todos tienen que poner apodos bonitos?-. No importa. Si no quieres que le hagamos nada, más te vale colaborar.
-¿En qué?-me pongo en pie y cruzo los brazos sobre el pecho. Él se acerca a mí, ya que estamos a unos cinco pasos, aun así, sigo en mi sitio. Se acerca demasiado, estamos a medio paso, pero sigo donde estoy.
-No sabes cuánto tiempo he esperado para decírtelo en persona.-me pone un mechón de pelo detrás de la oreja.
-¿Quieres dejar de hacer acertijos y hablarme con claridad?-sé exactamente que me va a decir, pero muchas veces hago esto, preguntar sabiendo la respuesta, una costumbre mía.
-Recuerdo que en quinto de primaria, pegaste a un chico. Se metió con tus mejores amigas y empezasteis a discutir. Tú le amenazaste con pegarle, pero no te creyó, así que lo hiciste.
-¿Por qué me cuentas esto?-es bastante más alto que yo, así que tengo que mirar bastante alto para mirarle directamente a los ojos. Mide metro ochenta, mientras que yo mido metro setenta, diez centímetros de diferencia…
-Me gustaría haber estado en su lugar, haber recibido un puñetazo tuyo, haber ido contigo al despacho del director y haber recibido tu abrazo, aunque hubiera sido de mala gana.
-¿Cómo sabes eso? Solo se lo conté a mis mejores amigas y el chico no se lo dijo a nadie.
-Te parecerá que estoy loco, pero te espié –sí que me parece que está loco-. Desde que llegaste no he podido dejar de pensar en ti. Te espiaba continuamente, no tenía amigos…-parece haber un ápice de pena en él, pero desaparece rápidamente-. Me colé por los conductos de ventilación que daban al despacho del director, los había estudiado para ver qué hacías continuamente. Vi ese abrazo de mala gana, y te vi en clase cuando te tocó en un trabajo de pareja con él. Siempre estabais tensos cuando trabajabais juntos. Siempre te estaba mirando, pero tranquila, solo en el colegio y a veces por la calle. ¿No es lo más romántico que has oído nunca? Me enamoré de ti desde que te vi, te espiaba continuamente…-doy un paso atrás. ¿No es eso acoso? Si el acoso le parece romántico allá él, a mí me da miedo.
-Me da miedo. ¿Estuviste espiándome? Que sepas que yo no soy de las románticas.
-Lo sé, te espié, ¿recuerdas?-me dice.
-Mejor cambiamos de tema. ¿Qué quieres que haga? Te ayudaré depende de lo que sea.
-Quiero que trabajes con nosotros, somos Julius Cools. Te explico, somos humanos, persona con poderes (como tú), y Julius planeando acabar con la W.V.M. Quieren exterminar a los Julius porque son de otro planeta.
-Vamos que sois hippies que no tenéis razón. Los Julius asesinaban a gente, John. ¿No lo entiendes? La War Versus Monsters se creó por ellos. Porque mataban a humanos como tú y como yo.
-Los mataban porque eran malas personas.-se queja John.
-Me da igual, tenían los mismos derechos que cualquier otra persona.
-No pienso seguir discutiendo esto. ¿Dices que no? Pues haz lo que quieras –hace una pequeña pausa-. Una pregunta, ¿quieres salir conmigo?
-¿Estás de broma? ¡No! Tú quieres matar a toda la agencia en la que trabajo, me espías… ¿Esperas que salga contigo después de todo esto?
-Da igual todo si nos queremos. ¿Acaso no pudieron vivir juntos Romeo y Julieta? Yo soy Romeo-John y tú Juliette.
-Romeo y Julieta acabaron muertos, además no te quiero.-parece que he herido a John, pero no le quiero, mucho menos como novio.
-Dentro de un tiempo verás que me quieres.
-Dentro de un tiempo te pegaré una bofetada, ¿qué digo, por qué no ahora?-le pego en toda la cara una bofetada.
-Es por los chicos, ¿verdad?-me dice susurrando.
-¿Qué chicos?- por una vez me ha pillado desprevenida y no sé a quién se refiere.
-Uno de los que está ahí inconsciente. ¿Cuál es? ¿El rubio de ojos azules? ¿O el moreno de ojos marrones?-me pregunta un poco enfadado.
-¡No me gusta ninguno! ¡Me caen bien, pero no me gustan!
-Era por saber con quién empezar.-masculla.
-¿Con quién empezar de qué?-temo lo que me pueda decir.
-Con esto-saca una pistola de su chaqueta a la vez que los dos se despiertan a la vez-. Empezaré por el rubio, parece más atractivo.
-¡No!-chillo y me salto a la vez que la bala que me da en la pierna.
-¡Juliette!-chillan los dos hermanos.
A lo lejos oigo la voz de John.
-¡Tranquila, mi amor!
-No soy tu amor.-cuando se acerca a mí le pego una patada con la pierna buena.
Le doy en las piernas y cae. George y Will aprovechan para atarle las manos con una cuerda que hay tirada y le duermen con un puñetazo.
-Juliette, ¿estás bien?-es lo último que oigo de George antes del fondo negro.

Abro los ojos y estoy en una camilla. Es un ambiente de hospital, pero no parece del todo un hospital. No hay ningún sillón ni una televisión para los ingresados. Solo hay betadine y otros productos para curar sobre estanterías. Parece una enfermería.
Justo entonces abren la puerta. Es una mujer de unos treinta y pocos años. Lleva una bata de médico y el pelo recogido en un moño mal hecho.
-Buenas noches, soy Tiana, una de las enfermeras de la agencia -¿Buenas noches? ¿Es de noche?-. Te dispararon en la pierna, pero estás mejor, si quieres puedes salir a cenar.
Me levanto sin decir nada y noto un tirón en la pierna.  Me la miro y aun tengo un agujero en el pantalón con sangre.
-No quise quitarte la ropa, por si te molestaba. Por si lo piensas, hago lo mismo con todos mis pacientes, no solo contigo.-supongo que quiere demostrar que no me tiene miedo.
Ahora que lo pienso, ¿pantalón largo? Yo llevaba unos shorts, no unos pantalones largos. Además llevo otra camiseta, una de manga larga. Los pantalones son vaqueros y la camiseta es gris sin estampados.
-Dices que no me has cambiado, pero llevo puesta otra ropa.-comento.
-Perdóname, la ropa estaba manchada de sangre y pensé lavarla, no era con mala intención…-me tiene miedo.
-No importa, pero para la próxima vez no me mientas.-asiente con la cabeza y salgo de la habitación.
Sigo por un pequeño pasillo con puertas a los laterales, pero yo salgo por la que está al fondo, en frente mío. Fuera está el comedor. Odio lo que ocurre.
Todos se callan y un silencio abrumador envuelve la sala. Miro a ambos lados y luego dirijo la mirada al suelo. Camino hacia la fila de la comida y todos los que estaban se apartan y los cocineros me sirven la comida rápido. Ahora no estoy para chillar, así que cuando me dirijo a la mesa con mis amigas, a mitad de camino susurro avergonzada:
-Os agradecería que no os callarais cada vez que entro en una habitación.-obedecen al instante y todos siguen haciendo lo mismo que hacían antes de que yo llegara.
Continúo andando. Antes no los veía, pero ahora sí que los veo. Están mis mejores amigas hablando tranquilamente con Will y George. Se han sentado en la misma mesa que nos hemos sentado esta mañana Will, George y yo.
-Hola chicos.-les saludo alegremente. Intento ocultar la tristeza que llevo dentro.
Estoy triste porque ahora sé que me consideran un monstruo, toda la agencia, incluida la enfermera y los cocineros. También me da pena John, aunque me da más miedo que otra cosa. Me dio pena cuando le dije que no le quería, pero sigo pensando lo mismo sobre él, lo odio.  Aunque aún no estoy muy convencida de que sea verdad todo este romance.
-Hola.-me saludan los cinco a la vez. Me siento al lado de Rose. Ellas me cuentan lo que han hecho hoy.
-Ha sido todo muy aburrido, ya ves. Pero tú, ¿qué tal tu primera misión?-me dice Rose.
-Fatal. Me han pegado un tiro en la pierna, he averiguado cosas que no quería que fueran ciertas –con esto me refiero a lo de que John me quiere y todo eso- y se ha hecho realidad una de mis peores pesadillas.- Ahí me refiero a lo del baile y San Valentín…
-¡Muy divertida, en general!-aplaude Jessica.
-Al menos nos ha salvado la vida. –Will me pone la mano en el hombro.
-A mí me has salvado de un tiro en la cabeza.-me dice George.
-Solo hice lo que me parecía conveniente. Cualquiera habríais hecho lo mismo.-no miro a nadie, miro a mi plato y revuelvo los guisantes con el tenedor.
-Aunque haya un herido, no hay ningún muerto.-concluye Anna.
-Deberíamos subir a nuestros cuartos.-les quiero contar a Anna, Jessica y Rose todo lo que ha pasado.
-¡Pero si no has comido nada!-exclama Will.
-No tengo hambre. ¿Subís, chicas?
Vaciamos nuestras bandejas y vamos al ascensor. Los chicos se han quedado en su sitio porque querían acabar la cena.
  Una vez en mi habitación, nos sentamos Anna y yo en la cama, y Jessica y Rose en el suelo.
-En la misión he averiguado muchas cosas.-les digo.
-¡Cuenta, cuenta!-exclaman a la vez
-Primero, solo tenemos cuatro fiestas. Año nuevo, Vacaciones de Verano, Navidad y San Valentín. Lo horrible, es que en San Valentín hacen un baile obligatorio en el que, también por obligación, tenemos que ir chico y chica juntos-las tres chillan de horror. A ellas les gusta ir guapas y todo eso, pero lo de chico y chica…-. Otra cosa horrible es que… Le gusto a John Jules.
-¿El que iba a clase con nosotras?-pregunta Jessica y yo, asiento.
-¿El que iba siempre solo por el patio?-consulta Rose.
-El mismo.-respondo.
-¿Dónde lo has encontrado?-me pregunta Anna extrañada.
-Pues ahora resulta que es un tío guaperas jefe de una banda que quiere destruir a la W.V.M., que me ha querido desde que me vio, que me ha espiado en cada momento de mi vida y que encima, me pide que sea su novia.- les explico enfadada.
-¿Guaperas, dices?-dice Rose de broma.
-Muy graciosa, Rose. Ya verás la gracia que te hace cuando te pase.-respondo.
-¿Quiere destruir la W.V.M.?
-¿Y encima tiene el morro de pedirte salir?-ahí está Anna acabando las frases de Jessica.
-Por lo visto, sí.-respondo.
-¿Y si vamos a la cama y mañana hablamos de esto?-propone Rose.
-Sí, casi que mejor.-respondemos al unísono las tres.

Cada una se va a su cuarto. Yo me pongo un pijama muy mono de un cupcake y me meto en la cama.

Mi futuro libro XVIII

Capítulo 18   La lucha final
Salieron corriendo y Linda intentaba simplemente dañar a todos los guardias que se interponían en su camino. Ya había cogido la mochila, el arco, las flechas y la espada. Avanzaban rápido por las estrechas escaleras de caracol.
Por fin llegaron arriba. La princesa oyó que alguien gritaba que había fuego, se acercó a un balcón y vio a un montón de saqueadores quemando cosas. De repente se encontró con unos ojos irreconocibles, preciosos, pero odiosos. Entonces los labios de la chica soltaron casi en murmullo:
 -Jessie.-sus ojos ardieron de furia mientras veía a la muchacha reír. Estaba muy enfadada. Había colmado la gota del vaso.
Se fue corriendo al salón real y sus amigos la siguieron mientras corrían le preguntaban a Linda.
 -¿A dónde vamos?-era Evan.
 -A pedir ayuda al rey.-respondió mientras seguía corriendo mientras sus amigos la seguían.
 -¿Me tomáis el pelo?-preguntó Beatrice-. Jamás nos ayudará.
Linda se paró. Pasó un segundo y se dio la vuelta. Vio a Evan y Beatrice sudando. Les estaba metiendo demasiada presión. Se intentó calmar y dijo:
 -Esta no es solo nuestra lucha. También es la de Mister Hayes. Están destruyendo su poblado, nuestros enemigos. Su tierra. Nuestra culpa. Ellos nos siguieron. Solo somos cuatro y Kyle creo que no sabe manejar bien la espada. Jessie ha traído a unos cincuenta saqueadores. Debemos pedir ayuda al Señor Hayes.-sin dejarles responder siguió corriendo. La chica corría demasiado rápido y no la podían alcanzar.
 -¡Mister Hayes! -exclamó Linda. El rey estaba en su trono despeinado y con la mano en la frente.
 -Mis guardias no están preparados para esto. Nunca pensé que podría pasar. Estoy arruinado-murmuró para sí. De repente se percató de la presencia de los chicos-Hola. No estoy de humor. Marchaos.
 -Venimos a ofrecerle ayuda.
 -¿Solo vosotros? Sí que estamos bien… Un ejército horrible, una princesita, un escudero y una… muchacha.
 -Puedo luchar mejor que todos los hombres de su ejército-dijo Linda indignada-. Además soy… Especial. Por favor, présteme a su ejército.-pidió Linda.
 -Está bien. Total, vamos a morir todos tarde o temprano. Aunque seguramente sea temprano con este mal ejército.
 -Confiad en mí.-respondió Linda con una sonrisa en la cara.
    Por fin estaba preparada. La batalla estaba preparada. A Evan y  Beatrice les dieron arco y espada. El rey le prestó a Linda ochenta hombres armados hasta los dientes. Eran los mejores que tenía el pueblo, pero no eran los mejores en el mundo, país e incluso región. La mayoría eran bastante malos.
 -¡Preparados!-chilló Linda. La primera iba Linda, con un casco y una gran armadura, como todos. En medio de la primera fila iba Evan y Beatrice. Las filas eran de diez personas, lo que dejaba ocho filas.
Y ya estaban preparados. Era la primera verdadera lucha de la mayoría. Los más jóvenes temblaban, los que tenían más experiencia simplemente sudaban.
Todas las personas restantes que no eran saqueadores se metieron en el castillo.
Linda chilló y luego su ejército la siguió. Corrieron hacia los saqueadores que también iban en filas organizados.
La lucha había comenzado. Se oían espadas contra espadas gritos de guerra, choques contra el suelo y más sonidos típicos de la guerra. Era horrible.
 Dentro del castillo estaba Kyle mirando por horrible que fuera. Allí estaban sus amigos. Era cierto que no sabía manejar la espada, pero no podía quedarse dentro. Durante ese viaje se había vuelto menos vanidoso y más caballero. Aquellos amigos de verdad le habían cambiado.  
   El chico estaba reflexionando, estaba solo en un gran balcón viendo como un montón de personas morían. Cada muerto sumaría un llanto más en cada familia. Al pensar en todas las lágrimas que se derramarían cuando acabara y mientras pasaba, se puso a llorar.
 -Sé que esto me convierte en una doncellita, pero no puedo resistir he de llorar. Lo siento, madre. Lo siento padre. Lo siento hermana. Os he fallado.
 -No nos has fallado, Kyle-apareció su padre detrás de él-. Ahora sé que soy un buen padre. Que mi hijo no será escrupuloso cuando reine.
Le abrazó como un padre oso a su osezno. Kyle le soltó y miró hacia la lucha.
Se veía un montón de cuerpos en el suelo. El suelo se teñía de rojo por momentos. También se veían llantos de guardias que no podían más y se apartaban a un lado. De repente Kyle vio como mataban a los que lloraban en el suelo sentados y sintió pena. Al instante vio una figura elevándose con unas grandes alas de ángel. Una mujer salió al balcón.
 -¡Es un pájaro gigante!-chilló.
 -¡Es un ángel!-exclamó el rey.
 -Es Linda.-dijo Kyle con una sonrisa en la cara.
La figura bajó muy rápido y mató veinte bandidos de vez. Luego se acercó al balcón y el rey y la mujer se fueron corriendo.
 -Solo… nos quedan…unos  veinte.-dijo entre jadeos.
Kyle le acercó la cara y le besó los labios. Sus cálidos labios. Linda se dijo así misma que era el momento más feliz de su vida. Kyle, el hombre que amaba, la había besado. Era un beso tierno y cariñoso, pero no surgió una chispa cuando ocurrió. ¿No era ese el momento más romántico que ocurriría en su vida? ¿Por qué no era perfecto? Linda no pensó en ello. Tenía que proseguir su lucha.
 La muchacha sonrió y se ruborizó.
   Evan desde su ángulo de vista lo vio. Cogió un papel y una pluma y escribió una nota. Sabía que ahora, no tenía un objetivo fijo. Antes quería ganar la lucha por Linda, pero veía que no había marcha atrás. Un bandido le vio ahí tirado, escribiendo una carta de amor. Le iba a matar pero dijo:
 -¡No, por favor! Concededme dos minutos más, luego me podréis matar.-vio que era un hombre de palabra así que esperó.
El chico tiró la carta al suelo, luego se puso en pie y se entregó. El bandido no quería matarle, era muy noble. Intentó no clavarle la espada muy a fondo. Se la clavó en un lateral.
Linda ya estaba en la lucha y siguió matando bandidos.

Kyle experimentó muchos sentimientos después de ese mágico momento. Aquel besó le había reducido la mayoría de los más horribles pensamientos. Seguía sintiendo pena, pero ahora solo pensaba en Linda. Todos los sentimientos ahora se centraban en la chica. Amor. Se había enamorado al ver a la chica volar. Era la primera persona que amaba en realidad.