viernes, 14 de agosto de 2015

El ojo de Horus XIV

Capítulo 13 Mi horrible misión no es tan horrible…
Ahora mismo estoy tumbada en mi cama. No me he tapado con las sábanas ni me he puesto el pijama. No tengo la intención de dormirme, la verdad. La última vez que miré el reloj eran las once y cuarto, pero eso fue hace media hora. Por cierto, si os lo preguntáis, no he hecho nada en mi habitación desde que he llegado excepto tirarme a la cama y contemplar el techo sin desviar la mirada ni una vez.
Tengo mucho de qué pensar. Por ejemplo; ¿Jason es un buen chico? No lo sé muy bien, porque la primera vez que le vi me dio mala impresión, pero aún no lo conocía bien. Ahora veo que es bastante sentimental. En su mente, he visto que ha leído numerosos libros románticos. También he visto que antes de que llegara yo, soñaba todas las noches con que una chica sin rostro se le aparecía delante suyo, y juntos, vivían una historia de amor. También he visto, que las dos noches que llevo aquí, soñaba con que esa chica era yo. Un poco tenebroso… Yo también he leído libros que salían romances, pero más bien, me fijaba en la acción y la aventura.
Otra cosa que he de pensar es en lo que siento ahora mismo. No me aclaro mucho. Además, sé que hay tres chicos que buscan estar al lado mío, lo malo, es que no sé el tercero. Ojalá lo supiera… Aunque tampoco me apetece mucho andar por ahí evitando a la gente, ya me basta con evitar a dos, como para evitar a tres. Ahora que lo pienso, de pequeña sentía un cosquilleo en la nuca. Probablemente John.
También, si me hicieran a elegir entre Jason y John, elegiría a Jason. Me da un poco de miedo, pero no tanto como el chico que le gustaría que le hubiese pegado y que me espiaba. Una de las razones por las que quiero averiguar quién es la tercera persona, es por saber si tengo mejor opción.
Pues ya veis, así llevo desde que he llegado de la biblioteca. Pero se me cierran los ojos…

Un pitido me despierta. Miro mi reloj y veo que son las siete. Seguramente me hayan puesto el despertador antes para la misión. Supongo que a las siete y media tendré que bajar, así que me preparo.
Saco de mi armario unos pantalones vaqueros largos, una chaqueta vaquera más oscura que el pantalón, debajo de la chaqueta una camiseta blanca y los zapatos tienen un pequeño tacón y son marrones clarito. Me pongo una trenza que me saco de la chaqueta.

Estoy cogiendo bandeja en el comedor. Me he aseado y he usado el baño. Elijo lo mismo de todos los días y me siento en una mesa en una esquina.
Hay unas tres personas y dos agentes, pero como esas personas son “pegamentos cobardes”, así que me siento sola.
Todo iba perfecto hasta que entró él. Coge la comida y se acerca a mí.
-Hola, preciosa.-me saluda Jason.
-Deja de llamarme así-le doy un sorbo al cola cao-. Y vete con tus amiguitos a hablar de cosas de quinceañeros.
-A esos tres no los conozco de nada, tienen un par de años más que nosotros-desvía la mirada hacia ellos, pero luego vuelve a mirarme-. Además tengo que explicarte la misión, dentro de media hora saldremos, así que no nos da tiempo a pasar por la sala de reuniones.
Suspiro y él se sienta en frente mío.
-La misión consiste en espiar a un hombre sospechoso.-explica.
-¿Todas las misiones son de espiar?-pregunto.
-No, escucha. Vamos a Central Park a investigar a Erick Steel. Trabaja vendiendo perritos calientes, pero creemos que es un Julius. Varias veces se le ha visto haciendo cosas extrañas…
-Pero, ¿si ya tenemos pruebas, para que buscar más?- es lógico.
Se me olvidó decíroslo, pero yo creo que los Julius usan algún poder para cambiar su aspecto, si no, se les reconocería.
-No buscamos pruebas, solo que han descubierto que iba a quedar con John.-contesta.
Odio a Cameron Tanner. Primero me manda a una misión (yo sola) con una de las dos personas que más odio en el mundo, encima, a espiar a la otra persona que más odio en el mundo.
-No voy a ir.-digo mirando a la pared.
-Tranquila, no nos descubrirá, no esta vez. Soy bastante discreto.-me intenta tranquilizar, pero no puedo en estos momentos.
-¡No quiero ir! –me doy cuenta de que tengo que calmarme. Ha puesto una cara bastante asustada-.  Lo siento, continúa.
-Ya está –responde-. Eso es todo, solo tenemos que escuchar su conversación sin que nos descubran. ¿Ves como no es para tanto?
-No –digo comiéndome mi croissant-. No es para tanto.

El desayuno ha sido bastante agradable para haber estado solamente con Jason. He tenido mala suerte, porque  justo cuando iba a salir, han entrado Will y George.
Ahora estoy eligiendo pistola.
-¡Quiero esta! El otro día con Will y George cogí esta.-alzo la pistola y se la enseño a Jason.
-De acuerdo –suspira y coge una pistola bastante grande-. Por cierto, ¿con quién vas al baile?
-Con George.-respondo con una voz queda.
-¿Qué dices? Has hablado tan bajo que no te he oído.-coge un par de balas y se las mete en un bolsillo pequeño de su chaqueta de cuero.
-Con George.-repito alzando un poco más la voz.
-¿Ese quién es, el rubio, o el moreno?
-El rubio.-Oigo a Jason murmurar algo, pero no sé el qué.
-¿Por qué con ese? ¿No es demasiado guaperas para ti?-sé que me está gastando una broma, pero no me sienta bien.
-No todos los chicos guapos son insoportables.-cojo unas diez balas y me las meto en un bolsillito pequeño imitando a Jason.
-¿Él te parece guapo? –parece molesto-. ¿Yo te parezco guapo?-me mira a los ojos directamente. Ahora mismo no temo que me bese porque estamos bastante lejos.
-¿Qué te importa quién me parezca guapo a mí? Además, un amigo mío muy inteligente me dijo una vez “No solo porque una persona sea guapa te tiene que gustar”.-no quiero decir su nombre, George.
-¿Ese amigo es George?-¡Qué me deje en paz!
-¿Esto se mete aquí?-pregunto cambiando de tema. Me meto la pistola en un bolsillo de mi chaqueta.
-Trae-coge mi pistola y un cinturón que hay encima de una mesa. Me mete el cinturón por los agujeritos que hay para meter el cinturón (no sé muy bien cómo se llaman) y me ata la pistola al cinturón de una forma extraña-. Así mejor.-lo que más me irrita es que lo ha hecho de un modo un tanto cariñoso. ¡Puaj!
-¿Cómo iremos a Central Park?-pregunto.
-En moto. Sé conducir-salimos de la sala de armas, y él se sube a una moto y la pone en marcha con unas llaves. Se pone un casco y añade-. ¿Subes?
Sin pensármelo dos veces, me monto en la moto y me pongo un casco que hay en una vitrina. Le rodeo el cuerpo con los brazos, y lo último que digo antes de nuestro viaje es:
-Esto no quiere decir nada.

La luz no me daña los ojos, pero sí el ruido. Oigo los cláxones de los coches sonar con fuerza y a lo lejos, veo que ha habido un choque de cinco coches.
-Genial, atasco.-Jason pulsa un botón y la moto se eleva unos centímetros del suelo.
-¿Qué haces? ¿Vamos a ir volando?-no tengo miedo a las alturas, pero me ha pegado un susto.
-Si queremos llegar sí-pulsa otro botón, pero no ocurre nada-. Sirve para que nos hagamos invisibles.
Entonces se me ocurre una idea.
-¿Puedes subir tan alto como las nubes?-vale, quedaba mejor en mi cabeza.
-“”Como desees”, es lo que siempre contestaba él. Un día descubrió con asombro que cuando él decía como desees, en realidad significaba: te amo.”-responde Jason. La moto sube a más velocidad hacia arriba.
-Deja de recitar la princesa prometida –esa película la vi muchas veces de pequeña, siempre me gustó. También me aprendí todas las frases famosas, que no eran pocas.-. No flirtees conmigo.
-Como desees.-quiero pegarle.
La moto deja de subir, cuando miro hacia arriba y hacia abajo. Estamos a miles de pies de Nueva York, por lo que veo hacia abajo. Al mirar hacia arriba, cojo aire. Tengo las nubes al alcanzar de mi mano. Las nubes forman una especie de barrera para que no podamos subir más, pero no hace falta. La barrera se extiende hacia adelante y hacia detrás.
Lentamente, levanto una de mis manos (no puedo levantar las dos porque estoy agarrada a Jason, por mucho que lo odie, ahora es lo único que me hace sentir segura) y toco la nube, suave y dulce. Cierro la mano y la vuelvo a abrir. Así muchas veces, hasta que Jason me dice:
-Esto te gustará, preciosa. No bajes la mano, ¿eh?-corre con la moto muy rápido.
-¡Yuju!-exclamo. Es precioso.
Sin querer, leo la mente de Jason.
“Es preciosa. Mira cómo se divierte tocando nubes. Las oscuras pupilas se le aclaran con la luz del sol. Ojalá no me odiara. Eso me pasa por ser tan cretino…” Me giro y le veo mirándome.
-Lo siento, no pretendía…-se da la vuelta.
No me culpéis por lo que voy a hacer, me da pena. No quiere decir que me guste.
Le agarro de la barbilla y le giro la cabeza. Con cuidado y despacito, me acerco a sus labios. Le agarro la barbilla con las dos manos y le beso. Es un beso de unos tres segundos, cuando lentamente, le aparto.
-No quiere decir nada.-vuelvo a repetir la misma frase de antes.
Él, asiente y se da la vuelta.

-Será mejor que vayamos ya a Central Park.-la moto asciende. No le veo la cara, pero supongo que está sonriendo. 

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