Capítulo
17 La revelación
Las imágenes que aparecieron eran del antiguo Egipto.
Hombres y mujeres campesinos trabajaban sin cesar. Niñas y niños iban a por
agua a al río. De repente la imagen se movió a la izquierda y apareció un gran
palacio; era el palacio más hermoso que los chicos habían visto nunca, incluso
más que el del Señor Hayes. Tenía grandes y robustos pilares, ventanas amplias
y balcones. Había un gran jardín delante del palacio; tenía todo tipo de
árboles: Palmeras Datileras, Vides, Granados… También tenía en el centro un
gran estanque rectangular. Tenía plantas acuáticas.
Las imágenes se fueron metiendo dentro del patio y al final
dentro del palacio. Fueron a unas escaleras y bajaron por ellas hasta el sótano
abajo del todo y se metieron en una habitación. Había un viejo mago egipcio
revolviendo un gran caldero. Entonces el
mago comenzó a contar:
“Vos sois su descendiente, la descendiente del gran mago
Barbarás, Linda. Y aquí comienza la historia. El mismísimo faraón le pedía
recados y todos los cumplía, pero un día tuvo un gran accidente; se le cayó de
una balda un humo que podía dormir a la gente, sucedió mientras hacia una
poción. La poción era de una rejuvenecedora sin terminar, aun le faltaba meter
una mitad de manzana, que, aunque no lo parezca, es muy importante. Cuando se
le cayó, se durmió y tiró el caldero. Rejuveneció demasiado. Sin la mitad de
manzana se rejuvenecía hasta la pubertad
y no solo eso, también se le metió magia en el interior al inhalar el
humo. Fue un golpe de suerte, porque así pudo empezar de cero. Gracias a eso,
al llegar a los dieciocho, se casó con una mujer muy guapa y tuvieron un hijo,
pero la mujer murió nada más nacer el niño y nunca nadie supo por qué. Y
gracias a esa poción estáis aquí, Linda. Vos y el amuleto.”
-¿Pero y el amuleto,
cuando entra?-preguntó Linda
-Paciencia, querida,
paciencia-dijo Peter.
“Al nieto del mago,
no le caía bien el faraón, así que pidió a un herrero que le creara el amuleto
con un mensaje escrito en él. No se sabe traducir, así que no se sabe el
mensaje. Después de tenerlo creó una poción para hacerlo mágico. Su poder sería
provocar una enfermedad que matara al faraón, pero invirtió más agua de la que
debía y el amuleto se convirtió en una máquina destructiva. Su mujer se enteró
y se enfadó tanto que decidió irse a vivir a otro país para que no le pasara
nada malo al faraón, el faraón era su primo, por eso le defendía. La pareja se
fue a vivir a Reino Unido. La mujer ordenó a su marido que destruyera el
amuleto, porque si caía en malas manos podría ser horrible, pero el hombre se
guardó el amuleto y lo escondió en un cajón, por si alguna vez lo necesitaba.
Pasaron los años cuando adoptaron a tres niños, a una la encontraron perdida en
el bosque, otro se lo dio su amigo porque no podía cuidarle y otro se escapó de
su casa porque sus padres le maltrataban. Nada más nacer su único hijo
biológico murió la mujer y nadie entendió por qué. Justo antes de morir ella,
el antiguo mago le dio a su hija más mayor el amuleto y le explicó el poder que
conllevaba. También le explicó que todas las mujeres de la familia estaban
malditas a morir nada más concebir a un niño. La muchacha, ya mujer lo
comprendió, pero cuando se casó no le explicó a su marido lo que pasaría cuando
naciera el niño así que murió y él, no supo por qué. El amuleto también se lo
dio a su esposo y le dijo que era muy importante para ella y que debían
conservarlo durante generaciones. Así ha llegado hasta vos y por eso ni vuestra
madre ni vos sabíais su poder, pero ahora que está muerta, lo sabe.”
-¿Cómo se
usa?-preguntó impaciente Linda-¿Y mi magia?
-El amuleto es el más
fácil, tienes que pronunciar un conjuro. Tu magia en cambio es más complicada.
Tienes que encontrarla dentro de ti. Por ejemplo, intenta levantar esta pluma.
Sacó una pluma de un cajón que tenía y la dejó en el suelo. Linda extendió las
manos y pensó:
“Voy a levantar esta pluma, voy a levantar esta pluma.”
Pero la pluma no se movió.
-Si no lo deseáis de
verdad la pluma no se levantará. Echadle fuerza.-le dijo el mago.
Cerró los ojos y puso toda su fuerza sobre ella. Se elevó
unos pocos centímetros del suelo. Cuando los abrió, vio que seguía en el aire,
cada vez subiendo más.
Entonces pensó en sacar la espada de su espalda. Esta vez no
le hizo falta extender los brazos, simplemente cerró los ojos y pensó en ello.
La espada volaba. La chica extendió la mano y dijo:
-¡Funciona! Peter, ¿sabéis
si puedo hacer más cosas?
-Leí un libro sobre
aquello… Ponía que las dos, y solo dos únicas personas con magia tenían cada
una tres poderes. La persona de Inglaterra podía levantar cosas o personas con
la mente, podía crear fuego y podía extender unas preciosas alas similares a
las de los ángeles y volar. La persona de Irlanda, era más poderosa: una fuerza
descomunal, controlar la mente de las personas y muerte. Puede matar a quién
sea. Desde donde fuera. A su familia le ocurrió algo similar a la vuestra, solo
que un poco más potente. Pero no son solo esos vuestros poderes, si os
esforzáis podréis hacer más cosas. De pende de la concentración.
Linda se concentró en echar un poco de fuego sobre el suelo,
pero Kyle le distrajo y echó el fuego sobre las botas del chico. Luego, les
echaron un poco de agua y se apagaron. Linda le pidió perdón y se concentró en
sacar unas alas de ángel. Sacó unas alas de metro ochenta, que la chica podía
controlar. Probó a volar elevándose unos centímetros sobre el suelo, pero no
demasiado como para darse contra el techo bajo.
-Cuidado Linda, si se
dañan vuestras alas, vos también os dañáis. Podéis recogerlas cuando queráis,
pero mientras estén en vuestra espalda, forman parte de vuestro cuerpo. Si os
las cortan sentiréis lo mismo que si os cortan un brazo, pero luego las podéis
volver a sacar.
Linda recogió sus alas. De repente empezaron a aporrear la
puerta con un ariete. Puesto que la puerta era muy floja, la rompieron
fácilmente.
-El rey os quiere a
todos en la cárcel. Ya.-gritó un guardia muy enfadado. Linda lo reconoció
perfectamente, era el guardia al que le había pegado. Acto seguido el guardia
se fue tocándose la tripa, pero seguían rodeados por un montón de guardias.
La princesa levantó su espada con la mente y la cogió con la
mano. Un guardia muy fuerte le tiró la espada, el arco y las flechas al suelo.
-Señor Laurent, ¿estáis
bien?-preguntó un guarda muy delgaducho que tendría unos diecisiete años.
-La verdad me han
torturado bastante para sonsacarme información, ¿Eso es estar bien?
Los chicos le miraron con la boca abierta. Beatrice se
acercó a él y le susurró al oído:
-¿Pero que hacéis?
-Tranquilos es un
plan. Contádselo luego a los demás.-fue la respuesta.
-¿Qué le ha dicho,
señor Laurent?-le preguntó el guardia flacucho.
-Me estaban
sobornando, yo me he negado.
A Beatrice le costaba creer que fuera un plan. Se llevaron
agarrados por detrás a los tres chicos, mientras que a Kyle le preguntaba un
guardia lo ocurrido. El chico por una vez fue inteligente y le explicó que
estuvieron preguntando al mago y que no respondía, esas preguntas eran muy
importantes para ellos y no revelaban nada embarazoso de nadie ni cosas por el
estilo, y al final le torturaron, pero no cedió.
Los chicos sonrieron al oírle. Linda, Evan y Beatrice
estaban muy orgullosos de él. Por una vez había usado la cabeza, veían cómo
había cambiado desde que comenzaron el viaje.
Llegaron al mismo salón real donde el rey les esperaba
sentado. Una ruin sonrisa surcaba su boca de comisura a comisura. Sus dientes
relucían mostrando uno de ellos de oro. Sus ojos brillaban con la tenue luz del
día. Era la imagen del malvado perfecto…
-Vaya, vaya. Doña
maga, don traidor y… No se me ocurre nada. ¡Ya lo sé! Doña no os conozco. Por
no olvidar a mí adorado Kyle. Querido, ¿qué has hecho esta vez? No vuelvas a
seguir a unos desconocidos. ¡Aunque haya alguno que conozcas de toda la
vida!-dijo refiriéndose a Evan.
-Lo siento padre…-respondió mientras se ruborizaba.
-Me basta tu disculpa. A los demás encerradlos en el
calabozo. ¡Ah! Y no os olvidéis de quitarles las alforjas.
Les quitaron las alforjas, la espada, el arco y las flechas
y se fueron hacia las celdas. Por suerte, Linda consiguió meter el amuleto
dentro del vestido… Al llegar a los calabozos vieron a bastante gente
suplicando comida y que les sacaran de allí. Al grupo los metieron todos juntos
en una celda. Gran error… Mientras estaban en la celda, los guardias
registraban las mochilas en busca del amuleto, mientras tanto los chicos
hablaban en voz baja.
-Chicos, ¡tengo una
gran noticia!-dijo Linda.
-¿En serio? ¿Una
buena noticia? Como si pudiera haberla.-respondió Beatrice desanimada.
-Seguramente os
parece buena, ¡tengo aquí el amuleto!
-¡Enseñádnoslo!-exclamó
Evan.
Linda les mostró el amuleto. De repente, un par de guardias
aparecieron y Linda escondió el amuleto.
-¿Dónde está el
amuleto?-preguntó enfadado un guardia.
-El amuleto… Tiene
gracia, lo perdí en unas cuevas. ¿Cómo se llamaba Evan?-dijo Linda.
-Cuevas de la
belleza. Y si no nos creéis, mirad el mapa. Lo perdimos en el camino…
-Sé que mentís,
¿dónde lo tenéis?-el guardia agarró los barrotes con las mano y de tanto
apretar, se le quedaron los nudillos blancos.
-Ya os lo he dicho.-añadió
Linda cruzándose de brazos y apoyándose en la pared. Procuró estar relajada.
-¡Ya está bien!-gritó
el guardia.
Entonces por la puerta apareció el mago.
-¡Lo llevo yo!
Hizo un ademán de dárselo, pero hizo como que se le caía una
cosa de metal dentro de la celda. El guardia abrió la puerta para cogerlo
mientras murmuraba insultando al viejo.
Linda sonrió maliciosamente. En vez de pegar al guardia,
atrajo la espada y la metió por la puerta, no cabía entre los barrotes. El
guardia siguió en su compostura y no se inmutó. Chocaron las espadas hasta que
Linda le clavó la espada en el costado. El otro guardia se fue gritando
pidiendo refuerzos. Mientras, el otro guardia caía hacia delante y teñía el
suelo de rojo.
-¡Linda!-gritó
Beatrice enfadada.
-¿Qué? Es defensa
propia.-respondió.
Beatrice le miró como si le repugnara y se dio la vuelta.
-¡Vámonos! No tenemos
más tiempo que perder. Ya discutiréis luego.-dijo Evan.
Beatrice y Linda asintieron y juntos, se fueron.
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