martes, 7 de julio de 2015

Mi futuro libro XVIII

Capítulo 18   La lucha final
Salieron corriendo y Linda intentaba simplemente dañar a todos los guardias que se interponían en su camino. Ya había cogido la mochila, el arco, las flechas y la espada. Avanzaban rápido por las estrechas escaleras de caracol.
Por fin llegaron arriba. La princesa oyó que alguien gritaba que había fuego, se acercó a un balcón y vio a un montón de saqueadores quemando cosas. De repente se encontró con unos ojos irreconocibles, preciosos, pero odiosos. Entonces los labios de la chica soltaron casi en murmullo:
 -Jessie.-sus ojos ardieron de furia mientras veía a la muchacha reír. Estaba muy enfadada. Había colmado la gota del vaso.
Se fue corriendo al salón real y sus amigos la siguieron mientras corrían le preguntaban a Linda.
 -¿A dónde vamos?-era Evan.
 -A pedir ayuda al rey.-respondió mientras seguía corriendo mientras sus amigos la seguían.
 -¿Me tomáis el pelo?-preguntó Beatrice-. Jamás nos ayudará.
Linda se paró. Pasó un segundo y se dio la vuelta. Vio a Evan y Beatrice sudando. Les estaba metiendo demasiada presión. Se intentó calmar y dijo:
 -Esta no es solo nuestra lucha. También es la de Mister Hayes. Están destruyendo su poblado, nuestros enemigos. Su tierra. Nuestra culpa. Ellos nos siguieron. Solo somos cuatro y Kyle creo que no sabe manejar bien la espada. Jessie ha traído a unos cincuenta saqueadores. Debemos pedir ayuda al Señor Hayes.-sin dejarles responder siguió corriendo. La chica corría demasiado rápido y no la podían alcanzar.
 -¡Mister Hayes! -exclamó Linda. El rey estaba en su trono despeinado y con la mano en la frente.
 -Mis guardias no están preparados para esto. Nunca pensé que podría pasar. Estoy arruinado-murmuró para sí. De repente se percató de la presencia de los chicos-Hola. No estoy de humor. Marchaos.
 -Venimos a ofrecerle ayuda.
 -¿Solo vosotros? Sí que estamos bien… Un ejército horrible, una princesita, un escudero y una… muchacha.
 -Puedo luchar mejor que todos los hombres de su ejército-dijo Linda indignada-. Además soy… Especial. Por favor, présteme a su ejército.-pidió Linda.
 -Está bien. Total, vamos a morir todos tarde o temprano. Aunque seguramente sea temprano con este mal ejército.
 -Confiad en mí.-respondió Linda con una sonrisa en la cara.
    Por fin estaba preparada. La batalla estaba preparada. A Evan y  Beatrice les dieron arco y espada. El rey le prestó a Linda ochenta hombres armados hasta los dientes. Eran los mejores que tenía el pueblo, pero no eran los mejores en el mundo, país e incluso región. La mayoría eran bastante malos.
 -¡Preparados!-chilló Linda. La primera iba Linda, con un casco y una gran armadura, como todos. En medio de la primera fila iba Evan y Beatrice. Las filas eran de diez personas, lo que dejaba ocho filas.
Y ya estaban preparados. Era la primera verdadera lucha de la mayoría. Los más jóvenes temblaban, los que tenían más experiencia simplemente sudaban.
Todas las personas restantes que no eran saqueadores se metieron en el castillo.
Linda chilló y luego su ejército la siguió. Corrieron hacia los saqueadores que también iban en filas organizados.
La lucha había comenzado. Se oían espadas contra espadas gritos de guerra, choques contra el suelo y más sonidos típicos de la guerra. Era horrible.
 Dentro del castillo estaba Kyle mirando por horrible que fuera. Allí estaban sus amigos. Era cierto que no sabía manejar la espada, pero no podía quedarse dentro. Durante ese viaje se había vuelto menos vanidoso y más caballero. Aquellos amigos de verdad le habían cambiado.  
   El chico estaba reflexionando, estaba solo en un gran balcón viendo como un montón de personas morían. Cada muerto sumaría un llanto más en cada familia. Al pensar en todas las lágrimas que se derramarían cuando acabara y mientras pasaba, se puso a llorar.
 -Sé que esto me convierte en una doncellita, pero no puedo resistir he de llorar. Lo siento, madre. Lo siento padre. Lo siento hermana. Os he fallado.
 -No nos has fallado, Kyle-apareció su padre detrás de él-. Ahora sé que soy un buen padre. Que mi hijo no será escrupuloso cuando reine.
Le abrazó como un padre oso a su osezno. Kyle le soltó y miró hacia la lucha.
Se veía un montón de cuerpos en el suelo. El suelo se teñía de rojo por momentos. También se veían llantos de guardias que no podían más y se apartaban a un lado. De repente Kyle vio como mataban a los que lloraban en el suelo sentados y sintió pena. Al instante vio una figura elevándose con unas grandes alas de ángel. Una mujer salió al balcón.
 -¡Es un pájaro gigante!-chilló.
 -¡Es un ángel!-exclamó el rey.
 -Es Linda.-dijo Kyle con una sonrisa en la cara.
La figura bajó muy rápido y mató veinte bandidos de vez. Luego se acercó al balcón y el rey y la mujer se fueron corriendo.
 -Solo… nos quedan…unos  veinte.-dijo entre jadeos.
Kyle le acercó la cara y le besó los labios. Sus cálidos labios. Linda se dijo así misma que era el momento más feliz de su vida. Kyle, el hombre que amaba, la había besado. Era un beso tierno y cariñoso, pero no surgió una chispa cuando ocurrió. ¿No era ese el momento más romántico que ocurriría en su vida? ¿Por qué no era perfecto? Linda no pensó en ello. Tenía que proseguir su lucha.
 La muchacha sonrió y se ruborizó.
   Evan desde su ángulo de vista lo vio. Cogió un papel y una pluma y escribió una nota. Sabía que ahora, no tenía un objetivo fijo. Antes quería ganar la lucha por Linda, pero veía que no había marcha atrás. Un bandido le vio ahí tirado, escribiendo una carta de amor. Le iba a matar pero dijo:
 -¡No, por favor! Concededme dos minutos más, luego me podréis matar.-vio que era un hombre de palabra así que esperó.
El chico tiró la carta al suelo, luego se puso en pie y se entregó. El bandido no quería matarle, era muy noble. Intentó no clavarle la espada muy a fondo. Se la clavó en un lateral.
Linda ya estaba en la lucha y siguió matando bandidos.

Kyle experimentó muchos sentimientos después de ese mágico momento. Aquel besó le había reducido la mayoría de los más horribles pensamientos. Seguía sintiendo pena, pero ahora solo pensaba en Linda. Todos los sentimientos ahora se centraban en la chica. Amor. Se había enamorado al ver a la chica volar. Era la primera persona que amaba en realidad.

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