viernes, 10 de julio de 2015

Mi futuro libro XIX

Capítulo 19   ¡Seréis tonto!
Amor. Eso era lo que Kyle sentía en ese momento. Linda también sentía amor, pero estaba un poco decepcionada. El beso no había sido tan mágico como pensaba. ¿Sería que en realidad no amaba a Kyle y se estaba engañando? ¿O es que no existe la magia del amor? Linda tenía sus dudas, y le daba miedo averiguar cuál era cierta.  
La guerra había acabado y Beatrice y Linda buscaban a Evan. Habían sobrevivido treinta guardias y ningún bandido. O eso creían…
Linda vio un rostro conocido, pero no tenía expresión alguna y estaba tendido en el suelo.
Evan.
La princesa corrió hacia él y empezó a llorar y sollozar. Entonces Beatrice cogió la nota en el suelo que estaba manchada de sangre.
 -Aquí pone Para Linda.-dijo Beatrice intentando retener las lágrimas.
Querida Linda:
No busquéis al culpable de mi muerte, soy yo. Le dije a un hombre que me matara.
No podía vivir sin vos. Vos sois lo único que me importa en esta vida. Además, ahora nuestros caminos se separarán, aunque no muera, vos iréis a vivir aventuras y yo, tendré que quedarme aquí.
Sé que jamás podré competir contra Kyle, y lo entiendo.
Ni vos ni Kyle me habéis hecho elegir esta opinión. He sido yo. No os sintáis culpables.
Nunca me querréis, pero yo a vos siempre os quise.
El abrazo y el beso que nunca me daréis, Evan.
Linda recordó todos los momentos que se habían ayudado o divertido juntos; en el puente con la lluvia torrencial, en las cascadas cuando caían, en el baile de las hadas… Siempre había pensado que Kyle era el amor de su vida, pero en ese momento cambió. Se enamoró de Evan.
No se sabe que se tiene un tesoro hasta que se pierde” dijo para sí. Recordó lo que Jack le había dicho en el lago, o más bien, en la ciénaga. Antes le habría parecido una locura decir eso, o si quiera pensarlo, pero lo dijo.
  -Quiero a Evan-susurró. Nadie la oyó-. Y nunca se lo he dicho. Nunca le he dicho que le amo, pero que estaba ciega.-soltó una lágrima.
 -¡Aun respira!-oyó gritar a Beatrice.
Linda se dio la vuelta y gritó:
 -¡Que alguien nos ayude! ¡Evan aun respira!
Kyle oyó eso desde la puerta del castillo y corrió hacia las chicas.
 -¿Cómo que aún respira?-preguntó Kyle. Miró hacia el suelo y sollozó. Él y otro guardia lo llevaron ante el médico.
El doctor lo observó y dijo:
 -Tenemos pocas probabilidades de que sobreviva, pero no perdáis las esperanzas.
Linda se fue corriendo de allí. No sabía a donde iba solo quería huir de allí. Cruzó la puerta del castillo y el puente levadizo. Corrió. Corrió. Y corrió. Estaba muy alejada del castillo y dejó caer sus rodillas sobre el campo verde y luego se tiró.
 -Yo te quería,
Pero no lo sabía.
Yo te amaba,
Pero no lo recordaba.
Ahora me dejas aquí tirada,
Derramando lágrimas sobre mi almohada.
Nunca dejéis escapar nada,
Porque no volverá,                   
No irá un hada,
Ni os lo concederá.
Y yo escribo esta poesía.
Para enseñaros el dolor,
Que es perder a alguien,
Y sin que lo sepas sea tu amor.
Esa poesía se la acababa de inventar ella sobre la marcha, y eso que nunca había escrito ninguna, ni le habían enseñado a hacerlas. El dolor se la había inventado. El dolor y el amor de Linda se la habían inventado. Se puso boca arriba y bajo el sol que se escaparía dentro de unas cinco horas, repetía esa poesía una y otra vez.
   Pasaron muchas horas. Los campos ya no eran verdes sino amarillos, naranjas y rosas. Entonces, oyó algo.
 -¡Linda!-era Beatrice que iba corriendo con lágrimas en los ojos.
 -No ha sobrevivido a la operación ¿Verdad? Mejor no me lo respondáis.
 -Preguntádselo vos misma.-Beatrice se fue y Evan apareció corriendo hacia Linda. Beatrice se fue. Linda se puso de pie y corrió hacia él.
-¡Seréis tonto!-chilló mientras le abrazaba- Sois tonto, tonto, tonto. Si me querías, podías decírmelo, no te hacía falta pedirle a nadie que te matara.
 -Estoy muerto. En realidad esto es un sueño.-le dijo.
 -¿Qué?-preguntó Linda mientras le temblaban las piernas.
 -¡Que no, hombre! –respondió riéndose el escudero.
 -Seréis tonto-susurró.
 -Os he traído la carta que hicimos en el bosque, no sabía que, bueno, me queríais… Quiero que la leáis.
Linda cogió la carta y leyó todas las cosas que ponía sobre ella. Soltó una lágrima.

Agarró su cabeza con delicadeza y se acercó a ella. Suavemente, le besó. Sintió una chispita. Era el beso perfecto. El momento perfecto. La pareja perfecta.

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