jueves, 2 de julio de 2015

Mi futuro libro XVI

Capítulo 16   Mister Hayes
Después de escribir las cartas cada uno se las guardaron y  retomaron la marcha.
 Al salir del bosque a mediodía, iban cogidos del brazo y cantando alegremente.
 -¡Mirad ese es mi castillo!-chilló Kyle mirando al gran castillo que tenían a menos de medio kilómetro.
 -¡Es muy bonito!-exclamó Beatrice.
 -Es precioso…-susurró Linda.
 -Esperad a ver el interior…-les dijo Evan.
Luego continuaron hablando; Kyle de su castillo y sus paredes de oro, suelos de plata y techos de bronce. Evan le contaba a Beatrice como era en realidad: Las paredes repletas de bellas pinturas, los techos de escenas bíblicas y los suelos pintados de un negro como los ojos de Linda. Tan bello, que se podría decir que lo había hecho Linda. Así lo había explicado él.
Linda no hablaba. Estaba sumida en sus pensamientos deliberando sobre si la daba el amuleto o no al rey. ¿Hacía caso al chico que amaba o a su madre? Era muy difícil. Tenía que tomar una decisión importante ¿Amor o familia? Se empezaba a estresar. Sabía que tenía tiempo hasta que llegaran, pero tenía que tenerlo preparado.
Llegaron al castillo. Les bajaron el puente levadizo y luego les abrieron la puerta de entrada. Nada más llegar, les recibieron con gritos, aplausos y pétalos de rosas. Solo aplaudían a Kyle, claro. Kyle saludaba a todos. Evan se centraba en que siguieran bien el camino. Beatrice se agachaba y ponía la palma de la mano extendida para que los niños le chocaran y Linda, cogía todos los pétalos de rosas que podía. Todas las niñas la miraban y decían:
 -De mayor quiero ser como ella.
A Evan el camino le pareció eterno. Caminaba rápidamente sobre la larga alfombra roja. A veces se daba la vuelta y veía disfrutar a sus amigos. Sobre todo a Linda. Verla tan feliz, le hacía feliz. Cuando se daba la vuelta miraba a Linda sonreía y proseguía la marcha.
Por fin llegaron dentro del palacio. Era tal y como Evan lo había explicado. Las chicas quedaron alucinadas sobre todo Beatrice, que era el primer castillo que entraba y le apasionaban las pinturas. Las paredes con cuadros de Simone Martini, De Buonaventura, Pietro Cavallini… Los techos eran preciosos con escenas del antiguo y nuevo testamento. Y por último, lo que más le gustaba a Evan, pero lo que menos le gustaba a la gente: el pavimento. Desde el día que vio a Linda se enamoró del suelo. Comparó los ojos de Linda con el pavimento. La única diferencia era que el suelo estaba a baldosas y los ojos de Linda eran cristalinos, pero los dos siempre brillaban intensamente.
   Un gran hombre estaba sentado en un precioso trono.  Al verles, dijo con una voz potente:
 -Hola mi pequeño Kyle.-se levantó del trono y se acercó al grupo de chicos. Abrazó a Kyle y le tendió la mano al escudero.
 El chico la apretó con fuerza, pero el rey era mucho más fuerte.
 -Hola Mister Hayes.-respondió Evan agitando la mano para que el dolor disminuyera.
 -¿Quiénes son estas rosas del desierto?
 -Yo soy Linda Martin y ella es Beatrice Tyler.
El rey abrazó a las chicas.
 -Bien ¿por qué estos caballeros os trajeron? Ya lo sé. Os rescataron cuando estabais en apuros ¿verdad?
 -¡No! ¡Nosotras sabemos cuidarnos solitas!-chillaron a la vez, pero luego se ruborizaron-. Disculpe.
Se taparon la cara. Habían pasado mucha vergüenza.
 -No pasa nada, me lo tenía merecido. ¿Me disculpáis?
Las chicas asintieron con la cabeza mientras se seguían tapándose la cara.
 -Nos encontramos por el camino y resulta que Linda tenía el amuleto de Set.
 -Entiendo… ¿Y estáis dispuesta a dárnoslo?
Linda no tenía aún nada claro, pero entonces se le ocurrió una idea.
 -Sí, pero a cambio de…
 -¿¡Joyas, oro?! Os daré lo que queráis.-le corto hosco el rey.
 -Respuestas-afirmó Linda.
 -¿Qué tipo de respuestas?-preguntó Mister Hayes acercándose lentamente a Linda.
 -Señor Hayes, ¿podríamos hablar a solas?-dijo Linda.
 -Por supuesto.-el rey indicó a Linda con la mano que fuera a una pequeña salita justo al lado. Había dos sillas muy cómodas alrededor de una pequeña mesita. En la pared un gran cuadro con un rey –Mister Hayes- y un niño sentado en sus rodillas. Sonreía con cada uno de sus dientes blancos y perfectos. Linda pensó que era Kyle.
 -Podéis hacerme cuantas preguntas queráis.
 -Primera y menos importante ¿cree usted en la magia?
 -La magia… ¿A qué os referís: brujería, magos…?
 -Magia del antiguo Egipto, digo.-El rey la miró y se rió.
 -Creo en todo tipo de magias menos esa.
 -Entonces siguiente pregunta: ¿para qué queréis este amuleto?-no se había creído su risa falsa ni ninguna de sus palabras.
El rey comenzó a sudar, pero dijo con toda la tranquilidad del mundo:
 -Me parece bonito.-soltó mucho aire después de decir aquello.
 -¿Cree usted que soy tan tonta para creérmelo? Mi madre nunca vino aquí, apuntaba todos los viajes que hacía. Tampoco mi abuela ni mi bisabuela. ¿Qué hace este estúpido amuleto?-exigió Linda.
 -Lo vi en un cuadro.-respondió el rey sudoroso.
 -No lo vio en ningún cuadro porque mi familia nunca le hizo un cuadro. Ha permanecido oculto en mi familia. Deje las mentiras porque no me las creo. ¿Cree en la magia egipcia señor  Hayes? No se moleste en mentirme. Quiero saberlo todo.
 -Sí, creo en la magia egipcia.-dijo el rey ya agotado.
 -¿Para qué quiere ese amuleto?
 -Para obtener su poder.
 -¿Qué poder?-Linda estaba con los ojos abiertos como platos, escuchando y anotando en su  cabeza cada respuesta, dejando un gran hueco en su mente para cada frase que salía por los labios del gobernante.
 -El poder del amuleto… ¡Espera! ¿Por qué os lo digo? Ahora os haré una pregunta yo. ¿Vuestra sangre es naranja a veces?
 -No, ¡es una tontería!-respondió Linda con toda la naturalidad del mundo.
 -No os importará si lo compruebo…-una sonrisa maliciosa se dibujó en su cara. De su bota sacó un cuchillo bien afilado.
Linda sacó de su espalda su arco y una flecha.
 -No se acerque a mí.
El rey tiró el cuchillo al suelo y lo empujó hacia Linda, ella lo pisó con el pie. Bajó el arco, y le exigió:
 -Dígame todo lo que sepa sobre el amuleto.
 -¡Guardias!-chilló el rey dos guardias entraron en la habitación con una ballesta cada uno.
Nada más entrar, Linda le disparó una flecha en el brazo a uno y al otro le pegó una patada en la tripa. Cogió su arco, sus flechas y su espada y se fue corriendo.
 -Kyle, rápido. ¿Dónde está el mago de la corte?
 -En el sótano, la puerta de la derecha.-nada más decir eso Linda se fue corriendo.
 Beatrice la siguió y dijo:
 -En que lio te habrás metido esta vez, Linda.
El siguiente en correr fue Evan, y luego Kyle.
 -¡No me dejéis atrás, por favor!
Bajaron las escaleras de caracol mientras todos los guardias los seguían. Evan se había puesto último, y Linda le había dado su espada por si acaso. Cuando se acabaron las escaleras de caracol tuvieron que seguir un camino muy estrecho durante unos metros, y luego volver a bajar escaleras de caracol. Siguieron bajando hasta que vieron dos puertas. Linda recordó que era la puerta de la derecha. La abrió, se metieron los cuatro amigos y la bloquearon con la espada.
 -¡Rápido, no tardaran en traer un ariete!-dijo Kyle.
 -Vale, antes de nada. Linda, ¡¿nos podéis decir que pasa aquí?!-gritó Beatrice.
 -Os seré sincera. Puede que no os lo creáis, pero es verdad-tomó un poco de aire y empezó a decir-. Sabéis lo de mi sangre naranja ¿no? Eso es porque tengo magia dentro de mí, probablemente egipcia. Yo le estaba preguntando por el amuleto al señor Hayes, y no quería responder. Le daba el amuleto a cambio de respuestas de por qué quería el amuleto, no me ha dado respuestas así que no le doy el amuleto.
 -¿Y toda  esta movida?-preguntó Evan.
 -El me amenazó con un cuchillo y yo a él con mi arco, luego llamó a sus guaridas, y para defenderme le pegué una patada a uno y al otro le clavé una flecha en el brazo; se recuperarán con suerte en una semana y si no en dos.
 -Linda…-suspiró Beatrice.
Algo llamó la atención de Linda. Una sombra se movía lentamente detrás de una gran caldera. Linda se acercó y la persona salió sobresaltada.
Era un hombre mayor. Tenía el pelo blanco como la nieve, le llegaba hasta la cintura. Tenía barba a juego con su pelo, pero a diferencia de este, era muy pequeña; la tenía por la barbilla. Sus achinados grises ojos estaban cansados, ya que eran de una persona mayor. Tenía una nariz pequeña al  igual que la boca y los labios. Era un hombre alto y delgado y tenía un traje de hechicero.
 -Usted debe ser el hechicero real, ¿no?-preguntó Linda al verle.
El hombre se incorporó y respondió:
 -Exacto mi señora, ¿en qué puedo serviros?
 -Quiero saber qué hace este amuleto-lo sacó de su alforja y añadió-¿lo conocéis?
 -Nunca lo he visto en persona, pero quizá es el amuleto de Set. ¡El amuleto de Set! ¿Tenéis sangre naranja a veces?-preguntó el hombre alocado.
 -Sí, soy Linda ¿Cómo os llamáis?
 -Peter Laurent. Sí que sé cosas sobre ese amuleto y sobre vuestra magia ¿lo sab…?
Linda le cortó:
 -Quiero saber qué hace ese amuleto, y como se usa mi magia.
 -Para explicáoslo mejor os pido que os pongáis alrededor de mi caldera para ver vosotros mismos la historia.    

Los chicos se pusieron alrededor de la caldera como Peter dijo. El mago echó unos polvos sobre el líquido que había y aparecieron imágenes sobre ella.

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