viernes, 10 de julio de 2015

El ojo de Horus XI

Capítulo 10 Un día demasiado normal…
Me despierto con el despertador y lo tiro al suelo. Este sigue sonando y no puedo hacer otra cosa más que levantarme y apagarlo. Menos mal que ayer me duché por la mañana, porque si no ahora mismo olería fatal. No tengo tiempo para ducharme si quiero prepararme e investigar con el ordenador.
   He acabado de vestirme, peinarme y asearme en diez minutos. Un tiempo récord. Me siento a la mesa del ordenador y busco en internet todo lo que puedo sobre John.
Hay que ver lo pesado que es, llevo cinco minutos investigando, y he visto que ha cambiado su estado de Facebook a “Enamorado de una chica muy especial”. No sé cómo me he metido en la página web sin cuenta, pero el caso es que he podido entrar. A parte de eso, también he encontrado que ha colgado en todas sus redes sociales (que ya son bastantes) fotos de él con cara de enamorado y con un bocadillo diciendo: “Por fin sé dónde está mi amorcito, después de años perdida…” o alguna ñoñería del estilo.  Aun así, siento que es una actuación para hacerme más vulnerable o algo así. No tengo nada claro.
   Ya son las ocho y veinticinco, me he pasado todo el rato buscando más información sobre John, pero no he encontrado puntos débiles, solo que está perdidamente enamorado de mí. Ojalá pudiera pegarle ahora mismo. Lo siento, a veces soy un poco agresiva. Decido volver a bajar sola, porque tengo mucha hambre.
   En la cafetería, elijo lo mismo que ayer, pero al buscar a alguno de mis amigos, veo que no están. Prefiero sentarme sola que con el grupo de los “pegamentos cobardes”, por así decirlo. Llamo así a todos los que el primer día vinieron hacia mí en avalancha y que luego me tenían miedo.
  Ya han pasado diez minutos, pero ya estamos los seis en el comedor. Yo he acabado mi desayuno, pero quiero esperarles. Aún nos quedan veinticinco minutos para la clase de matemáticas.
-¿Ahora que nos toca?-pregunta Anna.
-Matemáticas, o como prefiero llamarle, Mates.-respondo.
-Aún nos faltan veinticinco minutos.-añade Jessica.
-Nosotros dos también vamos a esa clase. Tenemos los mismos horarios, pero como tenemos más misiones, solemos no cumplir el horario.-dice Will.
-¿Alguien más quiere irse de compras? Tenemos mucha ropa en el armario, pero añoro los probadores y las cajas registradoras…-Rose cambia de tema. Parece aburrida hablando de los horarios.
Todos nos reímos, pero no a carcajadas, sino más bien, una risa forzada. Hace gracia la broma de Rose, pero creo que ninguno estamos para bromas. Yo, al menos, no.
Entonces George rompe el silencio que estábamos formando.
-Creo que deberíamos ir yendo a clase. La mayoría de las personas tienen nuestro horario de clases, y si queremos coger seis sitios, será mejor que vayamos ya.
Todos asentimos y nos dirigimos a clase.

Ya ha pasado la clase de mates. Ha sido muy aburrida. Nos han explicado cosas que ya sabíamos, pero que estábamos repasando. En la clase solo hay gente de mi edad, por lo cual, está Jason, cosa mala, pero también está Dorothy, cosa buena.
Dorothy es muy maja. Nada más llegar, no cabíamos y se ha cambiado de sitio porque nos sentáramos los seis juntos. Al final, se ha sentado delante de mí, y en toda la clase, solo he visto sus cabellos rojizos revoloteando. Me cae bien, ella parece no tenerme miedo, no como los demás cobardes de la agencia. Aunque, claro, soy una bomba que si estalla… Creo que a la chica le gusta el peligro.
   Ahora estamos en el ascensor los seis y otros tres estudiantes más. No los he visto desde que hemos llegado, si no, los recordaría. Son dos chicos y una chica. Somos unos cien alumnos con poderes en esta sede. No somos muchos, pero esta es la quinta con más gente de todo el mundo, por no decir, la más grande de plantas y tamaño con diferencia. Lo siento, he leído un poco de los libros de historia y lo estoy recordando.
Las puertas se abren de repente. Sin decir nada, nos dirigimos a coger la comida. Hoy no se apartan los de la fila, pero los cocineros sirven rápido y las personas avanzan rápido también. He sido la primera en acabar, así que voy a una mesa cualquiera, no muy centrada con los “pegamentos cobardes”, que, por cierto, me miran raro.

La comida ha sido muy divertida, no estaba de humor, pero Rose ha empezado a hacer tonterías y al final, hemos tenido que reírnos y unirnos a ella. He ido al baño una vez, y todas las papeleras estaban llenas de garbanzos escupidos. Ahora vamos a la clase de poderes, en la que estaré sola.
Ojalá viniera alguien más, me da mucha vergüenza ser la única. Solo me preguntarán a mí, solo haré yo los deberes (aunque no mandan deberes, nos lo han dicho en clase)…

Ya he hecho la clase de poderes y la de lengua, no quería aburriros. Por cierto, ¡sé leer la mente! En una hora, la profesora me ha dicho que solo haré las cosas si las deseo de verdad y bla, bla, bla… Lo de abrir las puertas y controlar la mente lo dejaremos para la siguiente clase. En la siguiente clase, también intentarán enseñarme a controlar lo de los fenómenos naturales. Solo me salen si me enfado, antes, casi incendio la clase porque he intentado regar una planta, me he puesto nerviosa y he quemado un poco le mesa. En clase de lengua me he juntado con mis amigos, pero ha sido muy aburrida, mejor no dar detalles.
Ahora estoy en el gimnasio esperando al profesor junto a todos los demás chicos. Solo somos veinte de mi edad, somos bastante gente. Solo hay tres niños de siete años.
De repente, noto un cosquilleo en la nuca. Siempre que alguien me mira, siento un cosquilleo en la nuca. Me doy la vuelta y encuentro al estúpido de Jason mirándome. Durante unos segundos me quedo mirándole para ver si aparta la vista. No la aparta. Decido leerle la mente. “Es guapísima.” Me sonrojo y me doy la vuelta. Tengo miedo de que el chico no sea tan horrible como pienso.
-¡Buenos días!-nos saluda el entrenador-. Soy el entrenador Michel Morgan, pero siempre tendréis que llamarme entrenador Morgan, tengáis el poder que tengáis.-lanza su mirada hacia mí y yo dejo de mirarle.
-Disculpe ¿entrenador Michel y entrenador Michel Morgan no es casi lo mismo? Solo en una se dice el apellido y en el otro no.- ¿Por qué tienes que causar mala impresión, Rose? Exactamente, esa es Rose.
-¿Una listilla, eh? Que sepa señorita…-deja la frase en el aire para que Rose responda con su apellido, pero ella no puede contestar con lo que le piden a no ser que sea para que cuente como nota.
-Rose Lee. Pero debe llamarme Rose, si no, le pondré un cero.-toda la clase se ríe, pero el entrenador no parece muy contento.
-¡Señorita Lee, póngase a hacer 100 flexiones, ya!-Rose, a regañadientes, se pone a hacer abdominales.
-¡He dicho flexiones, no abdominales!-le chilla. Rose murmura algo entre dientes que no consigo oír, y eso que estoy al lado suyo, bueno, debajo-al lado mío-. De acuerdo, vais a aprender boxeo. Poneros en parejas mixtas. ¡Mixtas!-no sé por qué, pero creo que lo de mixtas le gusta a este hombre. Voy a leerle la mente. Sí, mixtas, le gusta mixtas. Ojalá supiera controlar la mente…
Veo a Jason a lo lejos tratando de acercarse hacia mí escabulléndose entre la gente. Pero alguien me lo tapa. Un chico rubio que tiene los ojos azules. George.
-¿Quieres ponerte conmigo?-me pregunta.
-Claro –respondo-. ¿Por qué no?
-Juliette. ¿Te pones conmigo?-ese es Will.
-Lo siento, voy con George.-le respondo.
Will se dirige a Jessica y a Anna.
-Siento habérselo pedido primero a Juliette, pero la conozco más por la misión.-dejo de escucharles hablar y miro por detrás del hombro de George.
Jason ha visto lo que le he dicho a Will y se ha ido. Se acerca a Jessica que no tiene pareja y ella acepta.
El entrenador nos dice que cojamos guantes que hay en una bolsa y vamos lanzados. Por suerte, George y yo salimos de los primeros. El entrenador nos enseña unos golpes de boxeo y los realizamos.

Esta clase es muy divertida. Teníamos que pegar a los guantes del otro, pero antes, George ha dicho “Espera un momento, que me tengo que rascar”, no le he oído, y sin querer, le he pegado en la cara. Poco después nos estábamos riendo. En otra ocasión, George me ha pegado un golpe tan fuerte que me caído. He empezado a reírme en el suelo, y George me ha pedido perdón un millón de veces, pero luego, también se ha reído. Nos estábamos riendo tranquilamente, cuando he notado un cosquilleo en la nuca.
Ahora estamos sentados en una mesa del comedor contándonos unos a otros nuestras anécdotas.
-¡Qué suerte habéis tenido! Me he pegado media hora haciendo flexiones, para luego boxear con el entrenador.-se queja Rose.
-No haber abierto la boca. Te lo advertí, te dije que no te pasaras con los profesores.-me meto una cucharada de sopa a la boca.
-Me lo dijiste hace cuatro meses, cuando empezó en curso.-me responde enfurruñada.
-Te lo dije, con eso me basta.-levanto las manos en señal de “Aunque fuera hace cuatro meses, te lo dije”.
-Por cierto, ¿qué habéis hecho en clase de poderes? Nosotros hemos aprendido a abrir puertas.-dice George.
-Yo lo de siempre, abrir cajas fuertes, puertas…-responde su hermano.
-Nosotras hemos estado aprendiendo a hacer fuego, pero a nadie de toda la clase le ha salido en toda la hora.-dice Anna.
-¿Qué has hecho tú, Juliette?-pregunta Jessica.
-La profesora me ha dado una charla de media hora, he aprendido a leer la mente y he quemado mi mesa.-digo sin entusiasmo.
-¿¡Tanto habéis hecho!?-exclama Anna.
-Que sepas que mi mesa y que la de la profesora tienen las esquinas quemadas.-repito.
-A mí me gustaría tener tantos poderes…-suspira Will.
-Sí, mola mucho que la gente se aleje cuando entras en una habitación.-revuelvo la sopa triste.
-¡Me da igual! ¡Solo quiero tener algún poder más! ¿Crees que es divertido abrir puertas todo el día?-replica
-¿No me suena haber oído en alguna película, que un poder conlleva una gran responsabilidad? Creedme, parece guay, pero no mola.-giro mi bandeja para comerme las alitas de pollo.
-Spiderman.-dice de repente George.
-¿Qué?-exclama Jessica.
-Un gran poder conlleva una gran responsabilidad –recita-. Es de Spiderman.
-¡Qué susto! Por un momento he pensado que estabas loco.-exclama la loca de Rose.
Todos nos empezamos a reír, pero noto un cosquilleo en la nuca que me hace detenerme. Otra vez está mirándome ese cretino…
-Juliette, ¿qué te pasa? De repente te has dejado de reír.-me pregunta Will.
-Nada, nada...

Me extraña que este día este siendo tan normal… Claro, a parte del cosquilleo en la nuca.

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