Capítulo
10 Un día demasiado normal…
Me despierto con el despertador y lo tiro al suelo. Este sigue
sonando y no puedo hacer otra cosa más que levantarme y apagarlo. Menos mal que
ayer me duché por la mañana, porque si no ahora mismo olería fatal. No tengo
tiempo para ducharme si quiero prepararme e investigar con el ordenador.
He acabado de vestirme,
peinarme y asearme en diez minutos. Un tiempo récord. Me siento a la mesa del
ordenador y busco en internet todo lo que puedo sobre John.
Hay que ver lo pesado que es, llevo cinco minutos investigando, y
he visto que ha cambiado su estado de Facebook a “Enamorado de una chica muy
especial”. No sé cómo me he metido en la página web sin cuenta, pero el caso es
que he podido entrar. A parte de eso, también he encontrado que ha colgado en
todas sus redes sociales (que ya son bastantes) fotos de él con cara de
enamorado y con un bocadillo diciendo: “Por fin sé dónde está mi amorcito,
después de años perdida…” o alguna ñoñería del estilo. Aun así, siento que es una actuación para
hacerme más vulnerable o algo así. No tengo nada claro.
Ya son las ocho y
veinticinco, me he pasado todo el rato buscando más información sobre John,
pero no he encontrado puntos débiles, solo que está perdidamente enamorado de
mí. Ojalá pudiera pegarle ahora mismo. Lo siento, a veces soy un poco agresiva.
Decido volver a bajar sola, porque tengo mucha hambre.
En la cafetería, elijo lo
mismo que ayer, pero al buscar a alguno de mis amigos, veo que no están.
Prefiero sentarme sola que con el grupo de los “pegamentos cobardes”, por así
decirlo. Llamo así a todos los que el primer día vinieron hacia mí en avalancha
y que luego me tenían miedo.
Ya han pasado diez
minutos, pero ya estamos los seis en el comedor. Yo he acabado mi desayuno,
pero quiero esperarles. Aún nos quedan veinticinco minutos para la clase de
matemáticas.
-¿Ahora que nos toca?-pregunta Anna.
-Matemáticas, o como prefiero llamarle, Mates.-respondo.
-Aún nos faltan veinticinco minutos.-añade Jessica.
-Nosotros dos también vamos a esa clase. Tenemos los mismos
horarios, pero como tenemos más misiones, solemos no cumplir el horario.-dice
Will.
-¿Alguien más quiere irse de compras? Tenemos mucha ropa en el
armario, pero añoro los probadores y las cajas registradoras…-Rose cambia de
tema. Parece aburrida hablando de los horarios.
Todos nos reímos, pero no a carcajadas, sino más bien, una risa
forzada. Hace gracia la broma de Rose, pero creo que ninguno estamos para
bromas. Yo, al menos, no.
Entonces George rompe el silencio que estábamos formando.
-Creo que deberíamos ir yendo a clase. La mayoría de las personas
tienen nuestro horario de clases, y si queremos coger seis sitios, será mejor
que vayamos ya.
Todos asentimos y nos dirigimos a clase.
Ya ha pasado la clase de mates. Ha sido muy aburrida. Nos han
explicado cosas que ya sabíamos, pero que estábamos repasando. En la clase solo
hay gente de mi edad, por lo cual, está Jason, cosa mala, pero también está
Dorothy, cosa buena.
Dorothy es muy maja. Nada más llegar, no cabíamos y se ha cambiado
de sitio porque nos sentáramos los seis juntos. Al final, se ha sentado delante
de mí, y en toda la clase, solo he visto sus cabellos rojizos revoloteando. Me
cae bien, ella parece no tenerme miedo, no como los demás cobardes de la
agencia. Aunque, claro, soy una bomba que si estalla… Creo que a la chica le
gusta el peligro.
Ahora estamos en el
ascensor los seis y otros tres estudiantes más. No los he visto desde que hemos
llegado, si no, los recordaría. Son dos chicos y una chica. Somos unos cien
alumnos con poderes en esta sede. No somos muchos, pero esta es la quinta con
más gente de todo el mundo, por no decir, la más grande de plantas y tamaño con
diferencia. Lo siento, he leído un poco de los libros de historia y lo estoy
recordando.
Las puertas se abren de repente. Sin decir nada, nos dirigimos a
coger la comida. Hoy no se apartan los de la fila, pero los cocineros sirven rápido
y las personas avanzan rápido también. He sido la primera en acabar, así que
voy a una mesa cualquiera, no muy centrada con los “pegamentos cobardes”, que,
por cierto, me miran raro.
La comida ha sido muy divertida, no estaba de humor, pero Rose ha
empezado a hacer tonterías y al final, hemos tenido que reírnos y unirnos a
ella. He ido al baño una vez, y todas las papeleras estaban llenas de garbanzos
escupidos. Ahora vamos a la clase de poderes, en la que estaré sola.
Ojalá viniera alguien más, me da mucha vergüenza ser la única.
Solo me preguntarán a mí, solo haré yo los deberes (aunque no mandan deberes,
nos lo han dicho en clase)…
Ya he hecho la clase de poderes y la de lengua, no quería
aburriros. Por cierto, ¡sé leer la mente! En una hora, la profesora me ha dicho
que solo haré las cosas si las deseo de verdad y bla, bla, bla… Lo de abrir las
puertas y controlar la mente lo dejaremos para la siguiente clase. En la
siguiente clase, también intentarán enseñarme a controlar lo de los fenómenos
naturales. Solo me salen si me enfado, antes, casi incendio la clase porque he
intentado regar una planta, me he puesto nerviosa y he quemado un poco le mesa.
En clase de lengua me he juntado con mis amigos, pero ha sido muy aburrida,
mejor no dar detalles.
Ahora estoy en el gimnasio esperando al profesor junto a todos los
demás chicos. Solo somos veinte de mi edad, somos bastante gente. Solo hay tres
niños de siete años.
De repente, noto un cosquilleo en la nuca. Siempre que alguien me
mira, siento un cosquilleo en la nuca. Me doy la vuelta y encuentro al estúpido
de Jason mirándome. Durante unos segundos me quedo mirándole para ver si aparta
la vista. No la aparta. Decido leerle la mente. “Es guapísima.” Me sonrojo y me
doy la vuelta. Tengo miedo de que el chico no sea tan horrible como pienso.
-¡Buenos días!-nos saluda el entrenador-. Soy el entrenador Michel
Morgan, pero siempre tendréis que llamarme entrenador Morgan, tengáis el poder
que tengáis.-lanza su mirada hacia mí y yo dejo de mirarle.
-Disculpe ¿entrenador Michel y entrenador Michel Morgan no es casi
lo mismo? Solo en una se dice el apellido y en el otro no.- ¿Por qué tienes que
causar mala impresión, Rose? Exactamente, esa es Rose.
-¿Una listilla, eh? Que sepa señorita…-deja la frase en el aire para
que Rose responda con su apellido, pero ella no puede contestar con lo que le
piden a no ser que sea para que cuente como nota.
-Rose Lee. Pero debe llamarme Rose, si no, le pondré un cero.-toda
la clase se ríe, pero el entrenador no parece muy contento.
-¡Señorita Lee, póngase a hacer 100 flexiones, ya!-Rose, a
regañadientes, se pone a hacer abdominales.
-¡He dicho flexiones, no abdominales!-le chilla. Rose murmura algo
entre dientes que no consigo oír, y eso que estoy al lado suyo, bueno,
debajo-al lado mío-. De acuerdo, vais a aprender boxeo. Poneros en parejas
mixtas. ¡Mixtas!-no sé por qué, pero creo que lo de mixtas le gusta a este
hombre. Voy a leerle la mente. Sí, mixtas, le gusta mixtas. Ojalá supiera
controlar la mente…
Veo a Jason a lo lejos tratando de acercarse hacia mí
escabulléndose entre la gente. Pero alguien me lo tapa. Un chico rubio que
tiene los ojos azules. George.
-¿Quieres ponerte conmigo?-me pregunta.
-Claro –respondo-. ¿Por qué no?
-Juliette. ¿Te pones conmigo?-ese es Will.
-Lo siento, voy con George.-le respondo.
Will se dirige a Jessica y a Anna.
-Siento habérselo pedido primero a Juliette, pero la conozco más
por la misión.-dejo de escucharles hablar y miro por detrás del hombro de
George.
Jason ha visto lo que le he dicho a Will y se ha ido. Se acerca a
Jessica que no tiene pareja y ella acepta.
El entrenador nos dice que cojamos guantes que hay en una bolsa y
vamos lanzados. Por suerte, George y yo salimos de los primeros. El entrenador
nos enseña unos golpes de boxeo y los realizamos.
Esta clase es muy divertida. Teníamos que pegar a los guantes del
otro, pero antes, George ha dicho “Espera un momento, que me tengo que rascar”,
no le he oído, y sin querer, le he pegado en la cara. Poco después nos
estábamos riendo. En otra ocasión, George me ha pegado un golpe tan fuerte que
me caído. He empezado a reírme en el suelo, y George me ha pedido perdón un
millón de veces, pero luego, también se ha reído. Nos estábamos riendo
tranquilamente, cuando he notado un cosquilleo en la nuca.
Ahora estamos sentados en una mesa del comedor contándonos unos a
otros nuestras anécdotas.
-¡Qué suerte habéis tenido! Me he pegado media hora haciendo
flexiones, para luego boxear con el entrenador.-se queja Rose.
-No haber abierto la boca. Te lo advertí, te dije que no te
pasaras con los profesores.-me meto una cucharada de sopa a la boca.
-Me lo dijiste hace cuatro meses, cuando empezó en curso.-me
responde enfurruñada.
-Te lo dije, con eso me basta.-levanto las manos en señal de
“Aunque fuera hace cuatro meses, te lo dije”.
-Por cierto, ¿qué habéis hecho en clase de poderes? Nosotros hemos
aprendido a abrir puertas.-dice George.
-Yo lo de siempre, abrir cajas fuertes, puertas…-responde su
hermano.
-Nosotras hemos estado aprendiendo a hacer fuego, pero a nadie de
toda la clase le ha salido en toda la hora.-dice Anna.
-¿Qué has hecho tú, Juliette?-pregunta Jessica.
-La profesora me ha dado una charla de media hora, he aprendido a
leer la mente y he quemado mi mesa.-digo sin entusiasmo.
-¿¡Tanto habéis hecho!?-exclama Anna.
-Que sepas que mi mesa y que la de la profesora tienen las
esquinas quemadas.-repito.
-A mí me gustaría tener tantos poderes…-suspira Will.
-Sí, mola mucho que la gente se aleje cuando entras en una
habitación.-revuelvo la sopa triste.
-¡Me da igual! ¡Solo quiero tener algún poder más! ¿Crees que es
divertido abrir puertas todo el día?-replica
-¿No me suena haber oído en alguna película, que un poder conlleva
una gran responsabilidad? Creedme, parece guay, pero no mola.-giro mi bandeja
para comerme las alitas de pollo.
-Spiderman.-dice de repente George.
-¿Qué?-exclama Jessica.
-Un gran poder conlleva una gran responsabilidad –recita-. Es de
Spiderman.
-¡Qué susto! Por un momento he pensado que estabas loco.-exclama
la loca de Rose.
Todos nos empezamos a reír, pero noto un cosquilleo en la nuca que
me hace detenerme. Otra vez está mirándome ese cretino…
-Juliette, ¿qué te pasa? De repente te has dejado de reír.-me
pregunta Will.
-Nada, nada...
Me extraña que este día este siendo tan normal… Claro, a parte del
cosquilleo en la nuca.
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