Para un libro especial, un día especial.
Capítulo
20 La lágrima
Por la noche, Evan y Linda fueron al
castillo cogidos de la mano. Habían estado hablando de muchas cosas. Evan le
había contado que la había querido desde que la vio, y Linda le soltó todos los
secretos que guardaba ella y su amuleto.
En el comedor real había una gran mesa
donde se sentaba la gente. Linda le dijo a Evan que se sentara y ella se acercó
a Kyle que estaba sentado al lado de su padre.
-Kyle no sé cómo deciros esto, pero….-Kyle la
interrumpió.
-Lo entiendo. Evan es vuestro hombre, ya
encontraré otra chica por ahí. No me importa.
Aunque él sabía que no era verdad, no
encontraría otra chica así. Era imposible encontrar otra Linda. Él sí que había
sentido la chispita en ese beso, y él sabía, que solo ocurría una vez en la
vida, y que, fuera a donde fuera, siempre la recordaría. Linda, la chica le
cambió su corazón.
-¿En serio? Muchísimas gracias, Kyle.-le
abrazó y corrió a sentarse al lado de Evan y Beatrice. Mister Hayes se puso en
pie y mandó callar.
-¡Silencio, silencio!-comprobó que todo el
mundo estaba en silencio y continuó-. Bueno, estamos en un día de celebración.
Aunque también de pérdida. Lo siento mucho por todos los valientes que
perecieron -se oyó el llanto de una mujer-. Pero pensad que lucharon por su
patria, fueron hombres buenos y justos. Brindo por ellos. ¡Por los valientes
caballeros!-todos alzaron su copa, repitieron su frase y brindaron.
-Cuando se agradece a alguien algo aquí, se
hace brindando. Primero el rey dice por qué da las gracias, luego dice si es
él, ella, ellos o ellas y al final, grita el nombre de la persona o de las
personas.-aclaró a las chicas Evan susurrando.
-He de darle las gracias a Linda, princesa de
Roldania, que confió en todos los honorables caballeros y libró a nuestro pueblo
de los bandidos. Brindo por ella. ¡Por Linda!-todos alzaron su copa, repitieron
su frase y brindaron.
-También quiero dar las gracias a Evan,
Beatrice y otra vez a Linda, porque han hecho de mi hijo Kyle un hombre de
provecho. Brindo por ellos. ¡Por los amigos de Kyle!-todos alzaron su copa,
repitieron su frase y brindaron.
-Bien, ¡que empiece la fiesta! Podéis escuchar
música, bailarla, escuchar al bufón... y para los más pequeños, tenemos un
teatro de un caballero muy bueno que salva una princesa de las temibles garras
de un dragón, ¡una nueva creación de Roger Stewart, el célebre creador de historietas! ¡A
divertirse! -la música empezó a sonar y la gente salió a bailar.
Linda tenía pensado que quería hacer.
Lo había pensado desde que el rey lo había mencionado. Quería bailar. Bailar
con Evan, como la noche en la que habían estado juntos. Todo fue perfecto
aquella noche; la luz de la luna en las pupilas del chico, su fantástica forma
de bailar, su traje tan hermoso… Todo fue perfecto.
-Evan, ¿salís a bailar?-le preguntó Linda con
una gran sonrisa en la cara.
-¿Cómo negarse a Linda, princesa de Roldania?-
Linda se rió. Luego, Evan le cogió la mano y juntos salieron a la pista de
baile.
Comenzaron bailando en un lado del
escenario, la gente se quedó cautivada con la sutileza con la que se movían,
como se miraban tiernamente, como iban al unísono… Al final les fueron metiendo
más hacia el centro, más hacia el centro. Hasta que al final, se quedaron en
medio. Como en la fiesta de las hadas. Todas las parejas formaban un círculo a
su alrededor y todas las miradas se desviaban hacia ellos. “¿Quién es ese chico tan mugriento, y por qué
baila con la princesa?” Preguntaba la gente entre sí. “Creo que es el escudero del príncipe Kyle, ¿por qué no bailan los
príncipes juntos y no la princesa con ese sucio escudero?” Aunque Linda no
oía a la gente, seguían murmurando sobre ella, pero no le importaba, porque
jamás entenderían lo que sentía el uno respecto al otro, nadie podría cambiarlo
nunca.
-Espero que no sea uno de mis sueños, porque
he tenido muchos parecidos a este.- susurró el escudero a Linda.
-Te aseguro que no es un sueño, porque si no,
no sentirías esto.-Linda se acercó para besarle, pero justo entonces se abrió
la puerta del comedor.
La música cesó, la gente ya no
bailaba, comía o reía.
-¡Está ahí!-chilló un guardia-. ¡La princesa
está ahí!
Linda reconoció el escudo del
uniforme. Roldania. Le habían encontrado. No era posible, era demasiado pronto,
ni siquiera se había instalado en ningún lugar. Justo cuando su vida comenzaba
a tener sentido, tenían que destrozársela. Pero no iba a permitirlo.
Sin pensarlo dos veces, divisó una
puerta y corrió hacia ella. Subió por unas escaleras, recorrió un estrecho
pasillo, volvió a subir escaleras, otra vez pasillo… Siempre el mismo
patrón. Al final llegó a lo alto de una
torre. La caída era de veinte metros. No sobreviviría. Los guardias subieron
con ella a la azotea.
Todo ocurrió muy rápido: los guardias
capturaron a Linda, claro que esta se defendió, pero eran demasiado fuertes y
no se pudo soltar. Al final vio que no podía hacer nada. Mientras la
arrastraban, soltó una lágrima que lo dijo todo; decía que era el fin, que su
aventura se acababa ahí, que Evan se acababa ahí, que Beatrice se acababa ahí,
que Kyle se acababa ahí, que la magia se acababa ahí. Sin embargo, su rostro no
mostraba tristeza, todo lo contrario, estaba inexpresivo, mirando al horizonte.
Cuando estuvieron en el comedor Linda
seguía con la misma cara, incluso cuando su padre la abrazó.
-¿Por qué os escapasteis?-preguntó Ron.
Linda no respondió.
-¿Por qué os escapasteis?-repitió.
Tampoco respondió.
-¡Contestad!-insistió el rey.
Linda se quedó con la misma cara. El
hombre preocupado, la agitó, le preguntó qué le pasaba… Intentó de todo. Pero
entonces Evan se acercó al gobernante y le preguntó si podía intentarlo. No se
lo negó, así que probó.
-Linda, ¿me oyes? Soy yo, Evan. -Evan. Esa
palabra pareció despertar un interés en ella. Le abrazó y rompió a llorar sin
importarle que toda la sala les estuviera mirando.
-¡Es el fin, Evan! ¡Me han encontrado, nos
separarán! ¡Volveré al castillo! ¡No puedo volver! -sollozó la muchacha.
El rey la
vio ahí, llorando. Estaba abrazada a un escudero que parecía importarle más que
él mismo. Intentó pensar como Anastasia.
“¿Qué habría hecho ella?” Primero pensó en sus opciones; dejarla irse con
ese muchacho y buscar otra que reinara o encerrarla en el castillo y que le
odiara el resto de su vida. Luego cuál era la más conveniente, cosa que no
tenía clara. Que se fuera para siempre y que le siguiera apreciando, o, que le
detestara por siempre jamás y probablemente más intentos de escapar. Al final
tomó una decisión.
Pensó que debía dejar a Linda volar,
literalmente. Ya había cumplido los dieciocho y seguro que cualquier muchacha
que encontrara querría gobernar Roldania.
-Linda, ¿podéis acercaros un momento?-preguntó
tímido Ron. Linda se secó las lágrimas, abrazó a Evan y se acercó a su padre.
-Ya tenéis dieciocho años, sois mayor de edad
y podéis decidir por vos misma.
-Esperad, ¿ya tengo dieciocho años?-preguntó
Linda extrañada.
-¡Por supuesto! Los cumplisteis hace poco,
mientras estabais fuera de casa.
Linda lo
recordó; ¡había pasado su cumpleaños y no se había dado cuenta! Entonces
recordó el día que los había cumplido. Fue el día en que mató a su ángel de la
guarda, pero también fue la noche en la que bailó con Evan. Una noche mágica.
-Tengo dieciocho años…-susurró para sí.
-Bueno, tenéis dieciocho años, así que sois
capaz de elegir vuestro destino, y veo que está bastante claro lo que deseáis -suspiró-.
Podéis iros a vivir aventuras.
Tanta era
la alegría, que Linda no cabía en sí. ¡Su padre le dejaba cumplir su deseo,
vivir aventuras! Lloró de alegría. Primero corrió hacia Evan y le abrazó
mientras seguía llorando. Después se acercó a Beatrice y a Kyle. Por último, se
relajó más y fue caminando hacia Ron.
-Papá, muchas gracias.-le dijo.
Le soltó
un fuerte abrazo y toda la sala exclamó “¡Bieen!”.
Cuando acabó el abrazó el rey se acercó a Evan.
-Cuídala chico, no sé por qué te ha escogido,
pero será por una buena causa. Linda es una chica muy especial y necesita a
alguien como tú. Cuídala, hijo-le repitió. Acto seguido le abrazó-. ¡Qué
continúe la fiesta!-todos gritaron y siguieron con la fiesta.
Kyle
hablaba con las doncellas, Beatrice dibujaba la escena, Ron comía y bebía junto
a Mister Hayes (donde encontró a una sirvienta muy inteligente que decidió llevarse
a Roldania), Peter hacia unos trucos de magia para los niños… Todos se
divertían. ¡Espera! Casi me olvido los dos enamorados que bailaban en la pista
de baile como si no hubiera un mañana…
Epílogo
A la
mañana siguiente el rey Ron y la futura reina Rose Roberts (no se iban a casar,
pero cuando el rey muriera ella sería reina), iban a partir hacia Roldania
cuando a Linda le picó la curiosidad y se acercó corriendo hacia ellos seguida
de Evan.
-Padre, ¿cómo supisteis que estaba en este
castillo?-preguntó sin más.
-Fuimos caminando por muchos lugares
peligrosos preguntando a la gente si os habían visto, lo que nos llevó a un
precioso bosque donde nos perdimos, pero por casualidad encontramos a una mujer
con unos preciosos ojos azul zafiro que se tapaba con una mano el costado.
Juraría que estaba herida de gravedad, pero no pregunté nada porque tenía
prisa. Me preguntó quién era yo y le respondí suponiendo que no era ninguna
amenaza. Pareció sonreír y me dijo que estabais aquí.-contestó el rey.
-No es posible…-dijo Linda.
-Debió de saber que si os encontraba vuestro
padre os llevaría a palacio y no la volveríais a molestar-le respondió Evan a
Linda-. Sobrevivió y escapó sin que nos diéramos cuenta.
Llegó
Beatrice que había oído todo desde lejos y le preguntó a la princesa:
-¿Qué vas a hacer con ella? ¿Vas a perseguirla
hasta al fin matarla?-Linda pensó durante un momento.
-No, ya sé que voy a vivir más aventuras y
estoy segura de que me cruzaré con ella, pero no merece la pena estar toda tu
vida pensando en la venganza. Si alguna vez la vuelvo a ver, puede… Pero hoy,
no.-dijo orgullosa.
-¡Bien dicho!-dijeron sus amigos.
-Veo que ya habéis madurado bastante, hija
mía. Estoy más tranquilo. Cambiando de tema, prometedme que me visitaréis a
menudo.-dijo el rey abrazando a su hija.
-Lo prometo.-respondió.
El
carruaje del rey partió y los amigos se quedaron mirándolo hasta que lo
perdieron de vista.
-Ahora, ¿qué hacemos?-preguntó Beatrice.
-Ya sabéis lo que quiero yo.-respondió la otra
muchacha.
-Yo iré con vos.-añadió Evan.
-A mí me gustaría ir con vosotros.-objetó
Beatrice tímidamente.
Kyle llegó
en ese momento.
-¡Chicos! ¿Os vais a ir de aventuras ya?
-Sí, ¿queréis venir?-le preguntó Linda.
-No, mi vida está aquí, en el castillo. Que os
lo paséis muy bien.-dijo Kyle.
-Ahora que lo pienso, ¿cuál es el conjuro del
amuleto? ¿Para qué quería el rey el amuleto? Me rondan en la cabeza mil
preguntas sobre este amuleto…-preguntó Beatrice.
-No sé
responder a ninguna, pero estoy segura de que, a lo largo de nuestro viaje, se
responderán por arte de magia…-respondió Linda.
Después,
cogieron un poco de comida para el viaje. Los cuatro amigos se abrazaron y se
despidieron del príncipe. Acto seguido, salieron corriendo del castillo.
Linda
llevaba su bolsa de siempre, Beatrice llevaba otra alforja con su cuaderno y
Evan llevaba otra alforja, pero esta vez no tenía tanto equipaje, porque ahora
todo lo que necesitaba iría con él siempre. Linda iría con él siempre.
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