martes, 14 de julio de 2015

Mi futuro libro XX

Como hoy es mi cumple (bieeeeeeeeen) os reservo el final del libro.
Para un libro especial, un día especial.

Capítulo 20   La lágrima
Por la noche, Evan y Linda fueron al castillo cogidos de la mano. Habían estado hablando de muchas cosas. Evan le había contado que la había querido desde que la vio, y Linda le soltó todos los secretos que guardaba ella y su amuleto.
En el comedor real había una gran mesa donde se sentaba la gente. Linda le dijo a Evan que se sentara y ella se acercó a Kyle que estaba sentado al lado de su padre.
 -Kyle no sé cómo deciros esto, pero….-Kyle la interrumpió.
 -Lo entiendo. Evan es vuestro hombre, ya encontraré otra chica por ahí. No me importa.
Aunque él sabía que no era verdad, no encontraría otra chica así. Era imposible encontrar otra Linda. Él sí que había sentido la chispita en ese beso, y él sabía, que solo ocurría una vez en la vida, y que, fuera a donde fuera, siempre la recordaría. Linda, la chica le cambió su corazón.
 -¿En serio? Muchísimas gracias, Kyle.-le abrazó y corrió a sentarse al lado de Evan y Beatrice. Mister Hayes se puso en pie y mandó callar. 
 -¡Silencio, silencio!-comprobó que todo el mundo estaba en silencio y continuó-. Bueno, estamos en un día de celebración. Aunque también de pérdida. Lo siento mucho por todos los valientes que perecieron -se oyó el llanto de una mujer-. Pero pensad que lucharon por su patria, fueron hombres buenos y justos. Brindo por ellos. ¡Por los valientes caballeros!-todos alzaron su copa, repitieron su frase y brindaron.
 -Cuando se agradece a alguien algo aquí, se hace brindando. Primero el rey dice por qué da las gracias, luego dice si es él, ella, ellos o ellas y al final, grita el nombre de la persona o de las personas.-aclaró a las chicas Evan susurrando.
 -He de darle las gracias a Linda, princesa de Roldania, que confió en todos los honorables caballeros y libró a nuestro pueblo de los bandidos. Brindo por ella. ¡Por Linda!-todos alzaron su copa, repitieron su frase y brindaron.
 -También quiero dar las gracias a Evan, Beatrice y otra vez a Linda, porque han hecho de mi hijo Kyle un hombre de provecho. Brindo por ellos. ¡Por los amigos de Kyle!-todos alzaron su copa, repitieron su frase y brindaron.
 -Bien, ¡que empiece la fiesta! Podéis escuchar música, bailarla, escuchar al bufón... y para los más pequeños, tenemos un teatro de un caballero muy bueno que salva una princesa de las temibles garras de un dragón, ¡una nueva creación de Roger Stewart, el célebre creador de historietas! ¡A divertirse! -la música empezó a sonar y la gente salió a bailar.
Linda tenía pensado que quería hacer. Lo había pensado desde que el rey lo había mencionado. Quería bailar. Bailar con Evan, como la noche en la que habían estado juntos. Todo fue perfecto aquella noche; la luz de la luna en las pupilas del chico, su fantástica forma de bailar, su traje tan hermoso… Todo fue perfecto.
 -Evan, ¿salís a bailar?-le preguntó Linda con una gran sonrisa en la cara.
 -¿Cómo negarse a Linda, princesa de Roldania?- Linda se rió. Luego, Evan le cogió la mano y juntos salieron a la pista de baile.
Comenzaron bailando en un lado del escenario, la gente se quedó cautivada con la sutileza con la que se movían, como se miraban tiernamente, como iban al unísono… Al final les fueron metiendo más hacia el centro, más hacia el centro. Hasta que al final, se quedaron en medio. Como en la fiesta de las hadas. Todas las parejas formaban un círculo a su alrededor y todas las miradas se desviaban hacia ellos. “¿Quién es ese chico tan mugriento, y por qué baila con la princesa?” Preguntaba la gente entre sí. “Creo que es el escudero del príncipe Kyle, ¿por qué no bailan los príncipes juntos y no la princesa con ese sucio escudero?” Aunque Linda no oía a la gente, seguían murmurando sobre ella, pero no le importaba, porque jamás entenderían lo que sentía el uno respecto al otro, nadie podría cambiarlo nunca.
 -Espero que no sea uno de mis sueños, porque he tenido muchos parecidos a este.- susurró el escudero a Linda.
 -Te aseguro que no es un sueño, porque si no, no sentirías esto.-Linda se acercó para besarle, pero justo entonces se abrió la puerta del comedor.
La música cesó, la gente ya no bailaba, comía o reía.
 -¡Está ahí!-chilló un guardia-. ¡La princesa está ahí!
Linda reconoció el escudo del uniforme. Roldania. Le habían encontrado. No era posible, era demasiado pronto, ni siquiera se había instalado en ningún lugar. Justo cuando su vida comenzaba a tener sentido, tenían que destrozársela. Pero no iba a permitirlo.
Sin pensarlo dos veces, divisó una puerta y corrió hacia ella. Subió por unas escaleras, recorrió un estrecho pasillo, volvió a subir escaleras, otra vez pasillo… Siempre el mismo patrón.  Al final llegó a lo alto de una torre. La caída era de veinte metros. No sobreviviría. Los guardias subieron con ella a la azotea.
Todo ocurrió muy rápido: los guardias capturaron a Linda, claro que esta se defendió, pero eran demasiado fuertes y no se pudo soltar. Al final vio que no podía hacer nada. Mientras la arrastraban, soltó una lágrima que lo dijo todo; decía que era el fin, que su aventura se acababa ahí, que Evan se acababa ahí, que Beatrice se acababa ahí, que Kyle se acababa ahí, que la magia se acababa ahí. Sin embargo, su rostro no mostraba tristeza, todo lo contrario, estaba inexpresivo, mirando al horizonte.
Cuando estuvieron en el comedor Linda seguía con la misma cara, incluso cuando su padre la abrazó.
 -¿Por qué os escapasteis?-preguntó Ron.
Linda no respondió.
 -¿Por qué os escapasteis?-repitió.
Tampoco respondió.
 -¡Contestad!-insistió el rey.
Linda se quedó con la misma cara. El hombre preocupado, la agitó, le preguntó qué le pasaba… Intentó de todo. Pero entonces Evan se acercó al gobernante y le preguntó si podía intentarlo. No se lo negó, así que probó.
 -Linda, ¿me oyes? Soy yo, Evan. -Evan. Esa palabra pareció despertar un interés en ella. Le abrazó y rompió a llorar sin importarle que toda la sala les estuviera mirando.
 -¡Es el fin, Evan! ¡Me han encontrado, nos separarán! ¡Volveré al castillo! ¡No puedo volver! -sollozó la muchacha.
El rey la vio ahí, llorando. Estaba abrazada a un escudero que parecía importarle más que él mismo. Intentó pensar como Anastasia. “¿Qué habría hecho ella?” Primero pensó en sus opciones; dejarla irse con ese muchacho y buscar otra que reinara o encerrarla en el castillo y que le odiara el resto de su vida. Luego cuál era la más conveniente, cosa que no tenía clara. Que se fuera para siempre y que le siguiera apreciando, o, que le detestara por siempre jamás y probablemente más intentos de escapar. Al final tomó una decisión.
   Pensó que debía dejar a Linda volar, literalmente. Ya había cumplido los dieciocho y seguro que cualquier muchacha que encontrara querría gobernar Roldania.
 -Linda, ¿podéis acercaros un momento?-preguntó tímido Ron. Linda se secó las lágrimas, abrazó a Evan y se acercó a su padre.
 -Ya tenéis dieciocho años, sois mayor de edad y podéis decidir por vos misma.
 -Esperad, ¿ya tengo dieciocho años?-preguntó Linda extrañada.
 -¡Por supuesto! Los cumplisteis hace poco, mientras estabais fuera de casa.
Linda lo recordó; ¡había pasado su cumpleaños y no se había dado cuenta! Entonces recordó el día que los había cumplido. Fue el día en que mató a su ángel de la guarda, pero también fue la noche en la que bailó con Evan. Una noche mágica.
 -Tengo dieciocho años…-susurró para sí.
 -Bueno, tenéis dieciocho años, así que sois capaz de elegir vuestro destino, y veo que está bastante claro lo que deseáis -suspiró-. Podéis iros a vivir aventuras.
Tanta era la alegría, que Linda no cabía en sí. ¡Su padre le dejaba cumplir su deseo, vivir aventuras! Lloró de alegría. Primero corrió hacia Evan y le abrazó mientras seguía llorando. Después se acercó a Beatrice y a Kyle. Por último, se relajó más y fue caminando hacia Ron.
 -Papá, muchas gracias.-le dijo.
Le soltó un fuerte abrazo y toda la sala exclamó “¡Bieen!”. Cuando acabó el abrazó el rey se acercó a Evan.
 -Cuídala chico, no sé por qué te ha escogido, pero será por una buena causa. Linda es una chica muy especial y necesita a alguien como tú. Cuídala, hijo-le repitió. Acto seguido le abrazó-. ¡Qué continúe la fiesta!-todos gritaron y siguieron con la fiesta.
Kyle hablaba con las doncellas, Beatrice dibujaba la escena, Ron comía y bebía junto a Mister Hayes (donde encontró a una sirvienta muy inteligente que decidió llevarse a Roldania), Peter hacia unos trucos de magia para los niños… Todos se divertían. ¡Espera! Casi me olvido los dos enamorados que bailaban en la pista de baile como si no hubiera un mañana…


Epílogo
A la mañana siguiente el rey Ron y la futura reina Rose Roberts (no se iban a casar, pero cuando el rey muriera ella sería reina), iban a partir hacia Roldania cuando a Linda le picó la curiosidad y se acercó corriendo hacia ellos seguida de Evan.
 -Padre, ¿cómo supisteis que estaba en este castillo?-preguntó sin más.
 -Fuimos caminando por muchos lugares peligrosos preguntando a la gente si os habían visto, lo que nos llevó a un precioso bosque donde nos perdimos, pero por casualidad encontramos a una mujer con unos preciosos ojos azul zafiro que se tapaba con una mano el costado. Juraría que estaba herida de gravedad, pero no pregunté nada porque tenía prisa. Me preguntó quién era yo y le respondí suponiendo que no era ninguna amenaza. Pareció sonreír y me dijo que estabais aquí.-contestó el rey.
 -No es posible…-dijo Linda.
 -Debió de saber que si os encontraba vuestro padre os llevaría a palacio y no la volveríais a molestar-le respondió Evan a Linda-. Sobrevivió y escapó sin que nos diéramos cuenta.
Llegó Beatrice que había oído todo desde lejos y le preguntó a la princesa:
 -¿Qué vas a hacer con ella? ¿Vas a perseguirla hasta al fin matarla?-Linda pensó durante un momento.
 -No, ya sé que voy a vivir más aventuras y estoy segura de que me cruzaré con ella, pero no merece la pena estar toda tu vida pensando en la venganza. Si alguna vez la vuelvo a ver, puede… Pero hoy, no.-dijo orgullosa.
 -¡Bien dicho!-dijeron sus amigos.
 -Veo que ya habéis madurado bastante, hija mía. Estoy más tranquilo. Cambiando de tema, prometedme que me visitaréis a menudo.-dijo el rey abrazando a su hija.
 -Lo prometo.-respondió.
El carruaje del rey partió y los amigos se quedaron mirándolo hasta que lo perdieron de vista.
 -Ahora, ¿qué hacemos?-preguntó Beatrice.
 -Ya sabéis lo que quiero yo.-respondió la otra muchacha.
 -Yo iré con vos.-añadió Evan.
 -A mí me gustaría ir con vosotros.-objetó Beatrice tímidamente.
Kyle llegó en ese momento.
 -¡Chicos! ¿Os vais a ir de aventuras ya?
 -Sí, ¿queréis venir?-le preguntó Linda.
 -No, mi vida está aquí, en el castillo. Que os lo paséis muy bien.-dijo Kyle.
 -Ahora que lo pienso, ¿cuál es el conjuro del amuleto? ¿Para qué quería el rey el amuleto? Me rondan en la cabeza mil preguntas sobre este amuleto…-preguntó Beatrice.
-No sé responder a ninguna, pero estoy segura de que, a lo largo de nuestro viaje, se responderán por arte de magia…-respondió Linda.
Después, cogieron un poco de comida para el viaje. Los cuatro amigos se abrazaron y se despidieron del príncipe. Acto seguido, salieron corriendo del castillo.

Linda llevaba su bolsa de siempre, Beatrice llevaba otra alforja con su cuaderno y Evan llevaba otra alforja, pero esta vez no tenía tanto equipaje, porque ahora todo lo que necesitaba iría con él siempre. Linda iría con él siempre.

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