Capítulo
4 Una horrible noche
Me ducho en media hora. En esa media hora incluyo secarme el pelo.
Pienso en si dejarme el pelo suelto por primera vez desde el fin de semana
pasado. Siempre lo llevo en coleta excepto los fines de semana. Al final decido
dejarlo suelto. Decido quedarme en mi habitación, que, por cierto, es enorme.
Cuando entré vi el armario más grande del mundo con una cama
enorme, una mesilla también grande con una lamparita. También hay una
estantería. En las paredes hay cuadros y posters para decorarla. También hay
una mesa grande con una silla, encima de la mesa, hay un flexo y una caja con
bolígrafos y lapiceros. En el baño hay una bañera con gel y champú, un retrete
y un lavabo. Por no contar el espejo y
los estantes.
Todas las habitaciones son iguales. No las he visto, porque cuando
llegué todas estaban ocupadas. Me fio de la palabra de Will.
Al llamar a la puerta de las demás, aún se están secando el pelo.
Siempre he sido más rápida que ellas, en todo.
Miro el reloj de la
habitación. Las ocho menos diez. Llamaré a las demás, y saldremos a cenar. Llamo
a sus puertas y todas parece que han salido para ir a un restaurante caro. Yo,
en cambio, me he puesto una camiseta azul, una sudadera de Starbucks, unos
pantalones cortos color beis y unas converse blancas.
-¿Por qué vais así?-les pregunto.
-¿Tú has visto a Will y a George?-dice Jessica.
-¿Y a Jason?- continua diciendo Rose. No me lo recuerdes, por
favor, ¡es un cerdo!
-Son tan guapos…-acaba Anna.
-Ya, pero si ven lo arregladas que vais, creo que les daréis
miedo.-respondo.
Asienten y se quitan el
vestido. Mis amigas me sorprenden cada día más. Llevan ropa similar a la mía
debajo. Se cambian los zapatos, las joyas y se desmaquillan. Menos mal que lo
hacen rápido.
A menos cinco estamos en el ascensor, pero las chicas no paran de
hablar sobre los chicos… ¡Qué suplicio!
Llegamos pronto, pero hay
mucha gente ya. Entonces, ocurre lo mismo que en el gimnasio. Todos callados,
mirándome fijamente y hablando con el de al lado. Temo que vuelva a salir
Jason, pero lo busco con la mirada y no está. ¡Menos mal! A los que si veo son
a Will y a George. La gente parece que necesite una orden mía para seguir
comiendo, así que les digo que sigan y lo hacen. Cojo una bandeja y mis amigas
me siguen. No nos dan para elegir, hay puré, pescado y manzana. ¡Puaj!
Nos sentamos con los dos chicos, que están solos en una mesa.
Cuando empiezo con el pescado, la gente va viniendo a nuestra mesa poco a poco.
Me siento agobiada. Sin avisar a nadie, sujeto mi bandeja, y me siento en otra
mesa vacía. Mis amigas me preguntan que me pasa, pero no contesto. Mis tres
mejores amigas, Will y George vienen a sentarse a la mesa, pero cuando los
demás empiezan a venir, chillo:
-¡Dejadme en paz!-debo tener los ojos rojos de furia.
Sin que me dé cuenta, provoco fuego alrededor de la mesa, lo que
quema un poco a alguno que trataba acercarse.
Esos idiotas… Me enfadan mucho. ¡Oh, no! ¿¡Qué he hecho!? Estoy
avergonzada. Seguro que piensan que soy un monstruo. Pero, al menos, a lo mejor
dejan de acercarse a mí. Los Glondos pueden hacer lo mismo que yo acabo de hacer,
pero no lo hacen. Todos retroceden unos pasos menos una persona que acaba de
llegar. Jason.
-¿Qué te pasa preciosa?-dice con una gran sonrisa que hace que
todas las chicas de la habitación se derritan. Todas, menos yo.
-Déjame en paz.-murmullo levantándome de la mesa. Hago un pequeño
agujero en el círculo de fuego y salgo por él.
Mis amigas gritan mi nombre. No sé cómo, pero deshago la
circunferencia de fuego. Corro hacia el ascensor y pulso la planta 15. Mis
compañeras junto a George y Will me persiguen, pero para cuando se levantan, ya
se están cerrando las puertas de cristal del ascensor.
Cuando llego al vestíbulo
me meto por mi pasillo. Luego en la 203, y finalmente en la puerta D, que es la
que lleva a MI habitación, y la cierro con pestillo. Me tumbo en la cama
pensando en muchas cosas.
¿Por qué me ha tocado a mí ser la Clarinois? ¿Por qué la gente me
trata así? ¿Qué pensarán de mí? Yo jamás pedí tener esta vida. Quiero volver a
mi casa y sentarme frente a la televisión y ver con mi hermano dibujos
animados, aunque ya no nos guste. Quiero comer la riquísima comida de mi madre.
Quiero que mi padre me explique cosas sobre el universo que yo no entienda.
Seguramente, ya les habrán borrado la memoria y ni recordarán esos momentos.
Alguien aporrea la puerta.
-Juliette, sal de ahí, por favor.- esa es Rose.
-No te encierres, venga Julie, por favor.-esa seguro que es
Jessica. Siempre la llamaba Jessie, y ella para burlarse me llamaba Julie.
-Se han portado mal esos cretinos, pero seguro que ahora se portarán
mejor.-Anna, Anna… Siempre intenta ayudar, pero a veces, usa palabras como
cretinos, tontos… Incluso peores.
-Venga, por favor, te tratan así porque eres nueva, ya te
acostumbrarás.-dice Will, si no me equivoco.
-¡Dejadme sola, por favor!-les pido. Susurran un momento, ya
imagino que dirán. “Dejémosla hasta mañana” “Está cansada, necesita descansar”
“Nosotras también necesitamos descansar, adiós” “¡Adiós!” se oyen tres puertas
cerrándose. Me acerco a la puerta para oír que dicen los chicos.
-Vámonos, ya las has oído, está cansada.-le dice Will a George.
¿Os lo he dicho, no? Les han dicho que estoy cansada y que mañana estaré mejor.
Si no las conociera…
-Vete yendo, en cinco minutos acudo.-le responde George. ¿Qué
quiere hacer?
-Recuerda, la 207. ¡Ups, no! Tú lo recuerdas todo.- Will intenta
hacer una broma, pero no es muy graciosa.
-Ja, ja -responde en tono irónico-. Ahora te veo.- se despiden y
oigo a alguien llamar suavemente a la puerta.
-Juliette, soy yo, George. ¿Estás bien?-intento hacer como si no
hubiera escuchado nada de su conversación, cosa que se me da bien. Fingir. Qué
fácil es.
-Ya conoces mi respuesta. ¿No me has oído? ¡Vete!-ordeno. He
puesto una voz temblorosa, para que parezca que he llorado. A lo mejor parezco
penosa, ¿por qué quiero parecer penosa? No sé, pero lo hecho, hecho está.
-Pero antes, me gustaría…
-¡Vete!-exijo. ¿Está sordo? ¿Cree que ahora mismo me importa lo
que le gustaría a él? ¿Y lo que me gustaría a mí?
No responde. Supongo que se da la vuelta y camina triste por el pasillo
hacia su habitación.
Suspiro y me vuelvo a tumbar sobre la cama. Entonces, decido
dormirme. Me pongo un pijama que hay en mi armario y me lo pongo. En el armario
también encuentro ropa nueva y zapatos. Antes también había ropa, pero es que
ahora hay en abundancia, para todos los gustos; elegante, informal, glamorosa…
Deshago las sábanas y me meto dentro.
Creo que ha pasado una
hora u hora y media. No me he conseguido dormir. He estado pensando en todas
las cosas que he nombrado antes. Lo he intentado, pero soy incapaz de dormirme.
Me pongo la misma ropa de
antes y salgo de la habitación. Camino hacia el vestíbulo, todo parece
tenebroso. Seguro que son más de las diez, porque todos están en la cama. Sin
pensarlo, pulso el botón de la planta 32: el campo de entrenamiento. No sé muy
bien por qué voy a allí, lo único que quiero es huir de mi habitación.
Creo que debo ponerme en forma, estoy demasiado delgaducha para ir
a misiones arriesgadas. ¿Por qué empiezo? Ya sé, por lo más sencillo: pegarle
al saco de boxeo. Le empiezo a pegar con todas mis fuerzas, pero no son
suficientes. Tengo que concentrarme.
Ya llevo media hora
haciendo lo mismo. Me he quitado la sudadera, porque estoy sudando. ¡Por fin he
conseguido romper el saco! La arena va cayendo poco a poco. Entonces, me doy
cuenta de que hay una sombra en la penumbra. Temo que sea Jason, pero no es
así.
-Buen puñetazo, Julie.-George.
-No te creas, llevo aquí media hora.-respondo.
Cojo mi sudadera y me la pongo colgando al hombro. Me acerco a él,
y él se acerca a mí. Nos paramos cuando llegamos al potro. Dejo la chaqueta en
el suelo, y me apoyo en el potro. George me imita.
-¿Por qué has venido aquí? Está prohibido.-me dice.
-Lo mismo digo.
-Tuche. He llamado a tu habitación y como no estabas, he pensado
que estarías aquí. ¿Y tú?-pregunta.
-No me podía dormir.-digo.
-No es excusa para los agentes. Si no hubiera sido yo el que te
encuentra…
Entonces se me ocurre una cosa.
-Tú no me recordabas por tu capacidad de memoria ¿verdad?-no sé
por qué, pero tengo esa corazonada.
-Dímelo tú, me puedes leer la mente.-su rostro parece volverse
miedoso al acabar de decir eso.
-No sé controlarlo –respondo-. No me has contestado.
-Si te soy sincero, no.-dice.
Me dispongo a preguntarle por qué me recuerda (nunca hemos hablado
juntos, ni con gente, ni solos), pero un hombre trajeado entra.
-¿Qué hacéis? ¿Por qué no estáis en la cama? –no nos deja
contestar-. ¡A dormir ya!
Se mete en el ascensor con nosotros y nos empuja a nuestras
habitaciones. ¡Qué pesado! ¡Lo odio! Además, no le he podido preguntar por qué
me recuerda. Bueno, ya se lo preguntaré. Algún día…
RECORDAD QUE ESTA HISTORIA TAMBIÉN LA TENÉIS EN WATTPAD (Y MÁS COMPLETA AÚN)
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