viernes, 12 de junio de 2015

El ojo de Horus V

Capítulo 4  Una horrible noche
Me ducho en media hora. En esa media hora incluyo secarme el pelo. Pienso en si dejarme el pelo suelto por primera vez desde el fin de semana pasado. Siempre lo llevo en coleta excepto los fines de semana. Al final decido dejarlo suelto. Decido quedarme en mi habitación, que, por cierto, es enorme.
Cuando entré vi el armario más grande del mundo con una cama enorme, una mesilla también grande con una lamparita. También hay una estantería. En las paredes hay cuadros y posters para decorarla. También hay una mesa grande con una silla, encima de la mesa, hay un flexo y una caja con bolígrafos y lapiceros. En el baño hay una bañera con gel y champú, un retrete y un lavabo. Por no contar el espejo y  los estantes.
Todas las habitaciones son iguales. No las he visto, porque cuando llegué todas estaban ocupadas. Me fio de la palabra de Will.
Al llamar a la puerta de las demás, aún se están secando el pelo. Siempre he sido más rápida que ellas, en todo.
  Miro el reloj de la habitación. Las ocho menos diez. Llamaré a las demás, y saldremos a cenar. Llamo a sus puertas y todas parece que han salido para ir a un restaurante caro. Yo, en cambio, me he puesto una camiseta azul, una sudadera de Starbucks, unos pantalones cortos color beis y unas converse blancas.
-¿Por qué vais así?-les pregunto.
-¿Tú has visto a Will y a George?-dice Jessica.
-¿Y a Jason?- continua diciendo Rose. No me lo recuerdes, por favor, ¡es un cerdo!
-Son tan guapos…-acaba Anna.
-Ya, pero si ven lo arregladas que vais, creo que les daréis miedo.-respondo.
 Asienten y se quitan el vestido. Mis amigas me sorprenden cada día más. Llevan ropa similar a la mía debajo. Se cambian los zapatos, las joyas y se desmaquillan. Menos mal que lo hacen rápido.
A menos cinco estamos en el ascensor, pero las chicas no paran de hablar sobre los chicos… ¡Qué suplicio!
  Llegamos pronto, pero hay mucha gente ya. Entonces, ocurre lo mismo que en el gimnasio. Todos callados, mirándome fijamente y hablando con el de al lado. Temo que vuelva a salir Jason, pero lo busco con la mirada y no está. ¡Menos mal! A los que si veo son a Will y a George. La gente parece que necesite una orden mía para seguir comiendo, así que les digo que sigan y lo hacen. Cojo una bandeja y mis amigas me siguen. No nos dan para elegir, hay puré, pescado y manzana. ¡Puaj!
Nos sentamos con los dos chicos, que están solos en una mesa. Cuando empiezo con el pescado, la gente va viniendo a nuestra mesa poco a poco. Me siento agobiada. Sin avisar a nadie, sujeto mi bandeja, y me siento en otra mesa vacía. Mis amigas me preguntan que me pasa, pero no contesto. Mis tres mejores amigas, Will y George vienen a sentarse a la mesa, pero cuando los demás empiezan a venir, chillo:
-¡Dejadme en paz!-debo tener los ojos rojos de furia.
Sin que me dé cuenta, provoco fuego alrededor de la mesa, lo que quema un poco a alguno que trataba acercarse.
Esos idiotas… Me enfadan mucho. ¡Oh, no! ¿¡Qué he hecho!? Estoy avergonzada. Seguro que piensan que soy un monstruo. Pero, al menos, a lo mejor dejan de acercarse a mí. Los Glondos pueden hacer lo mismo que yo acabo de hacer, pero no lo hacen. Todos retroceden unos pasos menos una persona que acaba de llegar. Jason.
-¿Qué te pasa preciosa?-dice con una gran sonrisa que hace que todas las chicas de la habitación se derritan. Todas, menos yo.
-Déjame en paz.-murmullo levantándome de la mesa. Hago un pequeño agujero en el círculo de fuego y salgo por él.
Mis amigas gritan mi nombre. No sé cómo, pero deshago la circunferencia de fuego. Corro hacia el ascensor y pulso la planta 15. Mis compañeras junto a George y Will me persiguen, pero para cuando se levantan, ya se están cerrando las puertas de cristal del ascensor.
  Cuando llego al vestíbulo me meto por mi pasillo. Luego en la 203, y finalmente en la puerta D, que es la que lleva a MI habitación, y la cierro con pestillo. Me tumbo en la cama pensando en muchas cosas.
¿Por qué me ha tocado a mí ser la Clarinois? ¿Por qué la gente me trata así? ¿Qué pensarán de mí? Yo jamás pedí tener esta vida. Quiero volver a mi casa y sentarme frente a la televisión y ver con mi hermano dibujos animados, aunque ya no nos guste. Quiero comer la riquísima comida de mi madre. Quiero que mi padre me explique cosas sobre el universo que yo no entienda. Seguramente, ya les habrán borrado la memoria y ni recordarán esos momentos.
Alguien aporrea la puerta.
-Juliette, sal de ahí, por favor.- esa es Rose.
-No te encierres, venga Julie, por favor.-esa seguro que es Jessica. Siempre la llamaba Jessie, y ella para burlarse me llamaba Julie.
-Se han portado mal esos cretinos, pero seguro que ahora se portarán mejor.-Anna, Anna… Siempre intenta ayudar, pero a veces, usa palabras como cretinos, tontos… Incluso peores.
-Venga, por favor, te tratan así porque eres nueva, ya te acostumbrarás.-dice Will, si no me equivoco.
-¡Dejadme sola, por favor!-les pido. Susurran un momento, ya imagino que dirán. “Dejémosla hasta mañana” “Está cansada, necesita descansar” “Nosotras también necesitamos descansar, adiós” “¡Adiós!” se oyen tres puertas cerrándose. Me acerco a la puerta para oír que dicen los chicos.
-Vámonos, ya las has oído, está cansada.-le dice Will a George. ¿Os lo he dicho, no? Les han dicho que estoy cansada y que mañana estaré mejor. Si no las conociera…
-Vete yendo, en cinco minutos acudo.-le responde George. ¿Qué quiere hacer?
-Recuerda, la 207. ¡Ups, no! Tú lo recuerdas todo.- Will intenta hacer una broma, pero no es muy graciosa.
-Ja, ja -responde en tono irónico-. Ahora te veo.- se despiden y oigo a alguien llamar suavemente a la puerta.
-Juliette, soy yo, George. ¿Estás bien?-intento hacer como si no hubiera escuchado nada de su conversación, cosa que se me da bien. Fingir. Qué fácil es.
-Ya conoces mi respuesta. ¿No me has oído? ¡Vete!-ordeno. He puesto una voz temblorosa, para que parezca que he llorado. A lo mejor parezco penosa, ¿por qué quiero parecer penosa? No sé, pero lo hecho, hecho está.
-Pero antes, me gustaría…
-¡Vete!-exijo. ¿Está sordo? ¿Cree que ahora mismo me importa lo que le gustaría a él? ¿Y lo que me gustaría a mí?
No responde. Supongo que se da la vuelta y camina triste por el pasillo hacia su habitación.
Suspiro y me vuelvo a tumbar sobre la cama. Entonces, decido dormirme. Me pongo un pijama que hay en mi armario y me lo pongo. En el armario también encuentro ropa nueva y zapatos. Antes también había ropa, pero es que ahora hay en abundancia, para todos los gustos; elegante, informal, glamorosa… Deshago las sábanas y me meto dentro.
  Creo que ha pasado una hora u hora y media. No me he conseguido dormir. He estado pensando en todas las cosas que he nombrado antes. Lo he intentado, pero soy incapaz de dormirme.
   Me pongo la misma ropa de antes y salgo de la habitación. Camino hacia el vestíbulo, todo parece tenebroso. Seguro que son más de las diez, porque todos están en la cama. Sin pensarlo, pulso el botón de la planta 32: el campo de entrenamiento. No sé muy bien por qué voy a allí, lo único que quiero es huir de mi habitación.
Creo que debo ponerme en forma, estoy demasiado delgaducha para ir a misiones arriesgadas. ¿Por qué empiezo? Ya sé, por lo más sencillo: pegarle al saco de boxeo. Le empiezo a pegar con todas mis fuerzas, pero no son suficientes. Tengo que concentrarme.
  Ya llevo media hora haciendo lo mismo. Me he quitado la sudadera, porque estoy sudando. ¡Por fin he conseguido romper el saco! La arena va cayendo poco a poco. Entonces, me doy cuenta de que hay una sombra en la penumbra. Temo que sea Jason, pero no es así.
-Buen puñetazo, Julie.-George.
-No te creas, llevo aquí media hora.-respondo.
Cojo mi sudadera y me la pongo colgando al hombro. Me acerco a él, y él se acerca a mí. Nos paramos cuando llegamos al potro. Dejo la chaqueta en el suelo, y me apoyo en el potro. George me imita.
-¿Por qué has venido aquí? Está prohibido.-me dice.
-Lo mismo digo.
-Tuche. He llamado a tu habitación y como no estabas, he pensado que estarías aquí. ¿Y tú?-pregunta.
-No me podía dormir.-digo.
-No es excusa para los agentes. Si no hubiera sido yo el que te encuentra…
Entonces se me ocurre una cosa.
-Tú no me recordabas por tu capacidad de memoria ¿verdad?-no sé por qué, pero tengo esa corazonada.
-Dímelo tú, me puedes leer la mente.-su rostro parece volverse miedoso al acabar de decir eso.
-No sé controlarlo –respondo-. No me has contestado.
-Si te soy sincero, no.-dice.
Me dispongo a preguntarle por qué me recuerda (nunca hemos hablado juntos, ni con gente, ni solos), pero un hombre trajeado entra.
-¿Qué hacéis? ¿Por qué no estáis en la cama? –no nos deja contestar-. ¡A dormir ya!
Se mete en el ascensor con nosotros y nos empuja a nuestras habitaciones. ¡Qué pesado! ¡Lo odio! Además, no le he podido preguntar por qué me recuerda. Bueno, ya se lo preguntaré. Algún día…

RECORDAD QUE ESTA HISTORIA TAMBIÉN LA TENÉIS EN WATTPAD (Y MÁS COMPLETA AÚN)


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