domingo, 7 de junio de 2015

Mi futuro libro VI

Capítulo 6     Bien hecho, Kyle
Eran las ocho de la mañana cuando Linda se despertó. Beatrice aún seguía dormida y no quería despertarla; de puntillas se acercó a la puerta. Pero ella se despertaba al más mínimo sonido, así que se levantó de golpe.
 -¿Qué hora es?
  -Intenté no despertaos, pero… -Linda se ruborizó.
 -No os preocupéis, me despierto al poco ruido. ¿Qué hora es?-repitió la pregunta.
 -¿Las diez y media? Ni idea, no sé qué hora es.
Beatrice se levantó y se acercó la puerta. Miró en dirección al sol y dijo:
 -Las nueve. ¿Nunca os enseñaron a leer la hora mirando la posición del sol?
Linda se lo negó y Beatrice resopló.
    Se dirigieron hacia una cabaña diez veces más grande que la suya. Allí comían sus cincuenta habitantes e invitados, que en ese caso eran ellos cuatro. Había seis mesas y en cada una cabrían diez personas. Allí, estaban desayunando la gente que trabajaba temprano: médicos, granjeros... Había hombres y mujeres, pero no adolescentes ni niños. No sabía el qué pero a Linda le sonaba la cara de un grupo de personas, mejor dicho los ojos...
   Al entrar, las chicas se dirigieron a un hombre bastante grande. Daba un poco de miedo, pero según Beatrice era el jefe del campamento. Beatrice comenzó a decir:
 -Buenos días señor Culpepper. Nos gustaría desayunar, cuando tenga dos sitios libres avísenos.
 -Miss Beatrice podéis desayunar cuando queráis. Y Miss...-añadió mirando a Linda.
 -Miss Linda-afirmó la chica un poco temblorosa.
 -Bien. Miss Linda, no deberíais tenerme miedo. No soy malo. Tengo una bella mujer y unos hijos maravillosos-el hombretón puso una sonrisa en la cara y dijo-. Sentaos donde queráis.
 -Muchísimas gracias señor Culpepper. -respondieron al unísono.
Se sentaron en la mesa que estaba al lado de la puerta, donde estaba la mayoría de la gente. Les sirvieron una tacita de té y pan con manteca.
 Las chicas empezaron a hablar entre ellas y nadie les hacía caso alguno. Parecía como si no estuvieran allí. Cuando acabaron de desayunar, no habían hablado con nadie. Excepto una vez que una mujer había confundido a Linda con otra persona.
Cuando salieron del comedor, vieron que los chicos que salían de la cabaña bostezando y frotándose los ojos.
 -¿Qué hora es? -preguntó Kyle medio dormido.
 -Las diez. -indicó Beatrice.
 -¿Qué hay de desayunar?-volvió a preguntar Kyle.
 -Pan con manteca y té. -respondió Linda esta vez.
 -¿Solo? En palacio tenemos de todo tipo de manjares.
 -Genial, se ha pasado el hechizo. -dijo Beatrice entre dientes.
Evan dijo a las chicas:
 -Id a prepararos mientras desayunamos, luego partiremos.
 Los chicos tardaron media hora en llegar, para entonces las chicas estaban deslumbrantes. Kyle lanzó un silbido y Linda sonrió. Evan cogió todas las alforjas y partieron. Iban caminando puesto que no tenían caballos.
   Kyle llevaba puestas unas botas de cuero que le llegaban hasta las rodillas. Hacían bastante ruido al pisar la tierra mojada, puesto que a medianoche había llovido. Llevaba puestos unos guantes también de cuero de marrón oscuro que hacían ruido.
   En el camino, Beatrice pensaba en lo odioso que era Kyle. Le miraba por el rabillo con una insultante mirada de desprecio. Quería cortar el puente cuando Linda estaba en él, no se atrevía a ir primero ni ultimo... "Es un cobarde" pensaba ella. Le recordaba a otra persona… En cambio, Evan no le caía tan mal, la había ayudado, pero no le llegaba a caerle bien del todo porque los chicos (sobre todo de su edad) no es que le encantaran.
   Evan seguía tan sucio y con tantas mochilas como antes. Sus ojos de vez en cuando miraban de reojo a Linda, incluso a veces se había girado por completo, pero Linda no se había dado cuenta. El pobre amaba a Linda, pero sabía que su amor no sería correspondido. ¿Qué rica y guapa princesa se casaría con un pobre y sucio escudero? Además, había visto como Linda miraba a Kyle, solo necesitaba que el chico se fijara en ella y lo tendría hecho (cosa bastante probable). Nunca podría conseguir nada.
   Linda pensaba en qué haría cuando llegara al castillo. ¿Les daba el amuleto como decía su corazón? ¿O hacía caso a su difunta madre que tanto le había ayudado? La pobrecilla no sabía qué hacer. La chica se preguntaba continuamente: ¿Por qué todo el mundo quiere este estúpido amuleto? ¿Qué puede hacer? ¿Y cómo se usa esta magia que tengo dentro?
    Llegaron a las grutas de la belleza a mediodía. Justo antes de entrar, pararon y cogieron un par de manzanas que había en un árbol y se las comieron. Cuando acabaron, entraron en la cueva. 
Estaba oscura y no se veía nada. Por suerte, Evan tenía un par de velas en su mochila. Las sujetaban Linda y Beatrice, porque Evan se había quemado un poco al encenderla y le escocían bastante todos y cada uno de sus dedos de la mano derecha. ¿Y Kyle? Simplemente le daba miedo llevar las velas tanto encendidas como apagadas.
   Siguieron avanzando poco a poco. En el suelo había barro y al andar, sobre todo se oían las caras botas de Kyle y los zapatos de Linda, que caminaban con firmeza sobre aquella tierra mojada.
Ya iban por la mitad; habían caminado una hora entera sin ver nada y a paso ligero; estaban agotados. Habían ido en silencio, en un gran, aterrador y misterioso silencio. Entonces Evan pronunció dos palabras para romperlo.
 -Deberíamos parar.
Ninguno dijo nada, pero todos levantaron la cabeza que habían mantenido fija hacia el suelo durante ese par de horas.
 -Yo estoy agotado ¿vosotros no?
Kyle y Beatrice asintieron con la cabeza, mirando a Evan.
 -Linda, ¿vos no? Linda, ¿me oís?-la joven estaba en un pequeño trance mirando hacia delante. Sus ojos estaban abiertos como platos y había cesado de andar. Miraba hacia adelante y parecía hipnotizada.
 -Linda, ¿estáis bien?- Beatrice se colocó en frente de Linda.
 -¡Aparta u os arranco de cuajo esos ojos! -chilló Linda con una voz de mujer, pero que no era la suya. Era como la de…
Evan miró hacia donde Linda miraba y dijo:
 -Eee... Tenemos problemas.
Delante de ellos estaban Liam Moore, Jessie Brown y su jefe, del cual no sabían su nombre.
 -Jessie. -susurró  Beatrice.
 -¡Estabais muertos! -chilló Kyle.
 -¡Sorpresa! -dijo el jefe de la banda. Sujetaba en la mano una pequeña ruleta que no paraba de dar vueltas.
 -El único que murió fue Brett. -le respondió Liam.
 - ¿Qué le hacéis a Linda?- preguntaron Evan y Beatrice muy enfadados.
 -Solo queremos... ¿Cómo decirlo delicadamente? Matarla. Me hizo mucho daño y los que hacen daño a Jessie, más les vale correr.- les dijo la chica en tono amenazador.
Evan quería tirarse al suelo y llorar o abalanzarse sobre ellos y matarlos antes. No sabía qué hacer "¿Y si me sacrifico por Linda? No funcionará, la quieren matar a ella."
Beatrice no se iba a andar con rodeos así que fue precisa.
 -Devolvednos a Linda. -parecía enfadada. Llegaba incluso a dar miedo.
Jessie iba a hablar, pero Beatrice no le dejó.
 -He dicho que nos la devolváis, y no lo voy a repetir.
Los tres bandidos soltaron una carcajada.
 -A mí nadie me habla así. -añadió el jefe después de ponerse serio otra vez.
 -Pues a mí nadie me roba así a mis amigos. -le respondió Beatrice.
Beatrice se acercó al  oído de Kyle y susurró:
 -Cuando diga ya, agarrad a Linda, me da igual lo mucho que te chille, no la soltéis.
Se acercó a la oreja del escudero y murmuró:
 -Cuando diga ya, coged la espada de Linda y luchad contra los bandidos.
Beatrice tenía el siguiente plan: Kyle sujetaría a Linda, porque con la chica luchando contra ellos, seguro que los mataría. Evan cogería la espada de Linda mientras Kyle la sujetaba. Entonces entraba ella, le cogería la espada a algún bandido cuando estuviera despistado, pero todo tenía que salir a la perfección, si alguien se adelantaba, lo fastidiaría todo.
Los tres bandidos observaban la escena con la mirada fría, pero ninguno decía nada. Beatrice esperaba el momento perfecto y Kyle se preguntaba “¿Por qué no dice nada? ¡Me aburro!” Entonces Kyle fastidió el plan. Agarró a Linda antes de lo debido y los bandidos  dedujeron lo que iban a hacer.
 -Agarraos la espada chicos.-dijo Jessie al tiempo que desenfundaba la espada.
“Bien hecho principito, nos has fastidiado el plan.” Pensó Beatrice. Cuando salieran de allí, si es que salían, le diría lo bien que lo había hecho.
La bandida le pegó un codazo en toda la cabeza a Kyle y luego Evan. Beatrice intentó defenderse, pero en vano. Lo último que oyó fue a Jessie Brown riéndose.



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