Capítulo 5 Las brujas de Ework
Linda abrió los
ojos lentamente.
-Buenos días. Es decir buenas noches. –era la
sirvienta de la princesa.
-¡No! ¡Todo ha sido un sueño!-los ojos se le
llenaron de lágrimas, pero pudo contenerlas.
-Os equivocáis. Después de que vos
desaparecierais, el rey despidió a muchas sirvientas. Vuestros amigos están
fuera, alrededor de la hoguera.
Era la sirvienta
que mejor le caía a Linda. Era dulce, amable y muy generosa. En todos esos años
había sido como su madre, ya que no había tenido. En los problemas más
difíciles le ayudaba, en los más tristes le hacía reír, siempre conseguía que
se fuera a la cama a su hora… En todos los momentos importantes de su vida,
ella había estado ahí, pero ya no la volvería a ver, la capturaran y viviera en
el castillo o viviera libre.
-Gracias Kelly.-respondió
dulcemente Linda. La abrazó un momento y soltó una lágrima sin que se diera
cuenta.
Acto seguido se
levantó y salió fuera.
-¡Hola chicos!-chilló la joven-. ¿dónde
estamos?
-¡Linda!-los tres amigos la abrazaron.
-Estamos en Ework. Nosotros cenando.
¿Quieres una pata de pollo?-su amiga le indicó rápidamente.
-¿Que ha pasado? Lo único que recuerdo es
caerme en tierra firme después del puente.-dijo mientras comía el pollo.
-Os desmayasteis y os trajimos a la aldea más cercana.-le
dijo Evan.
-Esperad y veréis esto-Kyle sacó un mapa del
bolsillo-. Nos dieron un mapa para llegar al castillo. La verdad es que no me
acuerdo.-el joven se sonrojó, y todos se rieron.
En una mesa que
había, Evan extendió el mapa.
-Vale. Solo tenemos que cruzar las grutas de
la belleza, las cascadas del mal, la montaña de la perdición, los campos de la
esperanza, el lago de la muerte y el bosque de la desesperación. Luego
llegaremos al castillo.
-Qué nombres tan animados.-murmuró Beatrice.
-Pues venga, vámonos.-dijo Linda muy lanzada.
-No, no, no. Puede que vos hayáis dormido,
pero nosotros estamos muy cansados. Nos han dejado dos cabañas, una para chicas
y otra para chicos. -le respondió Beatrice.
Acto seguido se
fueron a las cabañas.
-¿Le habéis hecho algo a Kyle? Le he notado un
poco más...
-¿Simpático? Sí las brujas de Ework
le han hecho un
conjuro para que en...-la chica preguntó a una mujer la hora y dijo-. Once
horas sea así de amable.
-Ahora que estamos solas os quiero preguntar
por mi caída. En el puente ¿recordáis?
-Mejor que vos-de repente se acordó de la se
acordó de la sangre naranja-. Quiero deciros una cosa que probablemente no sepáis
pero, tenías sangre naranja.
-¿Qué? ¿Naranja?-Linda empezaba a hiperventilar-¿Cómo?
-Teníais una sangre roja en la cara, pero en
las rodillas y los codos la sangre era naranja. No os alarméis, las brujas de Ework
están pensando
que ha podido ser y el por qué.
-¿Por qué las llamáis brujas de Ework? ¿Por qué no
simplemente brujas?
-Dicen que si las llaman así sufren un dolor
de cabeza durante media hora.
-Creo que debería ir a pedir perdón. ¿Dónde
están?-preguntó.
-La casa de las brujas de Ework
está dentro del
bosque, dirigíos detrás de las cabañas y andad mil pasos todo recto, luego a
mano derecha encontraréis la cabaña, suerte.
Linda salió de la cabaña sin decir
respuesta alguna. Se puso detrás de la cabaña y, contando sus pasos, se
dirigió a su destino. En realidad Linda
no quería ir para pedir perdón, sino para preguntar por su sangre, quería
saberlo antes que nadie.
En
la mitad del trayecto, la muchacha ya no veía el humo de la hoguera, debido a
los altos pinos. Delante de ella solo veía árboles, no había un sendero fijo
que seguir, andaba entre árboles que le rodeaban por todas partes. Detrás, solo
había árboles y sus pequeñas pisadas.
No se oía nada. Todo estaba tranquilo y
silencioso. Lo extraño era que no había ningún animal aparte de hormigas y
demás bichos, sino se oirían. La muchacha pisaba con fuerza como de costumbre,
pero intentaba pisar suavemente para que no se oyeran sus pasos sobre el suelo.
Sentía miedo. Un miedo terrible. Como ya he
explicado antes, era muy imaginativa y se imaginaba todo tipo de monstruos.
También estaba un poco triste, porque pensaba que debía estar enferma por tener
aquella sangre. Los sentimientos que ella pensaba que eran malos, en realidad,
eran buenos. De hecho, no hay ningún sentimiento malo. Aquellos dos
sentimientos suelen ser los que peor se los toma la gente, pero la tristeza y
el miedo, son de los mejores. Ayudan a la gente a ser más fuerte.
Al llegar al paso número mil, el corazón le
iba a cien. Giro a la derecha, pero no vio la casa de las brujas de Ework.
Avanzó diez pasos
más y a la derecha encontró la cabaña.
Llamó a la
puerta.
-¿Quién sois?-preguntó una voz dulce y
cariñosa.
-Soy Linda. Una viajera.
-Estamos ocupadas, ¿podéis venir en otro
momento?-era otra voz parecida a la anterior, pero no la misma.
-Soy la chica a la que le salió la sangre
naranja.
-¡Ya voy!-una voz parecidísima a las demás,
pero muy agitad.
Al abrir la
puerta vio a tres chicas que parecían ángeles.
La primera, era rubia. Su pelo era dorado,
precioso. Lo llevaba por el final de los muslos. Tenía los ojos marrones. Era
amarillo ocre. La nariz era alargada y chata. Tenía el labio superior muy fino
y el inferior un poco más grueso. Los dientes blancos y perfectamente
alineados. Era muy delgada, se le veían las costillas atreves de la túnica
blanca, todas llevaban la misma. Era bastante alta.
La segunda tenía el pelo negro azabache por
las caderas. Los ojos los tenía grises, muy bonitos. Su nariz era más bien
respingona, pero corta. Tanto el labio inferior como el superior eran anchos y
llamaban mucho la atención. Estaban pintados con un rojo valentino y tenían un
brillo deslumbrante. Era bastante regordeta y bajita la verdad.
La última era la más guapa. Su pelo era
marrón clarito, casi se pasaba por rubio. Largo hasta el final de la columna
vertebral. Tenía unos ojos marrones grandes con unas pestañas preciosas. Su
pequeñita y chata nariz, se parecía a la de Linda. El labio superior era
extremadamente fino y el inferior extremadamente delgado. No era ni muy
delgada, ni muy ancha. Ni muy alta, ni muy baja. Un punto intermedio entre las
otras dos chicas.
La
habitación era oscura y la única luz que había era de una pequeña vela que
sostenía la chica rubia. En el centro de la cabaña un gran caldero y la chica
de pelo castaño lo removía con una gran cuchara de madera. La morena debía de
estar leyendo algún conjuro justo antes de que Linda entrara, pues sujetaba un
libro de hechizos. Al fondo de la habitación había una cortina, que llevaría a
otra habitación.
-En
primer lugar os pido perdón, puesto que he pronunciado mal vuestro nombre.
–comenzó a decirles Linda.
-Si os
contamos un secreto, nos explicaréis vuestra historia. –le dijo la chica
morena.
-Sabemos
que tenéis cosas interesantes que contarnos. Y por favor comenzad desde el
principio. –la siguiente en hablar fue la rubia.
-Yo me
llamo Amy, la rubia es Jude y la morena Loren ¿Cómo os llamáis? -la chica de
pelo castaño habló con una sonrisa en la cara. Era una sonrisa preciosa.
-Linda.
-Podéis
comenzar vuestra historia, Linda.-Jude estaba impaciente.
-Yo
estaba harta de mi vida en palacio…-comenzó a decir Linda.
-No,
no. Desde el principio. Queremos saber con quién vivíais, que hacíais en
vuestro tiempo libre… -Loren exigía saberlo todo.
-Yo
vivía con mi padre, mi madre me murió cuando me dio a luz. En mi tiempo libre
intentaba descifrar aquel amuleto egipcio. Era de mi madre, me lo dejó a mí.
Luego me escapé del castillo porque odiaba mi vida…
-No
hace falta más. Vuestros amigos nos han contado lo demás–Loren cortó a Linda-.
Nos toca contaros nuestro secreto. No nos duele cuando alguien no nos llama
brujas de Ework.
Y además no somos feas, somos más guapas, solo
que ocultamos nuestro verdadero rostro. Solo dos personas en el mundo pueden
verlo. Uno en Irlanda y otra aquí, Inglaterra.-
-Disculpad, ¿por qué esas
personas os pueden ver como sois en realidad? –Linda dudó, porque pensaba que
podría ser ella.
-Son especiales. ¿Cómo
decirlo? Tienen magia en su interior. Los dos tienen una cosa en común:
perdieron a su madre y a ratos les habla en su cabeza.-le respondió Jude.
-Esperad un momento. Linda
perdió a su madre–decía Amy mientras se dirigía a sus compañeras brujas-. Vive
en Inglaterra y tiene la sangre naranja.
Estuvieron un par de segundos reflexionando y añadieron al
unísono:
-¿Nos ves guapas o feas? Y
por favor sed sincera.
Linda les respondió:
-Os veo guapas. Sois
preciosas.
-Os voy a dar una advertencia.
Ese extraño amuleto, el que habéis nombrado antes. Guardadlo con vuestra vida,
no sabéis lo que pueden hacer si os lo roban. No se lo deis al padre de aquel
horrible príncipe. Ahora marchaos y alejaos de todo aquel que quiera robároslo.
–Amy empujaba a Linda hacía la salida.
-No le contéis a nadie que
habéis estado aquí y lo que os hemos dicho. –añadió Loren.
Cuando Linda estuvo fuera cerraron la puerta de golpe. Volvió al
camino hacia Ework.
-¿Creéis que logrará no dárselo
a nadie?-preguntó Jude.
Amy dudó, pero respondió a la pregunta:
-Yo creo que es una chica
muy fuerte y lo conseguirá, pero tendrá que tener cuidado, noto que el amor
aguarda en su interior, y puede ser peligroso…
No hay comentarios:
Publicar un comentario