miércoles, 3 de junio de 2015

Mi fututo libro V


Capítulo 5   Las brujas de  Ework
Linda abrió los ojos lentamente.
 -Buenos días. Es decir buenas noches. –era la sirvienta de la princesa.
 -¡No! ¡Todo ha sido un sueño!-los ojos se le llenaron de lágrimas, pero pudo contenerlas.
 -Os equivocáis. Después de que vos desaparecierais, el rey despidió a muchas sirvientas. Vuestros amigos están fuera, alrededor de la hoguera.
Era la sirvienta que mejor le caía a Linda. Era dulce, amable y muy generosa. En todos esos años había sido como su madre, ya que no había tenido. En los problemas más difíciles le ayudaba, en los más tristes le hacía reír, siempre conseguía que se fuera a la cama a su hora… En todos los momentos importantes de su vida, ella había estado ahí, pero ya no la volvería a ver, la capturaran y viviera en el castillo o viviera libre.
-Gracias Kelly.-respondió dulcemente Linda. La abrazó un momento y soltó una lágrima sin que se diera cuenta.
Acto seguido se levantó y salió fuera.
 -¡Hola chicos!-chilló la joven-. ¿dónde estamos?
 -¡Linda!-los tres amigos la abrazaron.
 -Estamos en Ework. Nosotros cenando. ¿Quieres una pata de pollo?-su amiga le indicó rápidamente.
 -¿Que ha pasado? Lo único que recuerdo es caerme en tierra firme después del puente.-dijo mientras comía el pollo.
 -Os desmayasteis y os trajimos a la aldea más cercana.-le dijo Evan.
 -Esperad y veréis esto-Kyle sacó un mapa del bolsillo-. Nos dieron un mapa para llegar al castillo. La verdad es que no me acuerdo.-el joven se sonrojó, y todos se rieron.
En una mesa que había, Evan extendió el mapa.
 -Vale. Solo tenemos que cruzar las grutas de la belleza, las cascadas del mal, la montaña de la perdición, los campos de la esperanza, el lago de la muerte y el bosque de la desesperación. Luego llegaremos al castillo.
 -Qué nombres tan animados.-murmuró Beatrice.
 -Pues venga, vámonos.-dijo Linda muy lanzada.
 -No, no, no. Puede que vos hayáis dormido, pero nosotros estamos muy cansados. Nos han dejado dos cabañas, una para chicas y otra para chicos. -le respondió Beatrice.
Acto seguido se fueron a las cabañas.
 -¿Le habéis hecho algo a Kyle? Le he notado un poco más...
 -¿Simpático? Sí las brujas de Ework le han hecho un conjuro para que en...-la chica preguntó a una mujer la hora y dijo-. Once horas sea así de amable.
 -Ahora que estamos solas os quiero preguntar por mi caída. En el puente ¿recordáis?
 -Mejor que vos-de repente se acordó de la se acordó de la sangre naranja-. Quiero deciros una cosa que probablemente no sepáis pero, tenías sangre naranja.
 -¿Qué? ¿Naranja?-Linda empezaba a hiperventilar-¿Cómo?
 -Teníais una sangre roja en la cara, pero en las rodillas y los codos la sangre era naranja. No os alarméis, las brujas de Ework están pensando que ha podido ser y el por qué.
 -¿Por qué las llamáis brujas de Ework? ¿Por qué no simplemente brujas?
 -Dicen que si las llaman así sufren un dolor de cabeza durante media hora.
 -Creo que debería ir a pedir perdón. ¿Dónde están?-preguntó.
 -La casa de las brujas de Ework está dentro del bosque, dirigíos detrás de las cabañas y andad mil pasos todo recto, luego a mano derecha encontraréis la cabaña, suerte.
    Linda salió de la cabaña sin decir respuesta alguna. Se puso detrás de la cabaña y, contando sus pasos, se dirigió  a su destino. En realidad Linda no quería ir para pedir perdón, sino para preguntar por su sangre, quería saberlo antes que nadie.
     En la mitad del trayecto, la muchacha ya no veía el humo de la hoguera, debido a los altos pinos. Delante de ella solo veía árboles, no había un sendero fijo que seguir, andaba entre árboles que le rodeaban por todas partes. Detrás, solo había árboles y sus pequeñas pisadas.
   No se oía nada. Todo estaba tranquilo y silencioso. Lo extraño era que no había ningún animal aparte de hormigas y demás bichos, sino se oirían. La muchacha pisaba con fuerza como de costumbre, pero intentaba pisar suavemente para que no se oyeran sus pasos sobre el suelo.
   Sentía miedo. Un miedo terrible. Como ya he explicado antes, era muy imaginativa y se imaginaba todo tipo de monstruos. También estaba un poco triste, porque pensaba que debía estar enferma por tener aquella sangre. Los sentimientos que ella pensaba que eran malos, en realidad, eran buenos. De hecho, no hay ningún sentimiento malo. Aquellos dos sentimientos suelen ser los que peor se los toma la gente, pero la tristeza y el miedo, son de los mejores. Ayudan a la gente a ser más fuerte.
    Al llegar al paso número mil, el corazón le iba a cien. Giro a la derecha, pero no vio la casa de las brujas de Ework. Avanzó diez pasos más y a la derecha encontró la cabaña.
Llamó a la puerta.
 -¿Quién sois?-preguntó una voz dulce y cariñosa.
 -Soy Linda. Una viajera.
 -Estamos ocupadas, ¿podéis venir en otro momento?-era otra voz parecida a la anterior, pero no la misma.
 -Soy la chica a la que le salió la sangre naranja.
 -¡Ya voy!-una voz parecidísima a las demás, pero muy agitad.
Al abrir la puerta vio a tres chicas que parecían ángeles.
    La primera, era rubia. Su pelo era dorado, precioso. Lo llevaba por el final de los muslos. Tenía los ojos marrones. Era amarillo ocre. La nariz era alargada y chata. Tenía el labio superior muy fino y el inferior un poco más grueso. Los dientes blancos y perfectamente alineados. Era muy delgada, se le veían las costillas atreves de la túnica blanca, todas llevaban la misma. Era bastante alta.
    La segunda tenía el pelo negro azabache por las caderas. Los ojos los tenía grises, muy bonitos. Su nariz era más bien respingona, pero corta. Tanto el labio inferior como el superior eran anchos y llamaban mucho la atención. Estaban pintados con un rojo valentino y tenían un brillo deslumbrante. Era bastante regordeta y bajita la verdad.
    La última era la más guapa. Su pelo era marrón clarito, casi se pasaba por rubio. Largo hasta el final de la columna vertebral. Tenía unos ojos marrones grandes con unas pestañas preciosas. Su pequeñita y chata nariz, se parecía a la de Linda. El labio superior era extremadamente fino y el inferior extremadamente delgado. No era ni muy delgada, ni muy ancha. Ni muy alta, ni muy baja. Un punto intermedio entre las otras dos chicas.
    La habitación era oscura y la única luz que había era de una pequeña vela que sostenía la chica rubia. En el centro de la cabaña un gran caldero y la chica de pelo castaño lo removía con una gran cuchara de madera. La morena debía de estar leyendo algún conjuro justo antes de que Linda entrara, pues sujetaba un libro de hechizos. Al fondo de la habitación había una cortina, que llevaría a otra habitación.
 -En primer lugar os pido perdón, puesto que he pronunciado mal vuestro nombre. –comenzó a decirles Linda.
 -Si os contamos un secreto, nos explicaréis vuestra historia. –le dijo la chica morena.
 -Sabemos que tenéis cosas interesantes que contarnos. Y por favor comenzad desde el principio. –la siguiente en hablar fue la rubia.
 -Yo me llamo Amy, la rubia es Jude y la morena Loren ¿Cómo os llamáis? -la chica de pelo castaño habló con una sonrisa en la cara. Era una sonrisa preciosa.
 -Linda.
 -Podéis comenzar vuestra historia, Linda.-Jude estaba impaciente.
 -Yo estaba harta de mi vida en palacio…-comenzó a decir Linda.
 -No, no. Desde el principio. Queremos saber con quién vivíais, que hacíais en vuestro tiempo libre… -Loren exigía saberlo todo.
 -Yo vivía con mi padre, mi madre me murió cuando me dio a luz. En mi tiempo libre intentaba descifrar aquel amuleto egipcio. Era de mi madre, me lo dejó a mí. Luego me escapé del castillo porque odiaba mi vida…
 -No hace falta más. Vuestros amigos nos han contado lo demás–Loren cortó a Linda-. Nos toca contaros nuestro secreto. No nos duele cuando alguien no nos llama brujas de Ework. Y además no somos feas, somos más guapas, solo que ocultamos nuestro verdadero rostro. Solo dos personas en el mundo pueden verlo. Uno en Irlanda y otra aquí, Inglaterra.-
 -Disculpad, ¿por qué esas personas os pueden ver como sois en realidad? –Linda dudó, porque pensaba que podría ser ella.
 -Son especiales. ¿Cómo decirlo? Tienen magia en su interior. Los dos tienen una cosa en común: perdieron a su madre y a ratos les habla en su cabeza.-le respondió Jude.
 -Esperad un momento. Linda perdió a su madre–decía Amy mientras se dirigía a sus compañeras brujas-. Vive en Inglaterra y tiene la sangre naranja.
Estuvieron un par de segundos reflexionando y añadieron al unísono:
 -¿Nos ves guapas o feas? Y por favor sed sincera.
Linda les respondió:
 -Os veo guapas. Sois preciosas.
 -Os voy a dar una advertencia. Ese extraño amuleto, el que habéis nombrado antes. Guardadlo con vuestra vida, no sabéis lo que pueden hacer si os lo roban. No se lo deis al padre de aquel horrible príncipe. Ahora marchaos y alejaos de todo aquel que quiera robároslo. –Amy empujaba a Linda hacía la salida.
 -No le contéis a nadie que habéis estado aquí y lo que os hemos dicho. –añadió Loren.
Cuando Linda estuvo fuera cerraron la puerta de golpe. Volvió al camino hacia Ework.
 -¿Creéis que logrará no dárselo a nadie?-preguntó Jude.
Amy dudó, pero respondió a la pregunta:

 -Yo creo que es una chica muy fuerte y lo conseguirá, pero tendrá que tener cuidado, noto que el amor aguarda en su interior, y puede ser peligroso…

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