Capítulo 12 Desvelos
nocturnos
Perspectiva desde el prado
Linda se despertó en plena noche porque le
pareció oír un ruido extraño. Se levantó con cuidado, pero Beatrice no pudo
evitar oírla.
-¿Linda?-preguntó
medio dormida.
-Voy un
momento a ver una cosa, creo haber oído un ruido.-respondió esta. Beatrice se
volvió a tumbar sobre la hierba. Como pasaron cinco minutos y no se podía
dormir, olisqueó un poco la hierba y las flores. Fue entonces cuando Evan se
giró para tocar a Linda y no encontró su cuerpo. Se levantó y preguntó a
Beatrice.
-Tranquilo,
dijo que oyó un ruido y fue a ver, nada más-hizo una pequeña pausa, se tumbó
otra vez y prosiguió-. Déjala, Romeo.
Pero Evan no podía soportar saber que Linda
estaba sola en la noche; en una noche de luna nueva, sin estrellas. Los árboles
parecían monstruos y el viento ululaba con fuerza; no en esa noche. Se levantó,
cogió la mochila que le parecía más importante y fue a buscarla.
Beatrice resopló. Desde luego, que cabezota.
Nunca entendería a los hombres, al igual que en su infancia nunca entendía a
los niños.
Siguió oliendo hierba y flores, y de vez en
cuando cogiendo alguna. A su vez, las reconocía; lavanda, margarita, romero,
orégano, menta… Se hizo una corona con ellas y cuando la acabó, hizo un par de
pulseras.
Pasado ya un rato, Kyle se despertó y vio que
faltaban Evan y Linda.
-¿Dónde
están?-preguntó Kyle temblando.
-Linda
oyó algo raro y se fue, cuando Evan se despertó también se fue a por
ella.-contestó sin mirarle, estaba muy concentrada.
-Yo,
yo, yo también voy.- decía con mucho miedo.
En realidad pensaba:
-“No me puedo quedar solo con Beatrice. Me
odia y yo la odio, además, ¿por qué Evan se separó de mí? Me tendría que estar
cuidando no salvando a una princesa. Eso lo hago yo.”
Se levantó y se fue dejando sola a Beatrice.
La pobre se quedó haciendo pulseras hasta que unos minutos después, como no
volvían, se levantó y fue a buscarlos.
Perspectiva desde el bosque
Linda se despertó en plena noche porque le
pareció oír un ruido extraño. Se levantó con cuidado, pero Beatrice no pudo
evitar oírla.
-¿Linda?-preguntó
medio dormida.
-Voy un
momento a ver una cosa, creo haber oído un ruido.-respondió esta. Cogió su
arco, flechas, espada y su mochila y se fue. Se metió en el frondoso bosque un
poco temerosa. Los arbustos le rozaban los pies y había bastantes rosales…
Caminó y caminó. No mucho más tarde, encontró a Evan.
-Linda,
os he estado buscando por todas partes.-jadeo Evan mientras apoyaba las manos
en las rodillas.
-Venid
conmigo, llevo un rato escuchando un ruido extraño y creo que estoy cerca-paró
un momento y prosiguió-. Es música. Una música de fiesta.
Separaron unas ramas y no daban crédito a lo
que veían. Era algo que solo se veía en los cuentos de hadas. Algo mágico. Algo
único.
-¡Son
hadas! ¡Hadas en una fiesta-hada!-exclamó Linda. Cogió al escudero y se
acercaron a hablar con ellas.
-Buenas
noches. Yo soy la princesa Linda Martin, de Roldania. Y él, es el escudero de
Kyle Hayes, Evan Tisdale.
Un hada muy bella (pero pequeña), les saludó:
-Yo soy
Melody Blue, reina de las hadas de este pequeño bosque-hizo una pequeña
reverencia y continuó-. Si queréis podemos hacernos más grandes, para que
podamos hablar mejor.
Evan y Linda le respondieron que sí. Les daba
un poco de vergüenza ser los únicos grandes allí, podrían pisarlas. Las hadas
se volvieron de su tamaño. Entonces Linda se dio cuenta de los rasgos que tenía
la reina.
Tenía el pelo de un extraño pelirrojo. Era
rojo tomate. Los ojos eran verdes como la hierba que pisaban. La nariz era
redonda y brillaba. No estaba gorda ni estaba delgada. No estaba alta ni estaba
baja. Tenía unos piececitos muy pequeños. Sonreía alegremente con sus finos
labios. Se le formaban unos pequeños hoyuelos en las mejillas. Parecía frágil,
como un muñeco a pesar de ser de su tamaño.
-¡Qué
continúe la fiesta!-la gente siguió comiendo, bailando y riendo. Luego Melody
continuó-. Mientras os explicaré todo esto. Luego os dejaremos trajes y os
podréis unir a la fiesta.
Les enseñó el banquete que tenían, los músicos
y su árbol sagrado. Melody explicó que en ese árbol, hace cien años, un mago
esparció por todo el árbol polvos mágicos. De allí empezaron a surgir las hadas,
ellos. Allí vivían todas las criaturillas, en el árbol.
-Dejadme
que me meta para coger vuestros trajes.-se redujo y entró, Linda y Evan se
quedaron a solas con toda una multitud divirtiéndose delante.
-¿Qué
os parece el viaje?-preguntó Evan-. ¿Mereció la pena escaparse del castillo?
-¡Claro
que sí! He vivido aventuras, como quería. También he conocido amigos de verdad,
cosa con la que no contaba.
-¿Y vos
os quedaréis con Kyle cuando esta aventura acabe, no?-le preguntó unos segundos
después a Evan.
-Preferiría
no quedarme con Kyle...-murmuró Evan.
-¿Qué
habéis dicho? No habléis tan bajo.-le reprendió Linda. Pero antes de poder
contestar apareció Melody.
-Podéis
poneros detrás de algún árbol para cambiaros.-ofreció Melody a Linda.
-Poneos
detrás del árbol sagrado, yo me pondré detrás de algún otro.-dijo Evan.
Evan no tardó nada en encontrar árbol y
ponerse el traje. A Linda en cambio, le costó algo más puesto que no se podía
abrochar solo el botones, además le pusieron algo de maquillaje y joyas, aunque
no de mucho valor.
Evan
mientras, se sentó a comer en la mesa de banquete; habían agrandado también la
mesa, la comida, los instrumentos musicales…
Cuando Linda salió de detrás del árbol, Evan
se quedó petrificado.
Su vestido era morado, no tenía mangas. De las
caderas para abajo tenía volantes y en la zona del pecho unas líneas curvas con
el hilo. Llevaba unos zapatos que no se veían, porque estaban tapados por el
vestido, pero eran morados con un lazo. Le habían puesto un collar de plata de
ley con un lazo del mismo material en el centro. Le pusieron un poco de
colorete y sombra de ojos. La melena estaba suelta, pero sujetada por una
corona, ella misma la eligió, era bastante simple pero muy bonita. Nadie se
podía comparar con ella, Linda Martin, la gran Linda Martin.
Los músicos dejaron de tocar, los que comían
dejaron de comer, los que bailaban dejaron de bailar, los que hablaban y reían
pararon. Todo el mundo la miraba.
Linda se avergonzó y exclamó:
-¡Qué
siga la fiesta!-la gente estaba muy extrañada por su comentario. ¿Una princesa
gritando que siga la fiesta? Es muy raro, pero así es nuestra pequeña Linda.
Siguió avanzando hacia Evan y nada más verla
le dijo:
-¡Estáis
preciosa! Jamás había visto cosa igual.-Linda se ruborizó.
-Muchas
gracias. Vos también estáis estupendo.-Evan le extendió la mano y Linda la
cogió y entraron en la pista de baile.
Todos les habrían paso, comenzaron bailando en
una esquina, y al final acabaron bailando en el centro alrededor de los
bailarines. Los que no bailaban tenían la mirada fijada en ellos dos, dando
vueltas, volviendo a dar vueltas… Las mujeres (las hadas) envidiaban su
vestimenta y los hombres (los hadas)
solo querían bailar con ella. Princesa y escudero, bailando el uno con el
otro.
-“¡Qué
situación más romántica! Ojalá llegue el momento en que me ame… Qué tonto soy,
nunca llegará –pensaba Evan.
Por otro lado Linda pensaba:
-“Ojalá
fuera Kyle el que está delante de mí, sería mágico. Aunque por otro lado baila
genial, no como yo, que soy muy torpe… Espero que nadie se dé cuenta…
-Debo
confesaros que no bailo muy bien…-susurró al oído del caballero.
-Nos
las apañaremos.-respondió Evan.
El escudero le dio una vuelta, otra, otra… A
continuación la sujetó de la espalda y le echó hacia atrás. Se miraron
fijamente a los ojos y unos segundos después continuaron bailando.
Pasado un rato, se sentaron a la mesa del banquete mientras todos les
hacían cumplidos sobre como bailaban, lo guapos que estaban….Comieron bastante
comida; tarta, sopa, frutos secos… Entonces apareció Kyle y asombrado se sentó
al lado de Linda en la mesa.
-¿Qué
es todo esto?-preguntó alucinado mirando de un lado a otro.
-Es una
fiesta de hadas. ¿No es genial?-respondió Linda cogiendo un muslo de pollo-.
Nos han dado estas prendas tan bonitas.- mordió el muslito y lo saboreó.
-La
verdad es que estáis preciosa Linda. ¿Queréis salir a bailar?-el príncipe se
puso en pie y le tendió la mano, pero Linda la rechazó.
-Otra
vez será. Ahora mismo estoy llena y me duele la tripa.-Kyle se sentó
refunfuñando y empezó a comer.
-“¿Qué?
¿He rechazado a Kyle? ¿No era lo que más ansiaba? Bueno, ya habrá otra
oportunidad…” pensaba
Linda
Todos siguieron comiendo hasta que apareció
Beatrice y exclamó:
-¡¿Dónde
os habíais metido?! No me habéis invitado a esta fiesta de hadas.-dijo
enfurruñada la campesina.
-Lo
siento Beatrice. Es que nos lo estábamos pasando tan bien…-Linda le miró con
pena para enternecerla, pero no hizo falta. El enfado se pasó deprisa cuando
Beatrice vio toda una bandeja de muslitos recién hechos. Se sentó como una bala
en la mesa y empezó a comer a mogollón. Esa fiesta era fantástica. Todo el
mundo reía y disfrutaba. Los chicos esperaban que no acabara nunca…
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