sábado, 20 de junio de 2015

Mi futuro libro XII

Capítulo 12   Desvelos nocturnos         
Perspectiva desde el prado
Linda se despertó en plena noche porque le pareció oír un ruido extraño. Se levantó con cuidado, pero Beatrice no pudo evitar oírla.
 -¿Linda?-preguntó medio dormida.
 -Voy un momento a ver una cosa, creo haber oído un ruido.-respondió esta. Beatrice se volvió a tumbar sobre la hierba. Como pasaron cinco minutos y no se podía dormir, olisqueó un poco la hierba y las flores. Fue entonces cuando Evan se giró para tocar a Linda y no encontró su cuerpo. Se levantó y preguntó a Beatrice.
 -Tranquilo, dijo que oyó un ruido y fue a ver, nada más-hizo una pequeña pausa, se tumbó otra vez y prosiguió-. Déjala, Romeo.
Pero Evan no podía soportar saber que Linda estaba sola en la noche; en una noche de luna nueva, sin estrellas. Los árboles parecían monstruos y el viento ululaba con fuerza; no en esa noche. Se levantó, cogió la mochila que le parecía más importante y fue a buscarla.
Beatrice resopló. Desde luego, que cabezota. Nunca entendería a los hombres, al igual que en su infancia nunca entendía a los niños.
Siguió oliendo hierba y flores, y de vez en cuando cogiendo alguna. A su vez, las reconocía; lavanda, margarita, romero, orégano, menta… Se hizo una corona con ellas y cuando la acabó, hizo un par de pulseras.
Pasado ya un rato, Kyle se despertó y vio que faltaban Evan y Linda.
 -¿Dónde están?-preguntó Kyle temblando.
 -Linda oyó algo raro y se fue, cuando Evan se despertó también se fue a por ella.-contestó sin mirarle, estaba muy concentrada.
 -Yo, yo, yo también voy.- decía con mucho miedo.
En realidad pensaba:
 -“No me puedo quedar solo con Beatrice. Me odia y yo la odio, además, ¿por qué Evan se separó de mí? Me tendría que estar cuidando no salvando a una princesa. Eso lo hago yo.”
Se levantó y se fue dejando sola a Beatrice. La pobre se quedó haciendo pulseras hasta que unos minutos después, como no volvían, se levantó y fue a buscarlos.

Perspectiva desde el bosque
Linda se despertó en plena noche porque le pareció oír un ruido extraño. Se levantó con cuidado, pero Beatrice no pudo evitar oírla.
 -¿Linda?-preguntó medio dormida.
 -Voy un momento a ver una cosa, creo haber oído un ruido.-respondió esta. Cogió su arco, flechas, espada y su mochila y se fue. Se metió en el frondoso bosque un poco temerosa. Los arbustos le rozaban los pies y había bastantes rosales… Caminó y caminó. No mucho más tarde, encontró a Evan.
 -Linda, os he estado buscando por todas partes.-jadeo Evan mientras apoyaba las manos en las rodillas.
 -Venid conmigo, llevo un rato escuchando un ruido extraño y creo que estoy cerca-paró un momento y prosiguió-. Es música. Una música de fiesta.
Separaron unas ramas y no daban crédito a lo que veían. Era algo que solo se veía en los cuentos de hadas. Algo mágico. Algo único.
 -¡Son hadas! ¡Hadas en una fiesta-hada!-exclamó Linda. Cogió al escudero y se acercaron  a hablar con ellas.
 -Buenas noches. Yo soy la princesa Linda Martin, de Roldania. Y él, es el escudero de Kyle Hayes, Evan Tisdale.
Un hada muy bella (pero pequeña), les saludó:
 -Yo soy Melody Blue, reina de las hadas de este pequeño bosque-hizo una pequeña reverencia y continuó-. Si queréis podemos hacernos más grandes, para que podamos hablar mejor.
Evan y Linda le respondieron que sí. Les daba un poco de vergüenza ser los únicos grandes allí, podrían pisarlas. Las hadas se volvieron de su tamaño. Entonces Linda se dio cuenta de los rasgos que tenía la reina.
Tenía el pelo de un extraño pelirrojo. Era rojo tomate. Los ojos eran verdes como la hierba que pisaban. La nariz era redonda y brillaba. No estaba gorda ni estaba delgada. No estaba alta ni estaba baja. Tenía unos piececitos muy pequeños. Sonreía alegremente con sus finos labios. Se le formaban unos pequeños hoyuelos en las mejillas. Parecía frágil, como un muñeco a pesar de ser de su tamaño.
 -¡Qué continúe la fiesta!-la gente siguió comiendo, bailando y riendo. Luego Melody continuó-. Mientras os explicaré todo esto. Luego os dejaremos trajes y os podréis unir a la fiesta.
Les enseñó el banquete que tenían, los músicos y su árbol sagrado. Melody explicó que en ese árbol, hace cien años, un mago esparció por todo el árbol polvos mágicos. De allí empezaron a surgir las hadas, ellos. Allí vivían todas las criaturillas, en el árbol.
 -Dejadme que me meta para coger vuestros trajes.-se redujo y entró, Linda y Evan se quedaron a solas con toda una multitud divirtiéndose delante.
 -¿Qué os parece el viaje?-preguntó Evan-. ¿Mereció la pena escaparse del castillo?
 -¡Claro que sí! He vivido aventuras, como quería. También he conocido amigos de verdad, cosa con la que no contaba.
 -¿Y vos os quedaréis con Kyle cuando esta aventura acabe, no?-le preguntó unos segundos después a Evan.
 -Preferiría no quedarme con Kyle...-murmuró Evan.
 -¿Qué habéis dicho? No habléis tan bajo.-le reprendió Linda. Pero antes de poder contestar apareció Melody.
 -Podéis poneros detrás de algún árbol para cambiaros.-ofreció Melody a Linda.
 -Poneos detrás del árbol sagrado, yo me pondré detrás de algún otro.-dijo Evan.
Evan no tardó nada en encontrar árbol y ponerse el traje. A Linda en cambio, le costó algo más puesto que no se podía abrochar solo el botones, además le pusieron algo de maquillaje y joyas, aunque no de mucho valor.
 Evan mientras, se sentó a comer en la mesa de banquete; habían agrandado también la mesa, la comida, los instrumentos musicales…
Cuando Linda salió de detrás del árbol, Evan se quedó petrificado.
Su vestido era morado, no tenía mangas. De las caderas para abajo tenía volantes y en la zona del pecho unas líneas curvas con el hilo. Llevaba unos zapatos que no se veían, porque estaban tapados por el vestido, pero eran morados con un lazo. Le habían puesto un collar de plata de ley con un lazo del mismo material en el centro. Le pusieron un poco de colorete y sombra de ojos. La melena estaba suelta, pero sujetada por una corona, ella misma la eligió, era bastante simple pero muy bonita. Nadie se podía comparar con ella, Linda Martin, la gran Linda Martin.
Los músicos dejaron de tocar, los que comían dejaron de comer, los que bailaban dejaron de bailar, los que hablaban y reían pararon. Todo el mundo la miraba.
Linda se avergonzó y exclamó:
 -¡Qué siga la fiesta!-la gente estaba muy extrañada por su comentario. ¿Una princesa gritando que siga la fiesta? Es muy raro, pero así es nuestra pequeña Linda.
Siguió avanzando hacia Evan y nada más verla le dijo:
 -¡Estáis preciosa! Jamás había visto cosa igual.-Linda se ruborizó.
 -Muchas gracias. Vos también estáis estupendo.-Evan le extendió la mano y Linda la cogió y entraron en la pista de baile.
Todos les habrían paso, comenzaron bailando en una esquina, y al final acabaron bailando en el centro alrededor de los bailarines. Los que no bailaban tenían la mirada fijada en ellos dos, dando vueltas, volviendo a dar vueltas… Las mujeres (las hadas) envidiaban su vestimenta y los hombres (los hadas)  solo querían bailar con ella. Princesa y escudero, bailando el uno con el otro.
-“¡Qué situación más romántica! Ojalá llegue el momento en que me ame… Qué tonto soy, nunca llegará –pensaba Evan.
Por otro lado Linda pensaba:
-“Ojalá fuera Kyle el que está delante de mí, sería mágico. Aunque por otro lado baila genial, no como yo, que soy muy torpe… Espero que nadie se dé cuenta…
 -Debo confesaros que no bailo muy bien…-susurró al oído del caballero.
 -Nos las apañaremos.-respondió Evan.
El escudero le dio una vuelta, otra, otra… A continuación la sujetó de la espalda y le echó hacia atrás. Se miraron fijamente a los ojos y unos segundos después continuaron bailando.
   Pasado un rato, se sentaron a la mesa del banquete mientras todos les hacían cumplidos sobre como bailaban, lo guapos que estaban….Comieron bastante comida; tarta, sopa, frutos secos… Entonces apareció Kyle y asombrado se sentó al lado de Linda en la mesa.
 -¿Qué es todo esto?-preguntó alucinado mirando de un lado a otro.
 -Es una fiesta de hadas. ¿No es genial?-respondió Linda cogiendo un muslo de pollo-. Nos han dado estas prendas tan bonitas.- mordió el muslito y lo saboreó.
  -La verdad es que estáis preciosa Linda. ¿Queréis salir a bailar?-el príncipe se puso en pie y le tendió la mano, pero Linda la rechazó.
 -Otra vez será. Ahora mismo estoy llena y me duele la tripa.-Kyle se sentó refunfuñando y empezó a comer.
-“¿Qué? ¿He rechazado a Kyle? ¿No era lo que más ansiaba? Bueno, ya habrá otra oportunidad…” pensaba Linda
Todos siguieron comiendo hasta que apareció Beatrice y exclamó:
 -¡¿Dónde os habíais metido?! No me habéis invitado a esta fiesta de hadas.-dijo enfurruñada la campesina.

 -Lo siento Beatrice. Es que nos lo estábamos pasando tan bien…-Linda le miró con pena para enternecerla, pero no hizo falta. El enfado se pasó deprisa cuando Beatrice vio toda una bandeja de muslitos recién hechos. Se sentó como una bala en la mesa y empezó a comer a mogollón. Esa fiesta era fantástica. Todo el mundo reía y disfrutaba. Los chicos esperaban que no acabara nunca…

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