jueves, 11 de junio de 2015

Mi futuro libro VIII

Capítulo 8   ¡Un buen baño!
Al salir corriendo de la cueva vieron una capa de agua en frente de ellos.
 -¿Dónde estamos? -Kyle estaba agitándose con ímpetu- ¿Cuánto falta para las cascadas?
Evan se acercó al lateral, la zona que no tenía agua y dijo:                        
 -Creo que estamos en ellas.
Los demás se acercaron y vieron un precioso paisaje. Eran un grupo formado por siete cascadas. Estaban en forma de U. Había un camino a la derecha de los chicos que no habían visto, por ahí subían los bandidos a la cueva. Bajando por ese camino se cruzaba con otro sendero que debía ser el principal, por el que tendrían que ir los chicos.
 -Entonces tenemos que bajar por ese camino y… -empezó a decir Evan.
Linda le agarró de la mano y dijo:
 -¿Por qué? -enarcó una ceja y antes de que Evan pudiera responder Linda empujó a Evan con ella y se tiraron por la cascada. Atravesaron la capa de agua y cayeron. Linda le soltó la mano. Los dos chillaban, pero por razones distintas. Linda se lo estaba pasando genial, pero Evan estaba muriéndose de miedo.
 -¡Estáis loca! -chillaba Evan cuando les quedaban unos segundos para mojarse.
 -¡Ya lo sé! -Linda respondía a gritos para hacerse oír. Evan sonrió. En cada momento que pasaba junto a ella se enamoraba aún más.
Antes de darse cuenta ya estaban a una palma del agua. En aquel instante los dos cayeron al agua. De la cueva salieron Jessie y el jefe. Beatrice empujó a Kyle, y luego se tiró ella.
Cuando llegaron al agua, Linda e Evan estaban en la orilla.
 -¿Salieron los bandidos, verdad? -preguntó Linda cruzándose los brazos.
Beatrice le limitó a asentir y nadar hacia la orilla. No cubría mucho, a Kyle le llegaba por las caderas, pero el chico no nadaba muy bien para cuando Beatrice estaba en la orilla, Kyle iba por la mitad nadando como un perrito.
    Evan se iba a tirar al agua, pero Linda se le adelantó. Nadó con fuertes brazadas acercándose al chico. Los bandidos nadaban con rapidez hacia él también. Evan también se tiró al agua para ayudar a Linda. Kyle iba muy despacio, se notaba que no sabía nadar. Los bandidos iban a agarrar al chico, pero solo lo rozaron, Linda en cambio, extendió el brazo y Kyle se aferró al brazo del chico. Linda tiró de él nadando a una velocidad increíble. Evan, Linda y Kyle llegaron a la vez a la orilla.
La princesa al llegar, agarró del brazo a Beatrice y a Kyle, Evan se agarró a Beatrice, y echaron a correr hacia el camino. Los demás también la ayudaron, pero Linda era la que más corría así que seguía tirando de ellos. Los bandidos aún estaban lejos pero no tardarían en encontrarles.
Linda miró a ambos lados; montaña arriba, montaña abajo. No podían seguir recto porque los bandidos les acabarían pillando, no podían escalar porque les costaría mucho. Pero, ¿si bajaban por abajo? Andando les costaría mucho. De repente una idea se pasó por la cabeza de Linda. Era arriesgada, tenían la mitad de probabilidades de sobrevivir, pero podría funcionar. Linda les gritó a sus amigos soltándoles:
 -Haced lo que yo haga después de mí.-Linda se acercó al borde de la colina, se puso de rodillas, luego se tumbó, y se inclinó hacia la pendiente. Estaba rodando. Había pocos árboles lo que era bueno y malo. Bueno porque tenían más posibilidades de sobrevivir, y malo porque les verían más fácilmente.
Ninguno de los tres se lo pensó más y se tiraron como Linda. La chica al igual que los demás, chillaba de diversión, pero al instante se acordó de por qué se tiraban así y dejó de chillar.
 -¡Chicos, callad por favor, huimos de los bandidos no debeos llamamos su atención!-susurró Linda muy cariñosa.
Cuando iban por la mitad, Linda hizo una cosa extraña. Se inclinó para ponerse vertical, y clavó los talones en el suelo. Cuando estuvo frenada se puso en pie y corrió hacia sus amigos.
 -¡Intentad hacer lo mismo! -gritó Linda.
Primero lo hizo Beatrice imitando a Linda, luego Evan con unas pocas dificultades más, al final Kyle lo consiguió también, pero justo cuando iban a llegar a la pradera. Cuando llegaron al pie de la colina, siguieron corriendo. Linda se dio la vuelta y paró. No veían la cima. De repente Evan añadió entre jadeos:
 -Deberíamos… dormir… aquí.
 -No. Tenemos que continuar un poco más. Estar un poco más ocultos. -dijo Linda secándose el sudor de la frente.
 -Es verdad. ¡No tenemos comida! -exclamó Kyle dejándose caer en el suelo.
 -No os preocupéis por la comida, tengo una manzana en la mochila y agua -hizo una pequeña pausa y añadió-. Sigamos.
Siguieron corriendo hacia el sol que dentro de poco se escondería. Pasaron un par de horas corriendo sin descanso alguno. La sensación de libertad recorría el cuerpo de todos los chicos. Corriendo hacia el horizonte buscado cobijo.
Ya eran las nueve de la noche cuando pararon. Los cuatro jóvenes se desplomaron sobre el suelo. Linda les dio un trozo de manzana a cada uno, procurando guardar para el desayuno. Todos le dieron un pequeño trago al agua, y se tumbaron sobre la hierba sin decir palabra alguna. Linda miró hacia delante. Vio una gran montaña cubierta de nieve al completo.
 -¡Mirad! ¡Es la montaña de la perdición!-chilló Linda.
Estaba completamente cubierta de blanco, parecía casi mágico. En este viaje Linda estaba viendo más cosas mágicas de las que se esperaba. Y aún vería muchas más. Eso acababa de empezar.
Los tres miraron hacia la montaña y sin hacerle caso se durmieron mientras Linda pensaba en ese viaje tan mágico. Aquella noche durmieron como troncos.

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