Capítulo 4 No has de caer
Los cuatro chicos y sus fuertes caballos, seguían avanzando. Lo
único que cambió, era que no se oía ni un alma, a excepción de los caballos que
caminaban al paso; alguna que otra vez habían relinchado por obstáculos, pero
nada del otro mundo. Lo extraño, es que, no se oía ni un animal, árbol, o
cualquier otra cosa del bosque.
Los muchachos, estaban
tranquilos por fuera, pero aterrados por dentro. A Kyle se le notaba un poco el
miedo, cosa que molestó a Linda porque pensaba que era como uno de los
caballeros de sus libros, audaz e inteligente. Sin embargo, a Evan no se le
notaba casi nada. Tenía la mirada perdida en una niebla que se había posado
delante de los jóvenes. Beatrice, la verdad era la que menos miedo tenía,
estaba toqueteando un hilo de su vestido. La más imaginativa era Linda y a la
vez era la que en esos momentos más aterrada estaba, aunque no se le notara
tanto. Pensaba que esa niebla que había delante de los chicos, era el humo que
escupía un dragón, que al final del camino aguardaba a que llegaran.
Al final del camino,
Linda estaba con los ojos cerrados y agarrada a Kyle. Cuando por fin los abrió,
vio un puente en horrible estado, en el que la mitad de los tablones de madera,
se habían caído. Las cuerdas desgastadas no parecían sujetar mucho peso como el
puente en sí.
-Supongo que habrá que
dejar aquí los caballos, ¿no creéis?-dijo Kyle bajándose del caballo.
-Será lo mejor, mi señor.-Evan
le dio la razón.
-Adiós Lentejas -Beatrice
besó al caballo marrón en el que ella había ido-. Adiós Copito de nieve. -besó
al otro caballo.
-¿Le habéis puesto nombre a
los caballos? Si solo los conocéis de hora y media.-dijo Linda. No pudo
reprimir una sonrisa.
-Sí. ¿Y?-respondió la otra
muchacha de lo más seria.
-Nada, nada...
-¿Qué pasa, nunca habéis
puesto nombres a caballos? -Las chicas se estaban enfadando. Su primera pelea,
de las muchas otras que tendrían…
-Sí, pero porque lo conocía
de toda la vida. -le respondió en tono burlón a su amiga.
Cuando Beatrice abrió la boca para hablar, Kyle le interrumpió.
-Ya basta señoritas.
Tenemos que llegar a mi castillo antes de que nos hagamos viejos. –Kyle hablaba
tranquilo.
-Sugiero que primero pase
el más intrépido.-dijo Evan mirando a Kyle.
-Yo no pasaré primero.-se
cruzó de brazos, y pegó una patada en el suelo.
-Tranquilo supercaballero,
ya paso yo.-Beatrice se había dado cuenta de que era un chico un poco tonto y
no un caballero de cuento de hadas.
Beatrice se puso en frente del puente, y dio un paso. Otro paso.
Otro paso. Otro paso.
-Esto está chupado. ¡Ah!-al
girarse para contarles a sus amigos eso, pisó mal y el pie se le metió entre el
tablón que ella acababa de pisar y el tablón que quería pisar.
-¡Beatrice!-chilló Linda al
ver a su amiga colgando.
-Tranquilas las dos. Beatrice,
intentad subir el pie.-Evan, intentó controlar la situación.
-Si pudiera ya estaría
arriba.-respondió hosca Beatrice. Evan miró hacia el pie de Beatrice, y vio que
se le había quedado enganchado con una cuerda.
-De acuerdo. Esperad a que
llegue, y no os caigáis.-el escudero puso un pie sobre el primer tablón, y se
aproximó hacia Beatrice.
Cuando por fin llegó, le desató el pie a Beatrice, mientras añadía:
-Dadme la mano.
-Dadme la mano.
Beatrice no tuvo más opción que darle la mano, así que lo hizo y
subió. Evan y Beatrice siguieron avanzando.
-Kyle, ¿no creéis que
deberíamos ir con ellos?
El galán caballero, se miraba otra vez en su espejo.
-¿Qué? Perdona. No
Linda ante la respuesta agachó la cabeza y torció el gesto.
-¡Chicos, venid aquí!-les
chilló Beatrice.
-Mejor dicho sí–Linda
sonrió-. ¿Os he dicho alguna vez que sois preciosa?
La princesa se sonrojó. Soñaba con que algún día el príncipe le
pidiera matrimonio, pero entonces se dio cuenta de que si se casaba con él,
volvería a la vida de antes. Entonces, el príncipe le dijo:
-¡No soy último!
Y empezó a andar por el puente. Linda le siguió.
-Linda, querida, he
esperado para deciros esto desde que nos conocimos…
-Kyle, se lo qué vais a
decir. Y sí. Pero con una condición. No vivir en vuestro castillo, tened en
cuenta que de un castillo escapé.
-No sé de qué me estáis
hablando. Solo os quería decir que deberías darme el amuleto. Con un caballero,
estaría más seguro. –le respondió Kyle. Linda se sonrojó, pues pensaba que le
iba a pedir matrimonio.
-Creo que lo llevaré yo, y
en vuestro castillo se lo entregaré a vuestro padre, si os parece. Linda por
detrás le miró como si Kyle fuera un cielo. Él, asintió.
-No has de caer, no has de caer…-era una voz extraña. Era una voz
que decía lo mismo continuamente. Era de hombre, un tanto espectral. Cada vez
hablaba más rápido y más alto.
-¿Alguien más lo oye?–preguntó
Linda un poco miedosa.
-Aclaraos. ¿El canto de los
ruiseñores que retumban en nuestras cabezas? ¿Nuestros pasos sobre el oscuro
abismo que pone los pelos de punta?–dijo Beatrice.
-¿Los caballos que galopan
libres sin objetivo alguno? ¿Los latidos de nuestros corazones que van a cien
por hora?–Evan preguntó tan poético como Beatrice.
-No me refería a…-en ese
momento Kyle le cortó.
-¡Caballos que vienen
corriendo hacia aquí! ¡Id más rápido!–empezó a ir más rápido hasta ponerse
justo detrás de Evan. Los tres llegaron rápido al final, pero Linda seguía en
el puente.
-Tenemos que cortar el
puente. –dijo Kyle a Beatrice y a Evan.
-No podemos cortarlo
mientras Linda siga ahí. –le defendió Evan.
-¡Chicos, allí están los
caballos! ¡Linda daos prisa!
–chilló Beatrice.
De repente calló una gota encima de Linda.
-¡Va a empezar a llover!–chilló
la joven a sus compañeros.
Al decirlo se le resbaló un pie como su amiga.
-¡Linda!–chillaron sus
amigos.
-Estoy bien. –al levantarse
vieron que tenía los pómulos y la frente llenos de sangre roja. Las piernas y
codos, los tenía manchados por una extraña sangre naranja.
-¡Linda, aguantad voy a por
vos!–le dijo Evan preocupado.
Linda intentó seguir avanzando, pero no podía. La tormenta ya era
grande y caían grandes gotas, rayos y truenos. Al igual que la lluvia, los
villanos se acercaban rápidamente.
-¡Son los bandidos!–chilló
Beatrice.
De repente, un rayo cortó las cuerdas que sujetaban el puente del
otro lado. Evan y Linda se agarraron, pero los bandidos cayeron al abismo. Los
dos jóvenes subieron como si fuera una escalera y, al llegar con los otros dos,
Linda se desmayó.
Lo que no sabían era que el único bandido que había muerto era
Brett.
-Hemos tenido una baja.
–dijo Liam.
El jefe de la banda respondió:
-No importa. Ahora mismo
solo quiero saber el nombre de esa chica y machacarla.
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