jueves, 25 de junio de 2015

Mi futuro libro XIII

Capítulo 13   Un lago muy terrorífico
Pero todo lo bueno ha de acabar. Los cuatro se fueron a dormir, y por la mañana, por arte de magia (las hadas, claramente), habían recobrado su ropa a las doce en punto. Ya era por la mañana, estos se despertaron y desayunaron fruta que encontraron cerca de allí y cogieron agua de un río.
Hacía una mañana espléndida, el sol brillaba y no había rastro de nubes. Todo estaba despejado y la vista que les ofrecía un paisaje que era precioso. No hacía frío, solo un poco de brisa. La hierba estaba mojada por el rocío de la mañana. Los campos de su derecha estaban pintados de bellos colores y el bosque de su izquierda lleno de árboles diferentes y exóticos, y eso desde el exterior. El tiempo les sonreía.
 -Continuemos-objetó Linda-. Ahora tenemos que ir al lago de la muerte y yo diría que está por ahí.-señaló por donde continuaba el camino.
Nadie respondió, pero cogieron las mochilas y retomaron la marcha. Al principio iban callados, pero Kyle empezó a contarles una breve leyenda que le contó su padre sobre ese lago:
Un hombre llamado Jack Jones vivía en su aldea. Con apenas catorce años encontró el amor de su vida. Una doncella llamada Annabel Amstrong que pasaba por aquella aldea, su padre era un rico duque al que alojaron en un hostal muy lujoso. Cuando sus miradas se encontraron, ambos sintieron un flechazo de amor. Su amor era imposible, pero el joven Jack trepaba cada noche por la baja torre que les separaba. A la familia Amstrong le agradó la amabilidad del pueblo y decidieron quedarse a vivir allí, haciendo más felices aun a los enamorados. Pero la felicidad tan solo duró otros cuatro años, pues entonces los padres de Annabel le concedieron su mano al hijo de un poderoso duque llamado John cuando se casara con la joven, sería duque. Anabel y Jack pensaban que hacer, pero se les acababa el tiempo. El día de la boda, a Jack se le ocurrió un plan que no quería contar a la chica. En el instante de intercambiar anillos, Annabel perdió la esperanza, pero un hombre enmascarado agarró a la chica por el cuello, claramente era Jack y Annabel lo sabía. El novio no estaba dispuesto a perderla, así que desenfundó la espada. Iba a dar a Jack, pero Annabel se puso delante y John hirió Annabel matándola. Sumergido en llanto, Jack se fue a vivir al lago donde siempre iba con Annabel y juró matar a quien se acercara y también, juró que se vengaría. Unos años después de la que iba a ser la boda, Jack fue a matar a John, que ya tenía una mujer hermosa que daría a luz en pocas semanas. En vez de eso le quitó lo que más apreciaba, a su mujer y a su futuro bebé. Le clavó un puñal en el abdomen, justo donde él hirió a Annabel, la muchacha no se inmutó. Jack puso en una hoja de papel con su mejor caligrafía: ojo por ojo, diente por diente. Luego regresó el resto de su solitaria vida al lago que todos llaman el lago de la muerte.
 -Qué historia más bonita y calmante-dijo Beatrice sarcástica-. Por si no lo sabes ahora vamos a ese lago, aunque solo sea una leyenda da miedo.
A cada uno le penetró de forma distinta; a Beatrice le hizo sentir miedo, como ya había dicho; a Kyle le provocaba náuseas, tanta muerte…; a Evan le hacía sentir esperanza, porque a lo mejor, Linda se fijaba en él y veía lo que Annabel veía en Jack; por último, a Linda le enfadaba lo mal que se había portado el duque.
   Linda también conocía leyendas divertidas, terroríficas, románticas, dramáticas… ¡De todo tipo! Les contó una divertida para olvidar la anterior.
Después de la de Linda contó Evan otra de amor, y después de él Beatrice les contó otra de aventuras… Se lo pasaron genial, cada vez uno contaba una leyenda hasta que al final decidieron inventarse ellos mismos una historia.
Pero mientras reían, lloraban y se agarraban, dos personas les seguían. Aun no les habían encontrado, pero estaban a medio kilómetro. El hombre y la mujer giraron la curva y allí les vieron, estaban en una recta de medio kilómetro, estaban riéndose por alguna tontería que habrían dicho. Sigilosamente, se acercaron por detrás, pero Linda oyó algo cuando iban por la mitad. Disimuladamente, cogió la espada y dijo entre dientes:
  -Chicos a la de tres vais a los laterales. Uno.-empezó a contar Linda. Entre el dos y el tres Kyle le preguntó lo que estaba pasando, pero dijo el tres, se dio la vuelta con la espada y los tres se fueron a los lados. El jefe de lo que quedaba de banda también se fue a un lateral, dejando a Jessie y Linda solas en el camino.
 -Nadie tiene que morir, Brown.-dijo Linda en tono arrogante.
 -Lo mismo digo, señorita Martin. –respondió en el mismo tono Jessie.
 -Otra vez en el campo de batalla, ¿eh? ¿Recordáis quién ganó la última vez? -el plan de Linda era provocarla, así se consumiría a sí misma, pensaba.
 -Eso no volverá a pasar. Os creéis una heroína de vuestros cuentos, pensáis que soy la mala, pero no lo soy. He matado a gente, pero vos tampoco sois una maravilla. Habéis matado a una persona y quién sabe a cuanta gente más llegaréis a matar. No sois como los caballeros andantes de vuestras historias de fantasía, sois un monstruo.-la palabra resonó en la cabeza de Linda. ¿Sería cierto? ¿Sería ella el monstruo? Iba a explotar, pero no se rindió, ella era valiente e inteligente y no se dejaría engatusar por una rata estúpida.
Respondió con un grito y corrió hacia ella con la espada en la mano. Pensó en que ojalá Evan o Beatrice pudiera coger su arco y ayudarla. De repente, ocurrió lo que había pensado, mientras ella y la bandida chocaban sus espadas (sin poder evitar alguna que otra herida), Evan se acercó a la espalda de Linda y cogió el arco y las flechas. Disparó hacia Jessie, pero no acertó ninguna vez.
Después de minutos interminables en una lucha sin fin, Evan le dio en el pie a Jessie, pero Linda fue a por el jefe de la “banda”.
 -No la voy a matar a ella. Sería impropio haberla ganado en una lucha de dos contra uno. Pero a vos… Sois un cobarde. El trabajo sucio lo hacen vuestros secuaces, mejor dicho lo hacían. No sabéis manejar una espada, solo sabéis saquear y ordenar a la gente que haga cosas. Vos sois el monstruo, yo defiendo a mis amigos-hizo una pausa-. Vos matáis a los vuestros. Aunque ni siquiera lo son ¿verdad?
Linda le metió la espada en el costado mientras él imploraba piedad. No le hizo caso, les hizo un gesto a sus amigos de que se fueran y corrieron hacia el lago.

Ya tenían el lago delante suyo, aunque más bien era un pantano. Le rodeaban muchos árboles, pero el camino de rodearlo estaba lleno de arenas movedizas. Había que atravesarlo. La cuestión sería cómo. El lago no era muy largo, pero bastante ancho. Estando tan sucio y sin barcas sería complicado cruzarlo.
-Cuenta la leyenda que antes era un lago precioso con vistas a las montañas, pero cuando Jack vino a vivir lo transformó para que nadie le espiara; colocó árboles rodeándolo, puso arenas movedizas, lleno el lago con basura… Desde entonces nadie se atreve a cruzarlo, rodearlo…-les dijo Kyle a sus amigos. Ninguno dijo nada, dejaron que el escalofrío se quedara dentro de ellos.
 -¿Cómo lo cruzamos?-preguntó Beatrice.
 -Hagamos como en la cárcel, usemos cosas que tengamos-respondió Linda. Como a nadie se le ocurrió nada mejor, hicieron el plan de Linda-. Buscaremos por donde podamos durante cinco minutos y cogeremos todo. Evan tu por ahí-dijo señalando con el dedo al borde del lago-. Beatrice por ahí.  Kyle allí. Y yo aquí.
Se pusieron a buscar. Linda tenía miedo de lo que pudiera traer Beatrice. La otra vez había traído una rata, ¿quién sabe lo que se le ocurriría esta vez? No quería ni imaginárselo.
Pasaron los cinco minutos, pero cuando Evan iba a volver al punto de encuentro, calló en las arenas movedizas.
 -¡Evan! –gritaron las chicas. La arena empezó a tragárselo. Kyle no movió ni un dedo, es más, se desmalló.
 -Voy a ayudarle-dijo Linda-. ¡Dame la mano!-se dirigió a Evan estirándose todo lo que pudo.
 -No puedo.-gimió éste. Linda se acercó más, pero no alcanzó su mano.
 -¡Beatrice, pásame algún tronco!-exclamó Linda acercando su mano a Evan.
 -¡Cógelo!- Beatrice le pasó un tronco bastante grueso.
Evan consiguió agarrarse, pero una piedra que provenía de dentro del lago golpeó al muchacho en la cabeza y lo dejó inconsciente, haciendo que soltara el palo.
 -¡No!-chillaron.
Del agua salió un hombre enmascarado que dijo:
 -Si yo no pude tener a mi amante en su tiempo, vos, bella doncella, tampoco podéis tener al vuestro.
 -¡Jack!-gritó Beatrice-. No es posible…- murmuró luego.
 -¡Evan no es mi novio ni nada de eso! –tragó saliva y se ruborizó-. Es un simple escudero y yo soy una princesa.
 -Eso pensáis ahora, pero pronto descubriréis que el amor no es solo belleza y rango.-le dijo Jack.
 -Mi corazón no le pertenece.-le protegió Linda.
 -Pobre ingenua… Mi pequeña Annabel pensaba lo mismo, pero le hice cambiar. Le hice mejorar.
 -Evan es solo mi amigo. Un buen amigo. Y vos sois un sucio mentiroso-contestó Linda enfadada-. Y si me disculpáis, voy a rescatarlo.
Sin dejarle terminar se giró. Inspiró y espiro. Inspiró y espiró. Así un par de veces más. Tragó saliva y sin pensárselo más se metió en las arenas.
Todo estaba muy oscuro, pero algo hizo, ella no sabía qué pero de repente todo se volvió de agua. Veía con claridad cada gota. Y lo mejor de todo, podía respirar y podía hablar. Era algo mágico, otra cosa mágica. Miró a todos lados, pero no vio a Evan. De repente vio que alguien más estaba en el agua. El hombre enmascarado. Pero también estaba al lado suyo…
 -¡Evan!-chilló Linda al ver al muchacho desmallado-. ¿Qué pasa aquí? ¿Por qué se ha vuelto todo de un agua en la que se puede respirar?
 -Habéis de darle una oportunidad. Puede ser un buen chico…-hizo una pausa y añadió-. Esto lo ha provocado su amor por vos. Y puede que algo de vuestro amor hacia él…-soltó una pequeña risita que Linda no soportó.
 -¡No le amo! ¡Sois un pesado y un descarado! ¿Cómo osáis hablarme así?-Linda le pegó una bofetada.
 -Relajaos. Con el tiempo os daréis cuenta. Ya veo que sois muy cabezota.
 -Mi corazón pertenece al galán príncipe Kyle. Pero él no lo sabe…
 -Veo que no sabéis elegir. No es valiente. ¡Se ha desmallado en vez de ir a salvar a su escudero!
 -Porque no quería perder a su amigo, estaba muy traumatizado ante tal idea...-defendió Linda a Kyle.
Jack se acercó a Linda y le apartó un mechón de pelo de la cara. En señal de respuesta, dio un paso atrás.
 -Me recordáis a mi amor. Sois su viva imagen. Aunque solo os fijáis en el exterior y no en el interior, eso es lo importante. Además del rango. ¿Qué más da que sea un escudero? Si vos le amáis todo es posible.
 -No le amo, es mi amigo simplemente. Ahora dejadme que me vaya con él.
 -Os dejaré marchar, con la condición de que ahora en adelante os fijéis más en lo que os he dicho. Se nota que os ama, pero piensa que jamás será correspondido. No le hagáis perder la ilusión. No os pido que le améis, solo os pido que le deis algo de esperanza. Au revoir, mademoiselle.-Le hizo una reverencia y la dejó pasar.
Linda agarró el cuerpo inconsciente del muchacho y le subió hacia la superficie. Resultaba bastante fácil transportarlo puesto que era agua. Cuando asomó la cabeza de Evan, Beatrice y Kyle, que ya se había despertado, tiraron de él. Después subió Linda.
 -¿Por qué estamos llenos de arena?-preguntó Linda.
 -Acabáis de estar dentro de arenas movedizas, ¿no es lógico?-dijo Beatrice.
 -Pero era agua…-murmuró Linda rascándose la cabeza.
 -¿Qué decís? ¿Os habéis vuelto loca?-preguntó extrañado Kyle.
Linda pensó quedarse callada. No quería comenzar una lucha por la que al final la tomarían por loca.
 -Parece que ha tragado ¿agua?-dijo Beatrice colocando las manos en el pecho y sacando agua.
 -Dejadme pasar-la princesa apartó a Beatrice y a Kyle y le tomó el pulso-. Está vivo-todos suspiraron aliviados-. Solo ha tragado un poco de agua-los amigos la miraron extrañada-. Voy a hacerle el boca a boca.
Le comenzó a hacer el boca a boca mientras Beatrice y Kyle rezaban. De las arenas movedizas salió Jack y miró como los tres intentaban salvar a su amigo, conmovido dijo:
 -Puedo ayudaros.- los tres se dieron la vuelta y vieron a Jack de pie detrás suyo.
Se puso de rodillas en frente de Evan y se quitó la máscara.
Era bastante guapo. Tenía el pelo rubio e iba despeinado. Tenía una nariz ni muy chata ni muy puntiaguda, intermedia. Los ojos de un tono avellana claro. Sus labios eran gruesos. Aunque ya le habían visto antes el cuerpo, vieron que tenía unos hombros fuertes al igual que sus brazos, piernas, manos…
Cerró los ojos y recitó algo en un idioma que no conocían. Repitió la misma frase varias veces y al final el agua salió de Evan, y este, se despertó.
 -¡Evan!-exclamaron de alegría todos sus amigos.
 -También puedo ayudaros a cruzar el lago.-dijo Jack. Alzó los brazos y dijo otra frase extraña e hizo levantar las aguas como Moisés. Le dieron las gracias y sus amigos cruzaron al otro lado, pero Linda espero un poco más para hablar con Jack.
 -Os agradezco mucho todo lo que habéis hecho.-le agradeció Linda.
 -Todo ha sido gracias a vos. Por haberme hecho aquella promesa. Por favor, pensad en lo que os dije. Hacedlo por el chico.
 -Lo intentaré.-respondió ella echando a correr. Mientras cruzaba el lago se despedía de Jack. Presentía que sería la última vez que lo vería, y no le extrañaba.




Siento haber tardado tanto en publicarla. Últimamente no he tenido mucho tiempo...

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