Capítulo 13 Un lago
muy terrorífico
Pero todo lo bueno ha de acabar. Los cuatro se
fueron a dormir, y por la mañana, por arte de magia (las hadas, claramente),
habían recobrado su ropa a las doce en punto. Ya era por la mañana, estos se
despertaron y desayunaron fruta que encontraron cerca de allí y cogieron agua
de un río.
Hacía una mañana espléndida, el sol brillaba y
no había rastro de nubes. Todo estaba despejado y la vista que les ofrecía un
paisaje que era precioso. No hacía frío, solo un poco de brisa. La hierba
estaba mojada por el rocío de la mañana. Los campos de su derecha estaban pintados
de bellos colores y el bosque de su izquierda lleno de árboles diferentes y
exóticos, y eso desde el exterior. El tiempo les sonreía.
-Continuemos-objetó
Linda-. Ahora tenemos que ir al lago de la muerte y yo diría que está por
ahí.-señaló por donde continuaba el camino.
Nadie respondió, pero cogieron las mochilas y
retomaron la marcha. Al principio iban callados, pero Kyle empezó a contarles
una breve leyenda que le contó su padre sobre ese lago:
Un
hombre llamado Jack Jones vivía en su aldea. Con apenas catorce años encontró
el amor de su vida. Una doncella llamada Annabel Amstrong que pasaba por
aquella aldea, su padre era un rico duque al que alojaron en un hostal muy
lujoso. Cuando sus miradas se encontraron, ambos sintieron un flechazo de amor.
Su amor era imposible, pero el joven Jack trepaba cada noche por la baja torre
que les separaba. A la familia Amstrong le agradó la amabilidad del pueblo y
decidieron quedarse a vivir allí, haciendo más felices aun a los enamorados.
Pero la felicidad tan solo duró otros cuatro años, pues entonces los padres de
Annabel le concedieron su mano al hijo de un poderoso duque llamado John cuando
se casara con la joven, sería duque. Anabel y Jack pensaban que hacer, pero se
les acababa el tiempo. El día de la boda, a Jack se le ocurrió un plan que no
quería contar a la chica. En el instante de intercambiar anillos, Annabel
perdió la esperanza, pero un hombre enmascarado agarró a la chica por el
cuello, claramente era Jack y Annabel lo sabía. El novio no estaba dispuesto a
perderla, así que desenfundó la espada. Iba a dar a Jack, pero Annabel se puso
delante y John hirió Annabel matándola. Sumergido en llanto, Jack se fue a
vivir al lago donde siempre iba con Annabel y juró matar a quien se acercara y
también, juró que se vengaría. Unos años después de la que iba a ser la boda,
Jack fue a matar a John, que ya tenía una mujer hermosa que daría a luz en
pocas semanas. En vez de eso le quitó lo que más apreciaba, a su mujer y a su
futuro bebé. Le clavó un puñal en el abdomen, justo donde él hirió a Annabel,
la muchacha no se inmutó. Jack puso en una hoja de papel con su mejor
caligrafía: ojo por ojo, diente por diente. Luego regresó el resto de su
solitaria vida al lago que todos llaman el lago de la muerte.
-Qué
historia más bonita y calmante-dijo Beatrice sarcástica-. Por si no lo sabes
ahora vamos a ese lago, aunque solo sea una leyenda da miedo.
A cada uno le penetró de forma distinta; a
Beatrice le hizo sentir miedo, como ya había dicho; a Kyle le provocaba
náuseas, tanta muerte…; a Evan le hacía sentir esperanza, porque a lo mejor,
Linda se fijaba en él y veía lo que Annabel veía en Jack; por último, a Linda
le enfadaba lo mal que se había portado el duque.
Linda
también conocía leyendas divertidas, terroríficas, románticas, dramáticas… ¡De
todo tipo! Les contó una divertida para olvidar la anterior.
Después de la de Linda contó Evan otra de
amor, y después de él Beatrice les contó otra de aventuras… Se lo pasaron
genial, cada vez uno contaba una leyenda hasta que al final decidieron
inventarse ellos mismos una historia.
Pero mientras reían, lloraban y se agarraban, dos
personas les seguían. Aun no les habían encontrado, pero estaban a medio
kilómetro. El hombre y la mujer giraron la curva y allí les vieron, estaban en
una recta de medio kilómetro, estaban riéndose por alguna tontería que habrían
dicho. Sigilosamente, se acercaron por detrás, pero Linda oyó algo cuando iban
por la mitad. Disimuladamente, cogió la espada y dijo entre dientes:
-Chicos a la de tres vais a los laterales.
Uno.-empezó a contar Linda. Entre el dos y el tres Kyle le preguntó lo que
estaba pasando, pero dijo el tres, se dio la vuelta con la espada y los tres se
fueron a los lados. El jefe de lo que quedaba de banda también se fue a un
lateral, dejando a Jessie y Linda solas en el camino.
-Nadie
tiene que morir, Brown.-dijo Linda en tono arrogante.
-Lo
mismo digo, señorita Martin. –respondió en el mismo tono Jessie.
-Otra
vez en el campo de batalla, ¿eh? ¿Recordáis quién ganó la última vez? -el plan
de Linda era provocarla, así se consumiría a sí misma, pensaba.
-Eso no
volverá a pasar. Os creéis una heroína de vuestros cuentos, pensáis que soy la
mala, pero no lo soy. He matado a gente, pero vos tampoco sois una maravilla.
Habéis matado a una persona y quién sabe a cuanta gente más llegaréis a matar.
No sois como los caballeros andantes de vuestras historias de fantasía, sois un
monstruo.-la palabra resonó en la cabeza de Linda. ¿Sería cierto? ¿Sería ella
el monstruo? Iba a explotar, pero no se rindió, ella era valiente e inteligente
y no se dejaría engatusar por una rata estúpida.
Respondió con un grito y corrió hacia ella con
la espada en la mano. Pensó en que ojalá Evan o Beatrice pudiera coger su arco
y ayudarla. De repente, ocurrió lo que había pensado, mientras ella y la
bandida chocaban sus espadas (sin poder evitar alguna que otra herida), Evan se
acercó a la espalda de Linda y cogió el arco y las flechas. Disparó hacia Jessie,
pero no acertó ninguna vez.
Después de minutos interminables en una lucha
sin fin, Evan le dio en el pie a Jessie, pero Linda fue a por el jefe de la
“banda”.
-No la
voy a matar a ella. Sería impropio haberla ganado en una lucha de dos contra
uno. Pero a vos… Sois un cobarde. El trabajo sucio lo hacen vuestros secuaces,
mejor dicho lo hacían. No sabéis manejar una espada, solo sabéis saquear y
ordenar a la gente que haga cosas. Vos sois el monstruo, yo defiendo a mis
amigos-hizo una pausa-. Vos matáis a los vuestros. Aunque ni siquiera lo son
¿verdad?
Linda le metió la espada en el costado
mientras él imploraba piedad. No le hizo caso, les hizo un gesto a sus amigos
de que se fueran y corrieron hacia el lago.
Ya tenían el lago delante suyo, aunque más bien
era un pantano. Le rodeaban muchos árboles, pero el camino de rodearlo estaba
lleno de arenas movedizas. Había que atravesarlo. La cuestión sería cómo. El
lago no era muy largo, pero bastante ancho. Estando tan sucio y sin barcas
sería complicado cruzarlo.
-Cuenta la leyenda que antes era un lago
precioso con vistas a las montañas, pero cuando Jack vino a vivir lo transformó
para que nadie le espiara; colocó árboles rodeándolo, puso arenas movedizas,
lleno el lago con basura… Desde entonces nadie se atreve a cruzarlo,
rodearlo…-les dijo Kyle a sus amigos. Ninguno dijo nada, dejaron que el
escalofrío se quedara dentro de ellos.
-¿Cómo
lo cruzamos?-preguntó Beatrice.
-Hagamos
como en la cárcel, usemos cosas que tengamos-respondió Linda. Como a nadie se le
ocurrió nada mejor, hicieron el plan de Linda-. Buscaremos por donde podamos
durante cinco minutos y cogeremos todo. Evan tu por ahí-dijo señalando con el
dedo al borde del lago-. Beatrice por ahí.
Kyle allí. Y yo aquí.
Se pusieron a buscar. Linda tenía miedo de lo
que pudiera traer Beatrice. La otra vez había traído una rata, ¿quién sabe lo
que se le ocurriría esta vez? No quería ni imaginárselo.
Pasaron los cinco minutos, pero cuando Evan
iba a volver al punto de encuentro, calló en las arenas movedizas.
-¡Evan!
–gritaron las chicas. La arena empezó a tragárselo. Kyle no movió ni un dedo,
es más, se desmalló.
-Voy a
ayudarle-dijo Linda-. ¡Dame la mano!-se dirigió a Evan estirándose todo lo que
pudo.
-No
puedo.-gimió éste. Linda se acercó más, pero no alcanzó su mano.
-¡Beatrice,
pásame algún tronco!-exclamó Linda acercando su mano a Evan.
-¡Cógelo!-
Beatrice le pasó un tronco bastante grueso.
Evan consiguió agarrarse, pero una piedra que
provenía de dentro del lago golpeó al muchacho en la cabeza y lo dejó
inconsciente, haciendo que soltara el palo.
-¡No!-chillaron.
Del agua salió un hombre enmascarado que dijo:
-Si yo
no pude tener a mi amante en su tiempo, vos, bella doncella, tampoco podéis
tener al vuestro.
-¡Jack!-gritó
Beatrice-. No es posible…- murmuró luego.
-¡Evan
no es mi novio ni nada de eso! –tragó saliva y se ruborizó-. Es un simple
escudero y yo soy una princesa.
-Eso
pensáis ahora, pero pronto descubriréis que el amor no es solo belleza y rango.-le
dijo Jack.
-Mi
corazón no le pertenece.-le protegió Linda.
-Pobre
ingenua… Mi pequeña Annabel pensaba lo mismo, pero le hice cambiar. Le hice
mejorar.
-Evan
es solo mi amigo. Un buen amigo. Y vos sois un sucio mentiroso-contestó Linda
enfadada-. Y si me disculpáis, voy a rescatarlo.
Sin dejarle terminar se giró. Inspiró y
espiro. Inspiró y espiró. Así un par de veces más. Tragó saliva y sin
pensárselo más se metió en las arenas.
Todo estaba muy oscuro, pero algo hizo, ella
no sabía qué pero de repente todo se volvió de agua. Veía con claridad cada
gota. Y lo mejor de todo, podía respirar y podía hablar. Era algo mágico, otra
cosa mágica. Miró a todos lados, pero no vio a Evan. De repente vio que alguien
más estaba en el agua. El hombre enmascarado. Pero también estaba al lado suyo…
-¡Evan!-chilló
Linda al ver al muchacho desmallado-. ¿Qué pasa aquí? ¿Por qué se ha vuelto
todo de un agua en la que se puede respirar?
-Habéis
de darle una oportunidad. Puede ser un buen chico…-hizo una pausa y añadió-.
Esto lo ha provocado su amor por vos. Y puede que algo de vuestro amor hacia
él…-soltó una pequeña risita que Linda no soportó.
-¡No le
amo! ¡Sois un pesado y un descarado! ¿Cómo osáis hablarme así?-Linda le pegó
una bofetada.
-Relajaos.
Con el tiempo os daréis cuenta. Ya veo que sois muy cabezota.
-Mi
corazón pertenece al galán príncipe Kyle. Pero él no lo sabe…
-Veo
que no sabéis elegir. No es valiente. ¡Se ha desmallado en vez de ir a salvar a
su escudero!
-Porque
no quería perder a su amigo, estaba muy traumatizado ante tal idea...-defendió
Linda a Kyle.
Jack se acercó a Linda y le apartó un mechón
de pelo de la cara. En señal de respuesta, dio un paso atrás.
-Me
recordáis a mi amor. Sois su viva imagen. Aunque solo os fijáis en el exterior
y no en el interior, eso es lo importante. Además del rango. ¿Qué más da que
sea un escudero? Si vos le amáis todo es posible.
-No le
amo, es mi amigo simplemente. Ahora dejadme que me vaya con él.
-Os
dejaré marchar, con la condición de que ahora en adelante os fijéis más en lo
que os he dicho. Se nota que os ama, pero piensa que jamás será correspondido.
No le hagáis perder la ilusión. No os pido que le améis, solo os pido que le
deis algo de esperanza. Au revoir, mademoiselle.-Le
hizo una reverencia y la dejó pasar.
Linda agarró el cuerpo inconsciente del
muchacho y le subió hacia la superficie. Resultaba bastante fácil transportarlo
puesto que era agua. Cuando asomó la cabeza de Evan, Beatrice y Kyle, que ya se
había despertado, tiraron de él. Después subió Linda.
-¿Por
qué estamos llenos de arena?-preguntó Linda.
-Acabáis
de estar dentro de arenas movedizas, ¿no es lógico?-dijo Beatrice.
-Pero
era agua…-murmuró Linda rascándose la cabeza.
-¿Qué
decís? ¿Os habéis vuelto loca?-preguntó extrañado Kyle.
Linda pensó quedarse callada. No quería
comenzar una lucha por la que al final la tomarían por loca.
-Parece
que ha tragado ¿agua?-dijo Beatrice colocando las manos en el pecho y sacando
agua.
-Dejadme
pasar-la princesa apartó a Beatrice y a Kyle y le tomó el pulso-. Está
vivo-todos suspiraron aliviados-. Solo ha tragado un poco de agua-los amigos la
miraron extrañada-. Voy a hacerle el boca a boca.
Le comenzó a hacer el boca a boca mientras
Beatrice y Kyle rezaban. De las arenas movedizas salió Jack y miró como los
tres intentaban salvar a su amigo, conmovido dijo:
-Puedo
ayudaros.- los tres se dieron la vuelta y vieron a Jack de pie detrás suyo.
Se puso de rodillas en frente de Evan y se
quitó la máscara.
Era bastante guapo. Tenía el pelo rubio e iba
despeinado. Tenía una nariz ni muy chata ni muy puntiaguda, intermedia. Los
ojos de un tono avellana claro. Sus labios eran gruesos. Aunque ya le habían
visto antes el cuerpo, vieron que tenía unos hombros fuertes al igual que sus
brazos, piernas, manos…
Cerró los ojos y recitó algo en un idioma que
no conocían. Repitió la misma frase varias veces y al final el agua salió de
Evan, y este, se despertó.
-¡Evan!-exclamaron
de alegría todos sus amigos.
-También
puedo ayudaros a cruzar el lago.-dijo Jack. Alzó los brazos y dijo otra frase
extraña e hizo levantar las aguas como Moisés. Le dieron las gracias y sus
amigos cruzaron al otro lado, pero Linda espero un poco más para hablar con
Jack.
-Os
agradezco mucho todo lo que habéis hecho.-le agradeció Linda.
-Todo
ha sido gracias a vos. Por haberme hecho aquella promesa. Por favor, pensad en
lo que os dije. Hacedlo por el chico.
-Lo
intentaré.-respondió ella echando a correr. Mientras cruzaba el lago se
despedía de Jack. Presentía que sería la última vez que lo vería, y no le
extrañaba.
Siento haber tardado tanto en publicarla. Últimamente no he tenido mucho tiempo...
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