Capítulo 11 Diferentes apariencias
Ya estaban otra vez de camino al castillo de Kyle, aún no se
habían acabado los campos de la esperanza, pues eran muy extensos. Linda
propuso volver a cantar otra vez la canción del mago y de que se había perdido,
pero nadie quiso porque estaban hartos de esa canción.
-Vale, ¿pues qué hacemos
para entretenernos?-nadie respondió. Se quedaron callados un buen rato hasta
que Beatrice comenzó a cantar bajito. Ella creía que no la miraban pero en
seguida los tres muchachos giraron la cabeza.
Su voz era preciosa, parecida a los ángeles, era la voz más bonita
que habían escuchado en sus vidas. Aunque cantara bajito, hasta Kyle, que
estaba el más alejado de ella la oía. Lo cierto es que tenía buen oído. Todos
la miraban boquiabiertos y ella cantaba hacia suelo. Cuando acabó se percató de
que la miraban y dijo muy sonrojada:
-¿Me habéis
oído?-repitiendo cada palabra dos veces.
-¡Beatrice, vuestra voz es
preciosa!-le felicitó Kyle.
-¡Una voz muy linda!-añadió
Evan soltando una carcajada por lo bajo.
-Dadme un abrazo, tenéis la
mejor voz del mundo.-aprobó Linda mientras abrazaba a Beatrice.
-No exageréis.-Beatrice se
sonrojó aún más.
-¿Podéis cantarnos algo
más?-exclamó Kyle entusiasmado.
Comenzó a cantar, esta vez más alto y más bonito. Y así se les
pasó el tiempo volando, porque también hicieron un concurso de canto. Kyle era
el peor, Evan estaba al borde de hacerlo bien, Linda lo hizo perfecto, pero
Beatrice la superó. ¡Qué rato más bonito! Rieron, cantaron e incluso bailaron.
Pero en la vida no hay solo luz, también hay oscuridad…
Todo transcurre tan rápido
cuando uno se lo pasa bien… Pronto llegó el atardecer, como era época de más
noche y menos día, a las siete de la tarde el cielo ya estaba oscuro. Los
muchachos ya no seguían cantando, hablaban. Ya estaban un poco más calmados,
habían pasado de cantar gritando, a hablar susurrando.
-¿Creéis que falta mucho
para llegar al lago ese?-preguntó Kyle.
-Ya llevaremos más de la
mitad. Faltarán… ¿Dos horas?-respondió Evan inseguro.
Después de eso, nadie hablaba, estaban como deprimidos. De repente
Beatrice cayó al suelo.
-¡Beatrice!-chillaron.
Cuando le vieron tenía los párpados cerrados, le dieron bofetadas, pero no
despertaba. Justo en ese momento Kyle cayó también. Se quedaron solos Evan y Linda,
asustados.
-Tranquila Linda, no dejaré
que la fuerza que sea que les ha empujado, os haga caer a vos también.-Linda
sonrió.
-Gracias Evan, es muy
caballeresco por vuestra parte.-Linda estaba muy agradecida. De repente, sintió
algo en su interior, algo que la empujó a hacer una cosa.
Cerró los ojos e inclinó la cabeza hacia delante, pero Evan cayó
al suelo. ¿Qué le habría pasado a la chica? ¿Querer besar al escudero? Pero
tenía cosas más importantes de las que ocuparse.
Linda se agachó y notó algo
rojo en el suelo. Sangre. Levantó un poco las cabezas de sus amigos, y vio que
tenían una pequeña herida en la cabeza.
-Muy bien-chilló ella
agarrando su espada-. Seáis lo que seáis a mí no me haréis caer.
Linda se empezó a ponerse roja de furia, cuando oyó una voz
espectral de la nada.
-Linda, quería hablar con
vos…
-¿Qué queréis?-como la voz
se movía de un lado a otro empezó a dar vueltas con la espada en la mano.
-Rank renk-dijo la voz hablando en un extraño idioma.
-Exijo que antes, me respondáis
a mí a unas preguntas-dijo con voz firme-. ¿En qué idioma habláis? ¿Qué sois? ¿De
dónde venís? ¿Estáis dispuesto a hacer daño a mis amigos? Traducídmelo. Y la
más importante: ¿Cómo sabéis mi nombre?
-Vayamos una por una. Hablo
en el idioma expectro, digo espectro, como veréis no manejo muy bien el inglés,
pero el francés lo domino a la perfección. De ahí la segunda; soy un espectro.
Vengo del inframundo. Sé lo que vais a decir; sí, existe. A tus amigos les haré
daño si no colaboráis, pero preferiría que ayudarais.-fue sorprendente que no
respiró ni una vez.
-Depende de lo que me mandéis
hacer, si no quiero hacerlo, les defenderé-respondió Linda-. ¡Espera! No me habéis
dicho como sabéis mi nombre.
-Primero os diré qué quiero,
traduciré lo que he dicho. Quiero tu amuleto, he de ponerlo a salvo, por lo
visto, no lo guardáis bien si estáis dispuesta a dárselo a ese muchacho.- puso
una voz en off sorprendente, cambiando por completo ese antiguo tono, era ahora
mucho más terrorífico.
A Linda le temblaban las piernas, pero ella era valiente. Solía
ser miedosa, pero cuando tenía el peligro delante, era muy audaz. No lo tenía
delante, delante…Pero se sentía muy intrépida.
-¿Cómo osáis a pedirme tal
cosa? Es un recuerdo de mi madre y no lo daría por nada del mundo.
-Vos, vos, ¿sois la hija de
la dueña de ese amuleto?-preguntó. Linda casi podía oler el miedo del espectro.
-Sí, pero murió nada más
nacer yo.-respondió un poco depre.
-Tenéis magia
poderosa-susurró para sí-. Me da igual, una chica corriente no me
ganará.-parloteó.
-No soy exactamente una
chica muy corriente. Seguramente no sabéis que tengo magia.-dijo amenazante
Linda.
-Claro que lo sé, pero
también sé que no la sabéis usar...-respondió.
Al instante Linda no oyó nada, había dejado de hablar y no hacía
ruido alguno, pero se fijó en el suelo y vio las marcas que iba dejando,
entonces blandió su espada y la empujó hacia el espectro. Este, le tiró la
espada al suelo, pero Linda cogió su arco. Disparó flechas hacia donde creía
que estaba, el espectro las esquivaba con agilidad, pero no toda criatura es
capaz de escapar de tal ataque. Linda escuchó el sonido de una flecha
clavándose en la piel de alguien, pero no vio a la persona puesto que era el
espectro. Tenía el presentimiento de que no sería la última vez que lo oiría.
-Devolved a mis amigos a su
estado normal.-ordenó Linda mientras pisaba al espectro, aunque ella no lo
veía.
El espectro se volvió visible y en su último aliento dijo:
-Volverán a su estado
normal cuando yo haya muerto, es decir dentro de nada. ¡Ah!
-Entonces cuanto antes
mueras mejor.-le colocó la espada en el pecho dispuesta a clavársela, pero le
cortó.
-¡Esperad! No olvidéis
nunca lo que os voy a decir. Poseéis un gran poder, usadlo para el bien no como
otros, que generaciones atrás lo usaron para el mal. Pues no es sabio el
malvado, si no el bondadoso y cariñoso. Que el poder no se vuelva contra ti,
Linda Martin. Os preguntaréis: ¿Por qué este cambio tan repentino? Yo os mentí.
No soy un espectro, soy vuestro ángel de la guarda y os he estado protegiendo
desde que nacisteis. ¿Recordáis en el puente? Yo era el que os decía que no
debíais caer. ¿Y que no casasteis en el puente levadizo? También fui yo. Y antes
yo, quería el amuleto para protegerlo. Si cae en malas manos, podría incluso
destruir la tierra. Siempre tenedlo agarrado al cuello, en la mochila, donde
queráis, pero tenedlo siempre a mano y bien custodiado, porque yo ya no voy a
ser vuestro ángel de la guarda, ahora estáis en peligro, no os mandarán otro ángel.
Tened cuidado, Linda…
Cesó de moverse, respirar, bombear sangre… Cualquier cosa que hace
una persona o ángel cuando está viva. Linda tuvo una lluvia de emociones;
terror, porque ya no tenía un ángel de la guarda; desconfianza o confianza, no
sabía si confiar en él, podía ser que hubiera mentido; confusión, por todo ese
embrollo… Y muchos más.
Al final no pudo con todo, y rompió a llorar. Le pidió que
despertara a gritos. Las lágrimas no cesaban de brotar de sus grandes y
preciosos ojos negros. Del abismo oscuro, caía agua. No sollozaba, simplemente
lloraba. Caían por la mejilla, seguían por la barbilla y finalmente llegaban al
vestido dejando unas pequeñas manchas.
Evan se despertó sin que Linda se diera cuenta y vio como lloraba
arrodillada sujetando la mano del cadáver, que no era visible, por supuesto.
Vio lo cristalinas y preciosas que eran las lágrimas de Linda y la miró con
unos ojos muy tiernos. Se volvió a tumbar para dejarla un poco más a solas,
pero cuando la espalda tocó el suelo, Linda se percató y le preguntó:
-¿Cuánto tiempo lleváis
despierto? Por favor no me mintáis.
-Lo suficiente-le tendió un
pañuelo que llevaba en su mochila-. Respecto a lo de antes…-se refería a lo del
beso que no le había llegado a dar.
Había sido el momento más feliz de la vida del joven, si no se
hubiera desmayado. ¿Qué le había pasado? ¿Por qué lloraba Linda? ¿Qué? ¿Por
qué? ¿Qué? ¿Por qué?…
-Aquí no ha pasado nada.
Disculpadme-se sonó los mocos y respondió-. Me dejé llevar.-toda esperanza se
derrumbó.
-Ahora decidme, ¿por qué
lloráis?
-Si no os importa prefiero
guardármelo.-dijo mirando al suelo.
Evan no contestó. De repente notó un estremecimiento.
-¡Ah!-exclamó Evan
tocándose en la herida de cuando se había caído.
-¿Qué os ocurre?-preguntó
Linda apartándose del cuerpo y girándose hacia el escudero.
-¿Tengo alguna herida donde
señalo, no?
-Estáis en lo cierto. Al
caeros os la hicisteis al igual que Beatrice y Kyle-se detuvo a pensar y
añadió-. ¿Por qué os habéis despertado antes que ellos?
Evan los observó un momento y respondió:
-Estarían cansados, puede
que estén dormidos. Este viaje es muy agotador…
-Deberíamos despertarlos,
debemos proseguir hasta llegar al comienzo del lago de la muerte.-dijo Linda
poniéndose en pie.
-Si me disculpáis Linda, llevamos
todo el día caminando y estamos agotados a pesar de que la diversión parecía
enmascarar el cansancio.-objetó Evan.
Linda recapacitó, pensó que sería agradable tumbarse en el prado y
por la mañana quitarse los zapatos y caminar sobre la hierba con rocío.
-Creo que esta vez te voy a
dar la razón-respondió Linda-, pero deberíamos apartarnos del camino.
Como los otros dos estaban muertos del cansancio, les agarraron
por las axilas y los metieron en los extensos prados. Se quitaron las mochilas
y se tumbaron a descansar.
Linda se acostó pensando
en el maravilloso paisaje que tenían ante ellos y Evan en la maravillosa
persona que tenía al lado.
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