jueves, 18 de junio de 2015

Mi futuro libro XI

Capítulo 11   Diferentes apariencias
Ya estaban otra vez de camino al castillo de Kyle, aún no se habían acabado los campos de la esperanza, pues eran muy extensos. Linda propuso volver a cantar otra vez la canción del mago y de que se había perdido, pero nadie quiso porque estaban hartos de esa canción.
 -Vale, ¿pues qué hacemos para entretenernos?-nadie respondió. Se quedaron callados un buen rato hasta que Beatrice comenzó a cantar bajito. Ella creía que no la miraban pero en seguida los tres muchachos giraron la cabeza.
Su voz era preciosa, parecida a los ángeles, era la voz más bonita que habían escuchado en sus vidas. Aunque cantara bajito, hasta Kyle, que estaba el más alejado de ella la oía. Lo cierto es que tenía buen oído. Todos la miraban boquiabiertos y ella cantaba hacia suelo. Cuando acabó se percató de que la miraban y dijo muy sonrojada:
 -¿Me habéis oído?-repitiendo cada palabra dos veces.
 -¡Beatrice, vuestra voz es preciosa!-le felicitó Kyle.
 -¡Una voz muy linda!-añadió Evan soltando una carcajada por lo bajo.
 -Dadme un abrazo, tenéis la mejor voz del mundo.-aprobó Linda mientras abrazaba a Beatrice.
 -No exageréis.-Beatrice se sonrojó aún más.
 -¿Podéis cantarnos algo más?-exclamó Kyle entusiasmado.
Comenzó a cantar, esta vez más alto y más bonito. Y así se les pasó el tiempo volando, porque también hicieron un concurso de canto. Kyle era el peor, Evan estaba al borde de hacerlo bien, Linda lo hizo perfecto, pero Beatrice la superó. ¡Qué rato más bonito! Rieron, cantaron e incluso bailaron. Pero en la vida no hay solo luz, también hay oscuridad…
 Todo transcurre tan rápido cuando uno se lo pasa bien… Pronto llegó el atardecer, como era época de más noche y menos día, a las siete de la tarde el cielo ya estaba oscuro. Los muchachos ya no seguían cantando, hablaban. Ya estaban un poco más calmados, habían pasado de cantar gritando, a hablar susurrando.
 -¿Creéis que falta mucho para llegar al lago ese?-preguntó Kyle.
 -Ya llevaremos más de la mitad. Faltarán… ¿Dos horas?-respondió Evan inseguro.
Después de eso, nadie hablaba, estaban como deprimidos. De repente Beatrice cayó al suelo.
 -¡Beatrice!-chillaron. Cuando le vieron tenía los párpados cerrados, le dieron bofetadas, pero no despertaba. Justo en ese momento Kyle cayó también. Se quedaron solos Evan y Linda, asustados.
 -Tranquila Linda, no dejaré que la fuerza que sea que les ha empujado, os haga caer a vos también.-Linda sonrió.
 -Gracias Evan, es muy caballeresco por vuestra parte.-Linda estaba muy agradecida. De repente, sintió algo en su interior, algo que la empujó a hacer una cosa.                                                       
Cerró los ojos e inclinó la cabeza hacia delante, pero Evan cayó al suelo. ¿Qué le habría pasado a la chica? ¿Querer besar al escudero? Pero tenía cosas más importantes de las que ocuparse.
 Linda se agachó y notó algo rojo en el suelo. Sangre. Levantó un poco las cabezas de sus amigos, y vio que tenían una pequeña herida en la cabeza.
 -Muy bien-chilló ella agarrando su espada-. Seáis lo que seáis a mí no me haréis caer.
Linda se empezó a ponerse roja de furia, cuando oyó una voz espectral de la nada.
 -Linda, quería hablar con vos…
 -¿Qué queréis?-como la voz se movía de un lado a otro empezó a dar vueltas con la espada en la mano.
 -Rank renk-dijo la voz hablando en un extraño idioma.
  -Exijo que antes, me respondáis a mí a unas preguntas-dijo con voz firme-. ¿En qué idioma habláis? ¿Qué sois? ¿De dónde venís? ¿Estáis dispuesto a hacer daño a mis amigos? Traducídmelo. Y la más importante: ¿Cómo sabéis mi nombre?
 -Vayamos una por una. Hablo en el idioma expectro, digo espectro, como veréis no manejo muy bien el inglés, pero el francés lo domino a la perfección. De ahí la segunda; soy un espectro. Vengo del inframundo. Sé lo que vais a decir; sí, existe. A tus amigos les haré daño si no colaboráis, pero preferiría que ayudarais.-fue sorprendente que no respiró ni una vez.
 -Depende de lo que me mandéis hacer, si no quiero hacerlo, les defenderé-respondió Linda-. ¡Espera! No me habéis dicho como sabéis mi nombre.
 -Primero os diré qué quiero, traduciré lo que he dicho. Quiero tu amuleto, he de ponerlo a salvo, por lo visto, no lo guardáis bien si estáis dispuesta a dárselo a ese muchacho.- puso una voz en off sorprendente, cambiando por completo ese antiguo tono, era ahora mucho más terrorífico.
A Linda le temblaban las piernas, pero ella era valiente. Solía ser miedosa, pero cuando tenía el peligro delante, era muy audaz. No lo tenía delante, delante…Pero se sentía muy intrépida. 
 -¿Cómo osáis a pedirme tal cosa? Es un recuerdo de mi madre y no lo daría por nada del mundo.
 -Vos, vos, ¿sois la hija de la dueña de ese amuleto?-preguntó. Linda casi podía oler el miedo del espectro.
 -Sí, pero murió nada más nacer yo.-respondió un poco depre.
 -Tenéis magia poderosa-susurró para sí-. Me da igual, una chica corriente no me ganará.-parloteó.
 -No soy exactamente una chica muy corriente. Seguramente no sabéis que tengo magia.-dijo amenazante Linda.
 -Claro que lo sé, pero también sé que no la sabéis usar...-respondió.
Al instante Linda no oyó nada, había dejado de hablar y no hacía ruido alguno, pero se fijó en el suelo y vio las marcas que iba dejando, entonces blandió su espada y la empujó hacia el espectro. Este, le tiró la espada al suelo, pero Linda cogió su arco. Disparó flechas hacia donde creía que estaba, el espectro las esquivaba con agilidad, pero no toda criatura es capaz de escapar de tal ataque. Linda escuchó el sonido de una flecha clavándose en la piel de alguien, pero no vio a la persona puesto que era el espectro. Tenía el presentimiento de que no sería la última vez que lo oiría.
 -Devolved a mis amigos a su estado normal.-ordenó Linda mientras pisaba al espectro, aunque ella no lo veía.
El espectro se volvió visible y en su último aliento dijo:
 -Volverán a su estado normal cuando yo haya muerto, es decir dentro de nada. ¡Ah!
 -Entonces cuanto antes mueras mejor.-le colocó la espada en el pecho dispuesta a clavársela, pero le cortó.
 -¡Esperad! No olvidéis nunca lo que os voy a decir. Poseéis un gran poder, usadlo para el bien no como otros, que generaciones atrás lo usaron para el mal. Pues no es sabio el malvado, si no el bondadoso y cariñoso. Que el poder no se vuelva contra ti, Linda Martin. Os preguntaréis: ¿Por qué este cambio tan repentino? Yo os mentí. No soy un espectro, soy vuestro ángel de la guarda y os he estado protegiendo desde que nacisteis. ¿Recordáis en el puente? Yo era el que os decía que no debíais caer. ¿Y que no casasteis en el puente levadizo? También fui yo. Y antes yo, quería el amuleto para protegerlo. Si cae en malas manos, podría incluso destruir la tierra. Siempre tenedlo agarrado al cuello, en la mochila, donde queráis, pero tenedlo siempre a mano y bien custodiado, porque yo ya no voy a ser vuestro ángel de la guarda, ahora estáis en peligro, no os mandarán otro ángel. Tened cuidado, Linda…
Cesó de moverse, respirar, bombear sangre… Cualquier cosa que hace una persona o ángel cuando está viva. Linda tuvo una lluvia de emociones; terror, porque ya no tenía un ángel de la guarda; desconfianza o confianza, no sabía si confiar en él, podía ser que hubiera mentido; confusión, por todo ese embrollo… Y muchos más.
Al final no pudo con todo, y rompió a llorar. Le pidió que despertara a gritos. Las lágrimas no cesaban de brotar de sus grandes y preciosos ojos negros. Del abismo oscuro, caía agua. No sollozaba, simplemente lloraba. Caían por la mejilla, seguían por la barbilla y finalmente llegaban al vestido dejando unas pequeñas manchas.
Evan se despertó sin que Linda se diera cuenta y vio como lloraba arrodillada sujetando la mano del cadáver, que no era visible, por supuesto. Vio lo cristalinas y preciosas que eran las lágrimas de Linda y la miró con unos ojos muy tiernos. Se volvió a tumbar para dejarla un poco más a solas, pero cuando la espalda tocó el suelo, Linda se percató y le preguntó:
 -¿Cuánto tiempo lleváis despierto? Por favor no me mintáis.
 -Lo suficiente-le tendió un pañuelo que llevaba en su mochila-. Respecto a lo de antes…-se refería a lo del beso que no le había llegado a dar.
Había sido el momento más feliz de la vida del joven, si no se hubiera desmayado. ¿Qué le había pasado? ¿Por qué lloraba Linda? ¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué? ¿Por qué?…
 -Aquí no ha pasado nada. Disculpadme-se sonó los mocos y respondió-. Me dejé llevar.-toda esperanza se derrumbó.
 -Ahora decidme, ¿por qué lloráis?
 -Si no os importa prefiero guardármelo.-dijo mirando al suelo.
Evan no contestó. De repente notó un estremecimiento.
 -¡Ah!-exclamó Evan tocándose en la herida de cuando se había caído.
 -¿Qué os ocurre?-preguntó Linda apartándose del cuerpo y girándose hacia el escudero.
 -¿Tengo alguna herida donde señalo, no?
 -Estáis en lo cierto. Al caeros os la hicisteis al igual que Beatrice y Kyle-se detuvo a pensar y añadió-. ¿Por qué os habéis despertado antes que ellos?
Evan los observó un momento y respondió:
 -Estarían cansados, puede que estén dormidos. Este viaje es muy agotador…
 -Deberíamos despertarlos, debemos proseguir hasta llegar al comienzo del lago de la muerte.-dijo Linda poniéndose en pie.
 -Si me disculpáis Linda, llevamos todo el día caminando y estamos agotados a pesar de que la diversión parecía enmascarar el cansancio.-objetó Evan.
Linda recapacitó, pensó que sería agradable tumbarse en el prado y por la mañana quitarse los zapatos y caminar sobre la hierba con rocío.
 -Creo que esta vez te voy a dar la razón-respondió Linda-, pero deberíamos apartarnos del camino.
Como los otros dos estaban muertos del cansancio, les agarraron por las axilas y los metieron en los extensos prados. Se quitaron las mochilas y se tumbaron a descansar.
   Linda se acostó pensando en el maravilloso paisaje que tenían ante ellos y Evan en la maravillosa persona que tenía al lado.

                                                          

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