jueves, 18 de junio de 2015

El ojo de Horus VII

Capítulo 6  La Clarinois
No me cogen del brazo, pero forman un círculo en torno a mí.
-No hace falta que me escoltéis como si fuera la reina de Inglaterra, me agobiáis.-aparto a un par de agentes que están delante mío.
No debería haberlo hecho. Delante de mí está el pesado de Jason.
-¿Qué has hecho, preciosa? ¿Alguna gamberrada?-un agente responde por mí.
-Un asunto privado, señor Doe, no podemos contestar.
Al llegar al ascensor, tres chicas se bajan.
-¿Qué has hecho, Julie?-me pregunta Jessica. Las tres se han quedado alucinadas.
Esta vez no les dejo contestar a los agentes.
-Preguntadles a George y a Will, os lo contarán todo.-digo.
Mientras me meto en el ascensor, lo último que oigo es a Anna
-A saber qué habrá hecho, conociéndola…
    En el despacho, Cameron no hace el numerito de la silla, sino que al oír el ascensor, se levanta corriendo y me sienta en una de las sillas que hay enfrente de su mesa. El pobre Carl, que estaba sentado ahí, se levanta y les hace un gesto a los demás agentes para que se vayan. Roy se levanta de la silla como si le repeliera sentarse al lado mío.
-Juliette, ¿cómo has hecho eso?-me pregunta el jefe.
-¿Hacer el qué?
-No finjas que no lo sabes –claro que sé lo que es, pretendo… no sé qué pretendo-. Lo de la bandeja.
-La verdad no sé muy bien como ocurrió –me detengo al ver la cara de Cameron-. Lo único que hice fue desear que no se cayera la bandeja.
Cameron se sienta en su silla procurando relajarse. Se saca un pañuelo de tela del bolsillo y se lo pasa por la frente. Acto seguido, lo deja sobre la mesa de cristal. Desde el otro lado se puede ver que está empapado. De sudor, claro.
-La verdad es que nunca hemos tenido a un Clarinois aquí, así que no sabemos a ciencia cierta qué pueden hacer –me explica-. Debemos contactar con ellos.-rápidamente enciende su ordenador.
-¿Con quién?-pregunto aunque sepa a quiénes se refiere.
-Debemos contactar con los Julius.
-Pero señor, nunca hemos contactado con ellos.-le comenta Roy.
-Aun así, nos dieron su contacto en Skype.-responde Cameron. No puedo evitar soltar una risita.
-¿Los Julius tienen Skype?-es imposible no reírse, es graciosísimo. Extraterrestres con Skype…
-La Junta se creó una cuenta en Skype igual que nosotros nos creamos una cuenta en Sky, que es lo mismo que el Skype, pero lo usan los Julius. Ningún humano puede acceder a su cuenta ni aun buscándola en la aplicación. Los Julius se hackearon su cuenta.-me explica Cameron.
-Nos dijeron que solo contactáramos con ellos en casos extremos.-dice Carl mirando fijamente a su jefe.
-¿Y este no lo es? La Clarinois está en la W.V.M. y hemos visto que tiene más poderes que los que pensábamos. ¿¡Esto sigue sin ser extremo para vosotros?!-les regaña Cameron.
-La Clarinois no está solo en la agencia. También está en la sala escuchándoos.-les recuerdo intentando no perder los estribos.
-Lo siento Juliette, es una cosa muy importante, ahora debemos centrarnos en otras cosas.-me calma Carl.
Desde mi silla, puedo ver a Cameron metiéndose en el Skype. Le da a un usuario que pone La Junta y empiezan a sonar los pitidos. Entonces aparecen tres Julius en la pantalla. ¡Sí que son raros!
Tienen la boca diez veces más grande que cualquier persona de la tierra. Parecen tener un tercer ojo en la frente. No tienen nariz, o si la tienen, es plana. En las manos tienen siete dedos y supongo que en los pies también. La ropa es una túnica muy larga que les llega hasta los pies, incluso a uno le llega aún más larga. El de la túnica blanca habla primero.
-¿Qué sucede, Cameron? Es la primera video llamada que nos haces desde que te fuiste. ¿Ha ocurrido algo? Estás muy pálido y sudoroso.
-Pues mira…-parce nervioso de hablar con ellos-. ¿Recordáis a la Clarinois que está ahora?-todos asienten-. Pues está en la W.V.M.-las cinco personas de la pantalla empiezan a hablar entre sí-. ¡Silencio! Perdónenme, estoy muy nervioso… Además está en esta sala, conmigo. Juliette, ven aquí.-me acerco a él, pero me asusta que me empiece a acariciar el pelo o algo por el estilo. Y lo está haciendo.
Las cinco personas empiezan a mirarme y dicen cosas como “Os dije que debía ser ella la Clarinois.” “Parece muy inteligente.” “Y es muy guapa.” Esto último no sé si creérmelo, no soy guapa. Puede que yo haya sido la primera adolescente que hayan visto, porque no tienen muy buen gusto.
-Ya lo creo, es preciosa –Cameron les da la razón (será pelota…)-. Hoy ella ha hecho una cosa increíble. Ha conseguido que su bandeja levite en el aire, mientras que tendría que haberse caído, ¿cómo es posible si no tiene ese poder?-los Julius empiezan a reírse.
-Creéis que no lo tiene.-le corrige un Julius que parece mayor, pero sabio.
El Julius de la túnica blanca continúa:
-Puede que no os hayamos dicho exactamente todos sus poderes.
-Pero no solo los de la chica, sino los de todos.-esta vez habla lo que parece ser una mujer.
-¿Qué queréis decir?-pregunta atónito Cameron. Me suelta de inmediato y se sienta en su silla.
-Queremos decir que no sabéis sus poderes –el hombre de la túnica larga no aclara nada, nos dice lo que ya han dicho-. Los Loriums solo pueden hacer lo que os dijimos: abrir puertas. Los Glondos pueden usar los fenómenos naturales y abrir puertas. Los Roberbes abren puertas, usan los fenómenos naturales y tienen buena memoria… Así con todos.
-¿Dónde entra la bandeja?-les pregunto.
-Pues tú, pequeña, puedes hacer todo lo que seguramente te habrán dicho y muchas más cosas: transformarte en otras personas, volar, tele transportarte… Son demasiadas las cosas que puedes hacer. Igual tienes un total de mil poderes, ni siquiera nosotros lo sabemos a ciencia cierta.-esta vez me lo explica el hombre mayor.
Están de broma, ¿verdad? No quiero hacer todo eso, ¿Si me descuido? ¿Si me descuido y me desvío al lado oscuro como Anakin Skywalker en la guerra de las galaxias? ¿Por qué pienso en películas ficticias? Aunque, claro, ayer mismo, toda esta locura me habría parecido ficticia. Tendré que acostumbrarme a esta nueva e insólita vida.
-Muchas gracias, les llamaremos si ocurre alguna otra cosa.-Cameron apaga el ordenador.
-¿Qué vas a hacer? ¿Se lo dirás a todas las personas de la agencia?-le pregunta Carl a Cameron.
-Por supuesto. Tienen derecho a saberlo. Son sus poderes. Aunque también me preocupa otra cosa…
-¿El qué? –Roy se levanta del sofá en el que se había sentado junto a Carl.
-Tengo miedo de que todos los Clarinois que existan y que existirán se puedan volver malvados.
Suelto un ligero bufido.
-Por favor, no finjáis que no estoy aquí. Lo detesto. No habléis de mí cuando estoy delante. A lo mejor, si seguís enfadándome puede me vuelva como uno de esos Julius malvados, todo eso sin yo darme cuenta. Mantenedme aislada para que no me enfade nadie. No quiero dañar a la gente. Aún no puedo controlar mis poderes.
-Juliette, no te vas a volver malvada. No ha habido casi ningún caso en el que uno de vosotros, los chicos con poderes, os volváis malos.-me intenta calmar Carl. Pero es inútil.
De repente, oigo una voz en mi mente.

“Juliette, soy el Julius que has visto antes. El mayor. Me llamo Rox. Hasta ayer, ningún Clarinois había sabido lo que era. Eres especial. Desde el día que naciste supe que serías especial. Ayer fue un día histórico, has sido la primera Clarinois en saber quién era. Ahora, no te dejes llevar por la oscuridad. Por si te lo preguntas, yo no te mandé el portátil. Pero no diré quién es. Recuerda que siempre estaré contigo. Rox siempre estará contigo.”
-Casi. Casi ningún caso. ¿Y si yo soy uno de esos casi casos? Podría destruir la tierra. Soy un monstruo. Una bomba que si se cae al suelo explota. No puedo fingir lo que soy. Soy una Clarinois. –se me llenan los ojos de lágrimas, pero consigo contenerlas. Soy fuerte. Eso me digo una y otra vez.
-Juliette…-Carl me intenta ayudar, y lo sé. Pero no puedo contenerme.
-¡De Juliette nada! ¡Soy una Clarinois y puedo destruir la tierra si me lo propongo! Por favor, dejadme sola. Dejadme aislada-ya no puedo más. Lloro y lloro. Chillo y chillo-. Por favor, aisladme del mundo.
-No vamos a aislarte ni vamos a hacer nada. Eres una buena baza. Por favor, retírate a tu habitación.-me dice con calma Cameron.
-¡Aun no sabéis lo que puedo hacer, os puedo hacer daño! No quiero haceros daño…-acabo susurrando. ¡No lo entienden! Solo quiero ayudar. Ayudar a salvar al mundo de mí…
-Ya has oído al señor Tanner, vete a tu habitación.-me riñe Roy.
-¡Yo no me voy de aquí hasta que hagáis algo conmigo!-chillo.
Oigo a Cameron hablar por un interfono.
-Chicos, venid a llevaros a Juliette, por favor.-no sé con quién habla, pero no tardarán en venir.
-¡Le he oído, señor Tanner! ¡No me mande a sus agentes para que me lleven a mi habitación!-le grito-. ¡Soy peligrosa, y lo sabe!
-Claro que lo sé –parece mentira con la calma que habla-. Por cierto, no son mis agentes. Son tus amigos.
En la sala entran Will y George, sin preguntar, me agarran por los brazos y me arrastran al ascensor. Lo bueno, es que consigo oír una cosa antes de irme.
-Ahora daremos un aviso a todas las oficinas empezando por la nuestra.-les anuncia el señor Tanner

Cameron, no sabes con quién te estás metiendo. 

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