Capítulo
6 La Clarinois
No me cogen del brazo, pero forman un círculo en torno a mí.
-No hace falta que me escoltéis como si fuera la reina de
Inglaterra, me agobiáis.-aparto a un par de agentes que están delante mío.
No debería haberlo hecho. Delante de mí está el pesado de Jason.
-¿Qué has hecho, preciosa? ¿Alguna gamberrada?-un agente responde
por mí.
-Un asunto privado, señor Doe, no podemos contestar.
Al llegar al ascensor, tres chicas se bajan.
-¿Qué has hecho, Julie?-me pregunta Jessica. Las tres se han quedado
alucinadas.
Esta vez no les dejo contestar a los agentes.
-Preguntadles a George y a Will, os lo contarán todo.-digo.
Mientras me meto en el ascensor, lo último que oigo es a Anna
-A saber qué habrá hecho, conociéndola…
En el despacho, Cameron
no hace el numerito de la silla, sino que al oír el ascensor, se levanta
corriendo y me sienta en una de las sillas que hay enfrente de su mesa. El
pobre Carl, que estaba sentado ahí, se levanta y les hace un gesto a los demás
agentes para que se vayan. Roy se levanta de la silla como si le repeliera
sentarse al lado mío.
-Juliette, ¿cómo has hecho eso?-me pregunta el jefe.
-¿Hacer el qué?
-No finjas que no lo sabes –claro que sé lo que es, pretendo… no
sé qué pretendo-. Lo de la bandeja.
-La verdad no sé muy bien como ocurrió –me detengo al ver la cara
de Cameron-. Lo único que hice fue desear que no se cayera la bandeja.
Cameron se sienta en su silla procurando relajarse. Se saca un
pañuelo de tela del bolsillo y se lo pasa por la frente. Acto seguido, lo deja
sobre la mesa de cristal. Desde el otro lado se puede ver que está empapado. De
sudor, claro.
-La verdad es que nunca hemos tenido a un Clarinois aquí, así que
no sabemos a ciencia cierta qué pueden hacer –me explica-. Debemos contactar
con ellos.-rápidamente enciende su ordenador.
-¿Con quién?-pregunto aunque sepa a quiénes se refiere.
-Debemos contactar con los Julius.
-Pero señor, nunca hemos contactado con ellos.-le comenta Roy.
-Aun así, nos dieron su contacto en Skype.-responde Cameron. No
puedo evitar soltar una risita.
-¿Los Julius tienen Skype?-es imposible no reírse, es
graciosísimo. Extraterrestres con Skype…
-La Junta se creó una cuenta en Skype igual que nosotros nos
creamos una cuenta en Sky, que es lo mismo que el Skype, pero lo usan los
Julius. Ningún humano puede acceder a su cuenta ni aun buscándola en la
aplicación. Los Julius se hackearon su cuenta.-me explica Cameron.
-Nos dijeron que solo contactáramos con ellos en casos
extremos.-dice Carl mirando fijamente a su jefe.
-¿Y este no lo es? La Clarinois está en la W.V.M. y hemos visto
que tiene más poderes que los que pensábamos. ¿¡Esto sigue sin ser extremo para
vosotros?!-les regaña Cameron.
-La Clarinois no está solo en la agencia. También está en la sala escuchándoos.-les
recuerdo intentando no perder los estribos.
-Lo siento Juliette, es una cosa muy importante, ahora debemos
centrarnos en otras cosas.-me calma Carl.
Desde mi silla, puedo ver a Cameron metiéndose en el Skype. Le da
a un usuario que pone La Junta y empiezan a sonar los pitidos. Entonces
aparecen tres Julius en la pantalla. ¡Sí que son raros!
Tienen la boca diez veces más grande que cualquier persona de la
tierra. Parecen tener un tercer ojo en la frente. No tienen nariz, o si la
tienen, es plana. En las manos tienen siete dedos y supongo que en los pies
también. La ropa es una túnica muy larga que les llega hasta los pies, incluso
a uno le llega aún más larga. El de la túnica blanca habla primero.
-¿Qué sucede, Cameron? Es la primera video llamada que nos haces
desde que te fuiste. ¿Ha ocurrido algo? Estás muy pálido y sudoroso.
-Pues mira…-parce nervioso de hablar con ellos-. ¿Recordáis a la
Clarinois que está ahora?-todos asienten-. Pues está en la W.V.M.-las cinco
personas de la pantalla empiezan a hablar entre sí-. ¡Silencio! Perdónenme,
estoy muy nervioso… Además está en esta sala, conmigo. Juliette, ven aquí.-me
acerco a él, pero me asusta que me empiece a acariciar el pelo o algo por el
estilo. Y lo está haciendo.
Las cinco personas empiezan a mirarme y dicen cosas como “Os dije
que debía ser ella la Clarinois.” “Parece muy inteligente.” “Y es muy guapa.”
Esto último no sé si creérmelo, no soy guapa. Puede que yo haya sido la primera
adolescente que hayan visto, porque no tienen muy buen gusto.
-Ya lo creo, es preciosa –Cameron les da la razón (será pelota…)-.
Hoy ella ha hecho una cosa increíble. Ha conseguido que su bandeja levite en el
aire, mientras que tendría que haberse caído, ¿cómo es posible si no tiene ese
poder?-los Julius empiezan a reírse.
-Creéis que no lo tiene.-le corrige un Julius que parece mayor,
pero sabio.
El Julius de la túnica blanca continúa:
-Puede que no os hayamos dicho exactamente todos sus poderes.
-Pero no solo los de la chica, sino los de todos.-esta vez habla
lo que parece ser una mujer.
-¿Qué queréis decir?-pregunta atónito Cameron. Me suelta de
inmediato y se sienta en su silla.
-Queremos decir que no sabéis sus poderes –el hombre de la túnica
larga no aclara nada, nos dice lo que ya han dicho-. Los Loriums solo pueden
hacer lo que os dijimos: abrir puertas. Los Glondos pueden usar los fenómenos
naturales y abrir puertas. Los Roberbes abren puertas, usan los fenómenos
naturales y tienen buena memoria… Así con todos.
-¿Dónde entra la bandeja?-les pregunto.
-Pues tú, pequeña, puedes hacer todo lo que seguramente te habrán
dicho y muchas más cosas: transformarte en otras personas, volar, tele
transportarte… Son demasiadas las cosas que puedes hacer. Igual tienes un total
de mil poderes, ni siquiera nosotros lo sabemos a ciencia cierta.-esta vez me
lo explica el hombre mayor.
Están de broma, ¿verdad? No quiero hacer todo eso, ¿Si me
descuido? ¿Si me descuido y me desvío al lado oscuro como Anakin Skywalker en
la guerra de las galaxias? ¿Por qué pienso en películas ficticias? Aunque,
claro, ayer mismo, toda esta locura me habría parecido ficticia. Tendré que
acostumbrarme a esta nueva e insólita vida.
-Muchas gracias, les llamaremos si ocurre alguna otra
cosa.-Cameron apaga el ordenador.
-¿Qué vas a hacer? ¿Se lo dirás a todas las personas de la
agencia?-le pregunta Carl a Cameron.
-Por supuesto. Tienen derecho a saberlo. Son sus poderes. Aunque
también me preocupa otra cosa…
-¿El qué? –Roy se levanta del sofá en el que se había sentado
junto a Carl.
-Tengo miedo de que todos los Clarinois que existan y que
existirán se puedan volver malvados.
Suelto un ligero bufido.
-Por favor, no finjáis que no estoy aquí. Lo detesto. No habléis
de mí cuando estoy delante. A lo mejor, si seguís enfadándome puede me vuelva
como uno de esos Julius malvados, todo eso sin yo darme cuenta. Mantenedme
aislada para que no me enfade nadie. No quiero dañar a la gente. Aún no puedo
controlar mis poderes.
-Juliette, no te vas a volver malvada. No ha habido casi ningún
caso en el que uno de vosotros, los chicos con poderes, os volváis malos.-me
intenta calmar Carl. Pero es inútil.
De repente, oigo una voz en mi mente.
“Juliette, soy el Julius que has visto antes. El mayor. Me llamo
Rox. Hasta ayer, ningún Clarinois había sabido lo que era. Eres especial. Desde
el día que naciste supe que serías especial. Ayer fue un día histórico, has
sido la primera Clarinois en saber quién era. Ahora, no te dejes llevar por la
oscuridad. Por si te lo preguntas, yo no te mandé el portátil. Pero no diré quién
es. Recuerda que siempre estaré contigo. Rox siempre estará contigo.”
-Casi. Casi ningún caso. ¿Y si yo soy uno de esos casi casos?
Podría destruir la tierra. Soy un monstruo. Una bomba que si se cae al suelo
explota. No puedo fingir lo que soy. Soy una Clarinois. –se me llenan los ojos
de lágrimas, pero consigo contenerlas. Soy fuerte. Eso me digo una y otra vez.
-Juliette…-Carl me intenta ayudar, y lo sé. Pero no puedo
contenerme.
-¡De Juliette nada! ¡Soy una Clarinois y puedo destruir la tierra
si me lo propongo! Por favor, dejadme sola. Dejadme aislada-ya no puedo más.
Lloro y lloro. Chillo y chillo-. Por favor, aisladme del mundo.
-No vamos a aislarte ni vamos a hacer nada. Eres una buena baza.
Por favor, retírate a tu habitación.-me dice con calma Cameron.
-¡Aun no sabéis lo que puedo hacer, os puedo hacer daño! No quiero
haceros daño…-acabo susurrando. ¡No lo entienden! Solo quiero ayudar. Ayudar a
salvar al mundo de mí…
-Ya has oído al señor Tanner, vete a tu habitación.-me riñe Roy.
-¡Yo no me voy de aquí hasta que hagáis algo conmigo!-chillo.
Oigo a Cameron hablar por un interfono.
-Chicos, venid a llevaros a Juliette, por favor.-no sé con quién
habla, pero no tardarán en venir.
-¡Le he oído, señor Tanner! ¡No me mande a sus agentes para que me
lleven a mi habitación!-le grito-. ¡Soy peligrosa, y lo sabe!
-Claro que lo sé –parece mentira con la calma que habla-. Por
cierto, no son mis agentes. Son tus amigos.
En la sala entran Will y George, sin preguntar, me agarran por los
brazos y me arrastran al ascensor. Lo bueno, es que consigo oír una cosa antes
de irme.
-Ahora daremos un aviso a todas las oficinas empezando por la
nuestra.-les anuncia el señor Tanner
Cameron, no sabes con quién te estás metiendo.
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